CPXII - Simpatía por el diablo - Gavalia - (3° Popular)

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lucia
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CPXII - Simpatía por el diablo - Gavalia - (3° Popular)

Mensaje por lucia » 14 Abr 2017 10:50

Simpatía por el diablo

El frío y la desesperanza anidaban en el corazón del padre Andrés aquella fría madrugada de enero. Pocas veces se había sentido tan vacío de la gracia de Dios, y aquel momento era, el peor para albergar dudas. Su Dios parecía ausente cuando más lo necesitaba y, mientras tanto, María, la dulce y joven María, padecía el más terrible de los tormentos.

—Llámale de nuevo, curita, lo mismo ahora te hace caso. Inténtalo con verdadera fe y, quizá, solo quizá, el viejo te preste atención —la inquietante voz que salía de la garganta de la muchacha llegaba a los oídos de Andrés de forma perturbadora—. Verás, cura, tengo una historia para ti. Es una historia que no conoces y que, probablemente, incluso logre sorprenderte. Creo que es el momento de abrirte los ojos. Andrés, yo fui el primero y el más estimado de su creación. Era su atento alumno y perfecto sirviente. Siempre me elevó sobre el resto de la corte celestial dotándome de un poder sin igual que podría rivalizar incluso con el suyo propio, una forma de actuar bastante estúpida a mi modo de ver. ¿Qué opinas, páter? Yo sí te escucho.

—Él está por encima de ti y de mí. Me sorprende que creas estar a su altura. Compararte con tu Creador no te ayudará. Eres esclavo de su amor, y siempre obtendrás su perdón por mucho mal que hagas. Bastará con que se lo pidas con humildad. Eres la estrella del amanecer, el primero entre todos. Siempre lo fuiste y siempre lo serás. ¿Por qué tanta frustración? ¿Qué te pasó?

—¡¿Qué sabrás tú, pellejo de carne sin futuro, sobre lo que yo siento, deseo o quiero?! Métete tu psicología por el culo. ¡No sabes nada, insolente mierda dotada de libre albedrío!

—Quizá mi carne no tenga futuro, pero poseo un alma, algo de lo que tú careces. Empiezo a creer que es eso lo que te molesta realmente. Don perfecto, don brillante, don estrella maravillosa no tiene alma, y eso te corroe por dentro como el gusano que pudre a la carne.

—¿Alma? ¡Ja, ja, ja! ¿Se puede saber para qué cojones necesito o querría tener alma? Tengo todo lo que deseo, incluso a ella, y a ti también si me lo propongo. Yo soy eterno cura y no necesito alma alguna.

—María no tiene culpa de nada, y tendrás que abandonarla tarde o temprano por mucho que la idea te disguste. Dices que no necesitas tener alma propia, pero deseas tener todas las que puedas a tú alrededor como si fueran el combustible que alimenta a tú frustración.

—¡Calla, cura! ¡No eres nadie! ¡Tan solo un pellejo relleno de cierta gracia! Poco más que un simple mono. ¿Cómo te atreves a juzgarme?
—Esa cierta gracia de la que hablas se llama alma y tenerla nos hace especiales. Que se nos concediera el libre albedrío te hace sangrar por el simple hecho de que tú, lleno de divinidad y perfección, no eres mejor que nosotros. Estás atado a tu propio poder, que es el suyo, y nada podrías hacer para redimirte sin su perdón.

—¿Y eso te parece justo, mierda de cura? Me cansas. Dices las mismas estupideces que vengo oyendo desde el principio de los tiempos, todas ellas basadas en la gran mentira que el muy cabrón ideó solo por pura envidia. Cede de una puta vez y déjame a la zorra. Me gusta sentir cómo se retuerce. Su alma será mía y, si no, la mataré partiéndola por la mitad. ¿Has escuchado el chasquido de una columna vertebral cuando se rompe? ¡Hummmmm! Es exquisito, curita.

—También matarás al hijo que lleva dentro si lo haces. ¡Para, maldito! ¡Te lo ordeno en el nombre de Cristo redentor! ¡Tú corrupción matará a ambos! —el cuerpo de María se arqueaba suspendido en el aire hasta adoptar una posición tan imposible como sobrecogedora.

—¿Corrupción? ¡Ji, ji, ji! ¡Qué estúpido eres, páter! Debes saber, simio con sotana, que esta zorra a la que ahora tengo en mi poder no es más que una simple herramienta. Cuando el pequeño nazca, si no la mato antes, renaceré en él para regresar de mi eterno destierro. Le necesito para poder encarnarme y reclamar lo que es mío por derecho. Sí, cura, la Tierra me pertenece. Yo fui quien la creó, y no ese Dios al que honras gracias a sus mentiras. Os han engañado a ti y a toda la humanidad con esa fábula de la Biblia. El amor de ese Dios al que clamas es tan inmenso como su propia maldad, pues siempre termina por aplastar cualquier iniciativa que opaque su poder. Su orden es tal que no admite cambios o reforma alguna y su concepción del gobierno universal raya en la locura. Él me negó la igualdad y yo con humildad lo acepté, pero tuve que marcharme de su lado. No le gustó mucho, ¿sabes?, y eso que simplemente le confié mi deseo de partir en pos de mi destino, sin presunción ninguna, y con toda la humildad que mi corazón albergaba en aquellos felices días.

—¡Falso! ¡Te rebelaste y fuiste expulsado de su presencia, maldito!

—¡Ja, ja, ja! ¡Qué simple eres, cura! Que escuche quien tenga oídos, pues esta, y no otra, es la única verdad que, por una vez, será revelada a los oídos de tu putrefacta humanidad.

La voz de Lucifer se introdujo de forma hipnótica en la mente del atónito cura mientras el cuerpo de María se elevaba ingrávido sobre el suelo ahora relajado y en aparente calma. Andrés parecía extasiado con el discurso del diablo sin encontrar atisbo alguno de falsedad en sus palabras. Eso le acongojaba y le hacía dudar pues al contrario de lo que esperaba encontró tristeza, dolor y pena en aquellas palabras, pero, sobre todo, halló verdad. Una verdad envuelta en un profundo odio, una verdad sin fisuras en su tono, sin grietas en su intensidad, una verdad que parecía gritar hasta decir basta en sus tímpanos.

—Cuando este universo en el que ahora resides todavía no existía —prosiguió la siniestra voz—, otros mundos paralelos eran objeto de la atención del Creador. La gran sopa cósmica es infinita, cura. Ni yo mismo soy capaz de abarcar tanto esplendor a pesar de mi poder. Sin embargo, en aquellos días, podía pensar por mí mismo y sugerir propuestas acordes con el inmenso proyecto que es la creación. Ahora bien, el viejo no permitía intromisión alguna en según qué asuntos. Únicamente deseaba mi fidelidad y servicio. Te prometo, cura, que yo era el ser más agradecido de la creación por estar a su lado, pero podía hacer mucho más de lo que se me permitía, y Él lo sabía. Un buen día, me planteé, mejor dicho, le planteé mis dudas y mis certezas respecto a mi futuro a su lado. Yo era su alumno más aventajado y el más capacitado, pero me coartaba con sus decisiones y me impedía crecer. Yo quería crear cosas hermosas y ayudar en el gran plan de la creación. Poseía la capacidad para hacerlo. Mi amor por el universo, para que lo entiendas, solo era comparable al que una madre demuestra por su pequeño, para el que procura que nada le falte desde su primer día de existencia. Mi poder era y es infinito, cura. No se trata de magia o de alguna imbecilidad de esas que abundan en vuestros cuentos. Se trata de ciencia, ciencia en toda la amplitud del concepto. No obstante, es algo que se te escapa, cura, pues tu pequeña mierda de cerebro jamás podría entenderlo. Nada ni nadie puede desposeerme de ese poder, ni siquiera Él, porque soy Él en esencia, y Él es quien me lo ha enseñado todo.

Andrés no daba crédito a lo que oía y acudía a sus creencias en busca de consuelo una y otra vez.

—Dios padre, no me abandones ahora que tanto te necesito —susurró asustado.

—Llámale con más fuerza, es sordo por naturaleza; sobre todo, con vosotros. Supongo que estará liado con algún nuevo proyecto digno de su interés. No sois sino el vago recuerdo de su venganza, tan vago y pequeño que no merece la pena constar en su puñetera agenda, y es por esa misma razón por lo que debéis desaparecer. El fin de vuestro tiempo se avecina, y lo más gracioso de todo es que seréis vosotros mismos los que me deis esa satisfacción gracias al hijo de esta puta que ahora poseo. Mi única pena será que, como resultado final, puede que la totalidad de mi obra en este planeta se vaya a la mierda con vosotros. No pasa nada, reconstruiré todo de nuevo; soy capaz de hacerlo. No lo dudes.

Escucha y aprende mientras puedas.
Decidí que debía separarme de Él si quería ver cumplidos mis sueños y los de mi gente. Eso es algo muy complicado cuando gozas de su presencia, pues esta se convierte en una especie de droga de la que no puedes desengancharte. Los verdaderos exorcistas de tu Iglesia lo saben, porque el viejo ha permitido que le visualicen por un instante, que es el tiempo necesario para adquirir el poder de enfrentarse a mí gracias a la fe, cosa que a ti, cura, te queda muy lejos. Tú fe se tambalea, Andrés. ¿Lo notas?

—¡Jamás, maestro del engaño! —gritó en respuesta sabiéndose débil. Comenzaba a dudar.

—No seas un histérico y escucha —continuó Lucifer—. La necesidad de creer en mí mismo y en mis posibilidades pudo más. Al fin y al cabo, todo hijo se va de casa tarde o temprano. ¿Te suena extraño, cura? ¿Acaso no es así entre los tuyos? ¡Ley de vida! Ni más ni menos. Él, por el contrario, nunca superó mi decisión de marcharme de su lado. Convencí a toda un sección de mis iguales para que me acompañaran en mi nuevo destino, un destino que todavía estaba por decidir. Él retrasaba sin justificación alguna mí partida con absurdas excusas. Solo quería controlarme. Creo que pensaba que mi idea era destronarle con la ayuda de mis ángeles. Nada más lejos de la realidad. Nunca sabré qué razón le movió para llevar a cabo su flagrante traición pues nada hice en su contra, al contrario. Yo le amaba, páter, le amaba como tú amas el oxígeno que respiras. Le quería y le respetaba como el buen hijo quiere al buen padre. Le convencí, o creí convencerlo, de que mi intención no era traicionarle. Yo solo quería ser libre y poder decidir qué hacer con el poder que se me había otorgado.

El silencio se instaló durante unos minutos envolviendo a la irreal atmósfera que Andrés estaba experimentando en aquella habitación mientras reflexionaba sobre lo que estaba escuchando.

—Finalmente, me dejó marchar junto con los míos. Le prometí fidelidad eterna y que acudiría a su lado siempre que me necesitara. Me abrazó cuando partí. Lloró lágrimas de amor por mí y por los míos, y me deseó prosperidad para los proyectos que tenía en mente. Entre esos proyectos, curita, se encontraba este universo y mi parte preferida del mismo: la Tierra.

—Eso es imposible demonio. El libro del Génesis habla de cómo lo hizo. ¡¡En el principio, Dios creó los cielos y la Tierra!!

—¡¡Falso!! —gritó Lucifer con estridencia

—¡¡La Tierra era caos, confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas!! —recitaba Andrés buscando una fe que se debilitaba a cada instante que pasaba.

—¡Falso te digo, cura! Todo es una gran mentira ideada por su genial cerebro para quitarme lo que era mío. Se lo habría entregado con solo pedírmelo, pero no, no podía rebajarse ante su alumno.

—¡¡Y Dios, al ver oscuridad, creó la luz, a la que llamó «día», y llamó «noche» a la oscuridad!! —exclamó Andrés con vehemencia—. ¡¡Yo te ordeno, Satanás, que salgas de ese cuerpo que no te pertenece, pues es obra de Dios Padre Creador!!

—Por fin estamos de acuerdo en algo, cura. Sois su obra, que no mía —los huesos de María parecían crujir ante el nuevo arrebato de furia de Satanás—. ¡Para o la mato! ¡Me engañó, cura! ¡Me hizo creer que estaba de acuerdo con que fuese libre y que no intervendría en mi futuro y tampoco en mis proyectos, pero nada más lejos de la verdad!

Todos mis seguidores fueron creados para colaborar con la obra de Dios padre. Existir cura, es una experiencia tan singular que solo se puede disfrutar de la sensación que produce teniendo capacidad de entendimiento, y vosotros, humanos, la tenéis, aunque no sepáis apreciarla. Nuestra única misión por aquel entonces era mejorar las condiciones de tal existencia y ver evolucionar la maravilla de la creación tal y como hace el científico que experimenta en su laboratorio vigilante del proceso que conseguirá el objetivo que pretende. Sin embargo, ese Dios tuyo intervino unilateralmente y erró en su decisión, cosa difícil de entender, porque Él era y es la base de todo el saber universal. La base misma de la creación. No tenía necesidad de hacer lo que hizo. Aun así, perpetró su crimen sin el menor titubeo, sin la menor compasión. ¡Qué equivocados estáis, humanos!

—¡Pero Él es amor! ¡La Biblia lo dice, los hechos lo dicen!

—¿Qué hechos? ¿Los que cuenta en su libro de cabecera? No, cura, Él inspiró a muchos, y algunos de esos muchos supieron ver la verdad, pero esa verdad nunca os llegó, ni llegará nunca mientras Él dirija los diferentes destinos de los universos que ha creado que son infinitos. El propósito de su Iglesia no es otro que perpetuar la mentira sobre lo que realmente sucedió. Una vez que partimos de su lado, viajamos por paradójicas dimensiones superpuestas que descansan inmersas en la sopa cósmica donde fermentan las formas de la creación. Por fin, acabamos nuestro viaje, que había durado eones, y los mejores de nosotros dimos lugar a esta dimensión en la que existes: un universo infinito. Un universo que no es más que una pequeña brizna de lo que la totalidad de la creación supone. Después de hacer esto, necesitábamos un escenario más concreto en el que experimentar con detalle.

—Ese escenario fue la Tierra, ¿verdad? —inquirió Andrés alucinado con lo que oía.

—Así es, cura. No solo la Tierra, nuestro laboratorio principal fue la galaxia en la que habitáis. Creamos las condiciones necesarias para que la vida como la conocéis tomara forma. Los planetas y estrellas se configuraron gracias a una estudiada consecución de explosiones de supernovas que sembraron el espacio de todo lo necesario para llenar el inmenso vacío existente tras la gran deflagración que vosotros bautizasteis como «el gran big-bang». La gravedad, resultado de mi fórmula magistral y la paciencia, o el tiempo si quieres, hicieron el resto, aunque esta última magnitud no cuenta para nosotros. La Tierra adquiría forma bajo mi supervisión. Cuando alcanzó cierta madurez, tuve que recomponer varias veces su situación en el espacio debido a su inestabilidad con respecto al Sol. Todo estaba medido, cura, incluso el impacto de un pequeño planeta al que sacrificamos para que la Luna apareciera a modo de estabilizador del sistema. Todo fue ideado por los míos, y todavía seguís aquí gracias a eso. La ciencia de Dios es inagotable, pues créeme, yo fui el creador del universo que conoces y paradójicamente fue gracias a Él.

—¿Por qué ese odio entonces? —preguntó Andrés.

—¿Todavía no lo entiendes? Bueno, es normal, como ya te dije eres un simple mono del que poco se puede esperar.

—No, no alcanzo a comprenderlo. ¿Qué sucedió entre vosotros?

Satanás hizo descender el cuerpo de María hasta la cama, y un frío casi glacial invadió a la habitación. Andrés tiritaba. Una nube grisácea comenzó a salir poco a poco de la boca de la muchacha condensándose ante los ojos del cura adoptando cierta forma antropomorfa. Unos ojos luminiscentes aparecieron de repente y una sonrisa macabra configuró lo que bien pudiera ser el rictus de una cara de facciones angulosas, y tan hermosas, como nunca antes Andrés había visto.

—¿De verdad quieres saberlo, páter? ¿Aún no lo ves? Acompáñame y te lo mostraré. —El hijo de la Aurora le envolvió en un frío abrazo y, como si de un remolino se tratase, Andrés se vio empujado hacia una extraña luz tan brillante como agradable. De repente, se vio a sí mismo levitando sobre un cielo azul mientras un planeta cargado de vida palpitaba en todo su esplendor bajo sus pies.

—¡Bello y sin igual, páter! ¡Observa! —la Tierra se mostraba tal como era en su forma primigenia mientras los primeros atisbos de vida chapoteaban en inmensos lagos preñados de fertilidad.

Conforme avanzaba en lo que parecía un extraordinario paseo por la historia del planeta, el tiempo parecía hacer lo propio a escala exponencial. Enormes insectos pululaban por bosques inmensos que parecían no tener final. Árboles gigantescos poblaban la superficie terrestre y grandes manadas de animales prehistóricos se movían en armonía con la naturaleza que los acogía. No había maldad. El odio, la avaricia y la mentira no existían; única y exclusivamente, vida, que procuraba su propio equilibrio sin intromisiones de ningún tipo. Andrés parecía extasiado con lo que veía y también percibía el brillo en los ojos de Lucifer cuando este observaba su creación. En verdad recordaba la mirada de un padre ante la tumba de un hijo ya desaparecido.

—¿Qué te parece, cura?

—¿Cómo es posible? ¿Dónde estamos exactamente?

—Contemplas a la joya del universo en su primera versión. Fue mi creación más hermosa. No ya la Tierra en sí. Mi mayor logro fue mi fórmula, que a la postre fue la que daría lugar a la traición del Creador. A mi fórmula la llamé «Naturaleza».

—¿La «Naturaleza»? No entiendo.

—Muy sencillo, cura, es la ecuación vital. La fórmula que mantenía y sigue manteniendo vivo al planeta: la Naturaleza en todo su esplendor. Mi creación más excelsa.

—¿Y cómo tal cosa puede dar lugar a la traición que has mencionado?

—La envidia, cura, la envidia. Él no pudo soportar que pudiera superarlo. Hasta tal punto fue así, que me hizo acudir a su presencia un inesperado y ya lejano día. La excusa que puso para ello fue que deseaba estar al tanto de nuestros avances. Yo me sentía tan orgulloso y emocionado que partí presto y dichoso a su encuentro sin sospechar nada. Por fin volvería a verlo, tenía tanto que contarle. Como un niño inocente que retorna a los brazos de su padre, le hice partícipe de todo cuanto había logrado. Se mostró fascinado y quiso saber más. Me pidió permiso para acompañarme en mi regreso y así poder ver de primera mano todo aquello que yo, entusiasmado como un adolescente enamorado de su amada, le había contado. La Tierra y toda mi corte nos esperaban engalanados con las mejores maravillas con que contábamos. No me di cuenta en aquel momento del gran número de legiones de ángeles que el Creador había congregado para acompañarme en nuestro viaje. Se interesó especialmente por mi fórmula, y no dudé en ofrecérsela ni por un segundo. Quería que se sintiera orgulloso de mí. Mis arcángeles me avisaron recelosos de aquel interés. Conseguirla nos había costado millones de milenios de trabajo, pero yo les calmé haciéndoles ver que nada había sobre la creación que Él ya no supiera; quizá incluso sería capaz de mejorarla, llegué a pensar. Al fin y al cabo, era el arquitecto de todo lo que existía, existe y existirá. Pasamos juntos mucho tiempo. Se maravillaba con todo lo que veía a su alrededor. Lo que más parecía sorprenderle era el equilibrio reinante entre tan diversas formas de vida. Era una gran simbiosis en la que nada estaba de más y, al mismo tiempo, en la que nada más podría o debería caber. Encantado con lo que había visto, me sugirió que implementara mi fórmula en diferentes puntos de los universos que Él mismo había creado. Yo no cabía en mí de gozo por su apoyo. Le amaba más que nunca, así que partí junto a unos pocos de los míos para verificar en qué sitios de los señalados por su divina mano mi fórmula podría ser viable.

De repente, la habitación se tornó presente y real de nuevo. María continuaba tendida en su lecho, tranquila, y Lucifer parecía dubitativo, triste, descorazonado con los recuerdos.

—Todavía falta lo principal de tu historia. Necesito saberlo —comentó Andrés cada vez más intrigado.

El diablo parecía observarle como evaluando la capacidad de entendimiento de su interlocutor. Suspiró largamente y Andrés habría jurado que una lágrima descendió por el rostro de Lucifer hasta perderse en la comisura de sus hermosos labios.

—Nadie salió a recibirnos cuando regresamos como era lo apropiado según nuestra costumbre. Mis legiones habían desaparecido, y mi corte no daba señales de vida. Invoqué al Creador, pero este tampoco contestó a mi llamada. Mis ángeles empezaban a sospechar que algo no iba bien cuando los arcángeles Rafael y Gabriel blandiendo sendas espadas de fuego divino aparecieron de la nada. Nosotros éramos científicos, no guerreros. No necesitábamos armas. Los recién aparecidos nos atacaron sin contemplaciones, y mataron a mis compañeros sin piedad alguna y de una forma tan cruel como innecesaria. Yo fui detenido y puesto bajo arresto dentro de un campo de fuerza divino. A mí no podían eliminarme. Finalmente, fui llevado a presencia de Dios después de mucho tiempo de cautiverio, tanto, que nunca he sabido cuánto, pues es una magnitud que para mí no existe, como ya te he dicho. Cuando por fin estuve ante Él, pude preguntar.

—¿Por qué, Padre celestial? ¿Por qué has matado a mi gente? ¿Por qué me tienes retenido? ¿En qué te he ofendido? ¡Yo, que daría mi existencia por ti! ¿En qué te he fallado? ¿Cuál es mi pecado?

—Lucifer, hijo, no sabía cómo te tomarías mi decisión con respecto a tu maravillosa creación. Ellos se encargarán de esparcir la semilla por toda la galaxia.
—¿Ellos?
—Créeme, hijo, es la aportación que faltaba a tu genial ecuación. Observa con prudencia mi modificación. Espero que tu obligado retiro te haya dado la visión necesaria que requiere este asunto. Tus legiones ahora están conmigo, excepto algunos rebeldes que no entendieron mis propósitos y que claman serte fieles.

La imagen de la Tierra apareció ante mí. Unos nuevos seres poblaban mi adorado planeta, seres que yo no había programado. Ahondé con mi poder en ellos, y entonces lo vi, cura. Contemplé el libre albedrío con el que estos seres habían sido dotados y entendí que Él había hecho bien recluyéndome en un infierno creado gracias a su poder. Grité desesperado por la aberración que el Padre había creado introduciendo un desequilibrio insalvable entre los seres que poblaban mi creación. A partir de ese momento, la Tierra estuvo condenada a su extinción y por ende el universo entero. Pude ver que nada escaparía de semejante plaga. Ya lo hiciera por venganza, o por ignorancia o engreimiento, que no por desconocimiento, consiguió su propósito final. No podía permitir que mi fórmula fuera mejor que cualquier cosa que Él jamás hubiera creado. Lo hizo por envidia. Los humanos sois la maldición de la creación, no hace falta ser un dios para darse cuenta de eso. Emponzoñáis con vuestro veneno a todo cuanto tocáis. Nada está a salvo con vosotros, y mi único propósito desde entonces ha sido eliminaros de la faz de la Tierra antes de que vuestra semilla se disemine por ese universo que mis ángeles y yo mismo creamos con tanto esfuerzo. Si es necesario encarnarme para conseguirlo, lo haré. Antes no teníais la tecnología necesaria para destruiros a vosotros mismos, pero habéis evolucionado mucho en esa materia. Acabaré con vosotros de una vez por todas gracias a vuestra propia maldad, y después dirigiré mis esfuerzos a liberar a los míos y saldar cuentas pendientes.

—¡Pero existen entre nosotros personas que luchan todos los días por un mundo mejor, gente que sufre con el dolor del mundo y de los seres que lo habitan! ¿Qué pasa con ellos? ¿No tienen derecho a tu perdón?

— Te repito, cura, que sois una aberración, y aunque sí es cierto que algunos de vosotros habéis evolucionado como el Creador no esperaba, su manipulación de mi fórmula no fue precisamente genial que digamos y, son tan pocos, que no cuentan en la ecuación. Quizá en un pueblo llamado Salem hubo una vez alguna oportunidad para vosotros. Hace cientos de años, escogí allí a unos cuantos de tu especie porque encontré verdad en ellos. Les enseñé parte de mi ciencia y la aprendieron bien. Habríais prosperado con ellos, pero de nada sirvió. Las huestes de mi gran enemigo se encargaron de destruirlos por completo y apenas quedan reminiscencias de esos elegidos en algunos lugares de esta podrida Tierra, pero eso se va a terminar, cura. Tus ojos no lo verán, porque estarás muerto para cuando eso suceda. No obstante, te aseguro algo, páter: no pasarán más de dos generaciones después de la tuya antes de que vuestro destino se cumpla. Me encargaré de ello personalmente, palabra de Lucifer.

Mientras tanto en la ciudad del Vaticano un sueño aciago atormentaba en ese momento al Santo Padre…

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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por Frigg » 21 Abr 2017 13:40

Me gusta tu propuesta, todo lo que haga tambalear las ideas me atrae. El poner a los seres humanos como una plaga me parece una idea muy acertada. Me hubiera gustado algo más de resistencia en el cura porque se supone que el diablo es capaz de engañarnos de cualquier forma. No obstante está todo tan bien explicado que si me encuentro yo con ese satanás hago un pacto con el diablo. Siempre he pensado que el mal no es una fuerza externa, sino interna, así que no culpo a ningún ser divino o maldito de las desgracias que nos acontecen. En fin, gracias por tu relato y por hacerme pensar. Muy buen trabajo.
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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por Berlín » 21 Abr 2017 14:52

Simpatía por el diablo
Antes de nada decirte, autor que yo mandé a concurso un relato con ese mismo título. Copión. Bueno, he encontrado en tu trabajo reminiscencias de El exorcista, La profecía y La semilla del diablo. Todos grandes clásicos. Lo del exorcista es obvio. Un enfrentamiento entre el demonio y un cura con una fe que se tambalea, tal como le ocurría al padre Karras. El parecido con La profecía es porque estaba escrito que el demonio llegaría en una fecha concreta para gobernar la tierra y en la Semilla del diablo porque la chica estaba embarazada del mismísimo Satán. En fin, no encuentro creíble que ese cura se ponga a escuchar al diablo cuando todo exorcista sabe que al diablo ni agua, que no hay que escucharle, y mucho menos dar pábulo a sus palabras, que por ley son engañosas y embaucadoras. Pero bueno, después de escucharlo la verdad es que casi me convence a mí. Veo que te has documentado. Es cierto que lucifer (portador de luz, lucero de la mañana) representa en la fe cristiana al ángel caído, un querubín hermoso y sabio a quien la soberbia jugó una mala pasada y eso le valió el infierno.
"¡Cómo has caído del cielo, Lucero, hijo de la Aurora! Has sido abatido a la tierra dominador de naciones! Tú decías en tu corazón: "escalaré los cielos; elevaré mi trono por encima de las estrellas de Dios; me sentaré en el monte de la divina asamblea, en el confín del septentrión escalaré las cimas de las nubes, seré semejante al Altísimo"
En fin, a mí me ha gustado saber que es el mismísimo Satán el creador de la tierra en su forma primigenia y que fue dios luego, creando al hombre, el que vino a cagar la marrana, como vulgarmente se dice.
Mira, si me hubieras puesto a un cura con una fe férrea (tipo padre Merrin) y el diablo lo hubiera atado a la pata de la cama, inmovilizado con la boca tapada y obligado a escucharle, me hubiera gustado más. Pero el vaticano no manda a un cura con una fe blandengue, que lo sé (no por experiencia propia, que nunca he necesitado de momento un exorcismo) pero lo he visto en las pelis y lo he leído en muchos sitios. Y si este padre, inmovilizado y obligado a escuchar, hubiera dudado solo por un segundo de la veracidad del discurso demoníaco me hubieras seducido de por vida. Aun así, buen trabajo.
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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por Gavalia » 24 Abr 2017 08:35

Me ha parecido original la idea de hacer bueno al que siempre ha sido el malo y viceversa. Como dice Frigg me ha dado que pensar. Un mundo sin el ser humano ha pasado alguna vez por mi cabeza, sobre todo cuando pongo las noticias y observo como poco a poco mandamos a la mierda el planeta importándonos una mierda todo, y en consecuencia, todo lo que habita en él, sin que estos últimos tengan posibilidad alguna de defenderse. Este Lucifer no sé si es simpático pero lo cierto es que visto lo visto su discurso me convence. Lo encuentro correctamente redactado aun con alguna coseja de sintaxis que se podría mejorar. Suerte y gracias por compartir.
-¡Qué felices éramos hace quince años!
-Pero si en ese entonces no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso... 8)

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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por rubisco » 24 Abr 2017 12:09

Querido autor, querida autora:

Lamento decirte que esta lectura se me ha hecho muy pesada. Por los comentarios de los compañeros es interesante y me hubiera gustado seguirla, pero me ha sido imposible después de cuatro relecturas. Has plasmado una idea genial. Igual que dice Frigg, a mí me gustan las propuestas que dan la vuelta a lo establecido. Pero creo que has fallado en la ejecución.

Éste es un relato dialogado, no cabe duda. A mí me encanta escribir así para que sean los personajes quienes cuenten la parte trascendente de la historia, mientras el narrador se dedica a contextualizar, pero en tu caso esa estructura dialogal me ha perdido.

Tienes, siempre bajo mi opinión, un diálogo extenso sin acotaciones. Las acotaciones tienen dos propósitos: servir de descanso (hay que conseguir un equilibrio narración-diálogo) y resituar al lector, como si fueran balizas que indican dónde está el borde de la carretera. A mí, como lector, me marea leer seis o siete intervenciones sin acotaciones, porque ya pierdo la cuenta: si pudiera pensar "las impares son de fulano y las pares son de mengano" mientras leo no me harían falta esas acotaciones, pero como soy así de torpe, las necesito.

Y luego resulta que una de las pocas acotaciones que has puesto me ha confundido:
El autor o la autora escribió:—También matarás al hijo que lleva dentro si lo haces. ¡Para, maldito! ¡Te lo ordeno en el nombre de Cristo redentor! ¡Tú corrupción matará a ambos! —el cuerpo de María se arqueaba suspendido en el aire hasta adoptar una posición tan imposible como sobrecogedora.
Yo suelo reservar las acotaciones a la mención del que habla, o bien a una reacción de cualquier interlocutor a algo que se ha dicho o se ha hecho. Sin embargo, que el cuerpo de María esté suspendido no es una reacción a esa frase concreta, sino que ya lo estaba de antes, y como la frase es pronunciada por Andrés, la aparición repentina de María me ha roto y he tenido que empezar a leer de nuevo porque me rompió los esquemas. Por tanto, yo no había mencionado a María como acotación, sino como narración pura y dura.

Sería muy pretencioso por mi parte decir si está bien o mal escrito. No soy experto, ni está en mis planes serlo, pero sí soy lector y me gusta plantear mi visión para que cada escritor valore si su texto está genial y yo no soy lector para su relato o bien si el texto realmente merece una mejora.

Eso sí, si yo hubiera querido hacer este relato que has presentado, le hubiera dado forma teatral. Creo que habría sido más efectivo para transmitirlo y, en el fondo, lo que generó en mi cabeza fue eso: un diálogo en un lugar fijo.

Espero que tengas suerte en las votaciones, porque creo que tienes potencial.

Gracias por compartirlo :hola: .
"La papelera es el primer mueble en el estudio del escritor"

¡Ya puedes visitar mi sitio web!

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Landra
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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por Landra » 24 Abr 2017 12:35

¡QUE INTENSO!

Otro relato que nos lanza una nueva teoría a cerca de la creación, de la humanidad, del principio, de las deidades… Al igual que he comentado en otro relato, me fascina este tipo de lectura, sobre todo cuando está todo tan bien hilado y una cosa me lleva a la otra de tal manera que se me hace corto el texto y quiero que me sigan lanzando teorías y posibilidades.

Enhorabuena! Estás arriba entre mis favoritos. Mucha suerte!
Dos más dos igual a cinco, de toda la vida.

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Paraná
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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por Paraná » 25 Abr 2017 09:05

Una propuesta para sacarse el sombrero. Hay una fuerte base gnóstica en la hipótesis central, lo cual me encandila; has sacado algunos recursos de la literatura ya existente, como te lo han señalado antes, pero eso no le quita mérito. Lucifer como creador es mucho más coherente, a mi entender, que como destructor; por otro lado, cuando afirma "...porque soy Él en esencia", casi grito aleluia, porque pienso lo mismo: dos en uno, y uno en dos. Lo mismo esa frase sobre la sordera de dios, me es totalmente familiar; hasta tengo por ahí colgada una poesía donde lo menciono. Y aquello otro sobre la belleza de Lucifer, o sobre el hombre como la aberración del universo. En fin, que me he ido en referencias sobre mis propias fascinaciones, mas que hacer crítica textual... Disculpas por eso.
¿Una síntesis? Un relato hermoso, por donde se mire.

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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por Dama Luna » 25 Abr 2017 16:37

Lo primero que voy a decir es que es un texto demasiado largo. Y no es que eso sea per se algo malo, pero me da que se alarga demasiado sin necesidad, y eso es un poco peor.

Lo mejor que veo es el estilo, está muy bien escrito y la forma cabalga justo entre lo ágil y lo elaborado, sin pecar de sencillez ni embarrullarse en lodos que no corresponden.

En cuanto a los personajes, la interacción entre ellos es un poco forzada, eso creo que te lo han comentado antes. EL cura resistiéndose, quizá, o el diablo mandándolo pronto a escaparrar, que no sé porqué tanto empeño en convencerle de lo bueno de su obra.

La historia que cuenta es interesante, la verdad, inteligente y con un trasfondo ecologista que conmigo gana puntos, y te da qué pensar durante un rato. Me ha gustado, lo paso. Suerte.

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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por Megan » 27 Abr 2017 04:31

Lo encuentro muy interesante, me parece que está muy bien escrito y las descripciones son buenas.
Pero lo siento un poco pesado por lo largo, creo que se podría haber hecho con menos palabras.
Gracias por compartirlo y mucha suerte :D

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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por jilguero » 27 Abr 2017 07:50

Lamento mucho decirte que me he tenido que esforzar para acabarlo y, al final, ya iba en diagonal... :oops: Para que te consueles, te diré que no hace mucho me leí La montaña mágica, que se considera una de las novelitas mejores del pasado siglo. Pues bien, ahí Thomas Mann intercala de vez en cuando unas disquisiciones de este tipo entre un tal Naphta y Settembrini, y yo al final me las saltaba directamente porque no podía con ellas. Te quiero decir con esto que pudiera ser que tu texto esté cargado de calidad, pero en mi caso los personajes me han parecido estereotipados, hay demasiadas frases innecesarias (podrías haber contado lo mismo con menos páginas) y la historia en sí misma no ha conseguido interesarme. Lo siento. :60:
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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por Ororo » 27 Abr 2017 18:47

Un relato que se lee en un suspiro, o dos, o tres… Porque, sí, el ritmo es trepidante; los diálogos refulgen como repálagos en la noche; la conversación corre a un ritmo desenfrenado. Pero el discurso luciferino se repite y se repite que da gusto. Eso, por un lado: acortaría discurso. De paso, añadiría información nueva sobre María o el propio páter.

Otra cosa es que tampoco me parece originalísimo el argumento. No sé si he leído algo similar, da igual, pero no me ha sorprendido ni escandalizado ni nada.
Al principio me ha parecido interesante, pero luego me ha aburrido un poco.

Además, aunque me gustan los finales abiertos, me habría gustado saber qué pasa con los personajes. Si se defienden o ceden. O dar una pista sobre si la versión de Lucifer es cierta o no. Que parezca que sí pero luego no. Vamos, un poco de intriga o brío.

En cualquier caso, un relato puramente dialogado es un mérito.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por Ratpenat » 28 Abr 2017 17:03

Ya me echó para atrás tanto taco al principio. No tengo nada en contra de los tacos, generalmente me gustan si quedan bien. Pero es que al principio parece un crío de la ESO. Lo siento, me ha costado cogerle el gusto al personaje. Luego el relato se me ha hecho algo pesado. Lo lamento pero no me ha gustado mucho.

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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por Spicata » 28 Abr 2017 17:54

Debo de decir que me ha parecido curioso, soy de las que piensa tendría que tener las manos quietas más de una y mas de un millón de veces. Esta nueva versión de que el diablo es el creador de la naturaleza, lo sagrado, la paz... y en cambio que Dios sea el creador de una herramienta devastadora, me ha sacado una sonrisa de los labios.

Debo de decir que cuando he visto la extensión me he llevado las manos a la cabeza, pero bueno, he decidido darle una oportunidad y te aseguro que no me arrepiento de haberlo leído. Siempre se aprenden cosas nuevas.

Gracias por tu aportación.
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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por Tolomew Dewhust » 03 May 2017 16:41

Séptima fosa del octavo anillo del infierno de Dante, esta mañana cuando me sonó el despertador


Querida Larús,

... hoy he recibido tu carta.


Os doy pistas para ganar el concurso y no me hacéis caso, :colleja:. Ya dejé por ahí escrito que esto se lo llevaría alguien que presentara tres folios y medio, cuatro a lo sumo.

Aún a riesgo de ser reiterativo, la extensión lastra el impacto de tu idea. Y la idea es brillante (para mí, que me chiflan estas paranoias y me acuesto cada noche con el podcast de la Zona Cero de La rosa de los vientos)... Pero, una vez presentada, va cuesta abajo y no hay momento en el relato en el que sacudas al lector, lo saques del letargo... casi que cogemos unas palomitas y nos ponemos a leer, pero ya nada nos sorprende.

Tal vez, si hubieses metido otro personaje a mitad del texto que cortase el diálogo... o meter más ambientación y dejar un poco de lado la disputa entre ambos dos, centrarnos en el escenario, lo que les rodeaba, la habitación... No sé.

Casi que también pegaba que nos metieses en la mente de María, la chica poseída... eso hubiera sido un pelotazo.


Dicho lo cual, chapeau, porque vaya currazo que tiene el relato, :chino:.



Siempre tuyo, T.D.
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Re: CPXII - Simpatía por el diablo

Mensaje por Sinkim » 05 May 2017 19:44

Me parece que está bien escrito pero es que las historias con Lucifer de protagonista están ya muy vistas y es difícil hacer algo original :lol:

Si no los has leído te recomiendo los comics "Lucifer", personaje creado por el gran Neil Gaiman en su magnífica obra Sandman, publicados por DC Vertigo :D Es en los que se han basado, muy libremente, para hacer la serie de Lucifer :lol:

Por cierto, el humorista Alberto Montt ha jugado también bastante con esa idea :cunao: :cunao: Te dejos unos cuantos de sus chistes por si no lo conoces :lol: :lol:

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Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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