CT II - Infierno gris - Mario Cavara

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CT II - Infierno gris - Mario Cavara

Mensaje por lucia » 23 Oct 2017 17:19

INFIERNO GRIS

La noche había sido larga y colonizada por toda clase de extrañas pesadillas, de ahí que despertar me produjese sobre todo una nítida sensación de desahogo, el alivio asociado al término de las tribulaciones generadas en mi ánimo por esos aviesos habitantes del universo onírico que no dejaran de acosarme desde que horas atrás quedase profundamente dormido. Una blanda lasitud pugnaba pese a todo por arrastrarme otra vez a los páramos del sueño, lo que me obligó a esforzarme para, derrotando a la alianza de pereza y sopor, abrir los ojos al nuevo día.
Los párpados fueron separándose lentamente, con parsimonia, como ajadas cortinas que una mano trémula descorriese tras largo tiempo de oclusión, prestos mis ojos a recibir la luz que identificara un día más la realidad circundante, poblada esta de objetos ya de sobra conocidos, el viejo armario de palisandro, la cómoda con el vaso de agua a medio tomar de la víspera, el lampadario de plata, las sábanas de algodón blanco… Era una sensación de flacidez, de agradable molicie, el paso entre dos mundos conectados por un puente de duermevela.
La conocida realidad apareció, en efecto, ante mí, si bien, cosa extraña, no lo hizo con la nitidez esperada, sino deslucida bajo un barniz opaco, apagados los colores hasta desaparecer absorbidos por un gris mate que lo cubría todo con su uniforme tonalidad, como si un tropel de nubes negras se hubiera filtrado en la habitación a través de las ventanas mal ceñidas para luego desventrarse en un diluvio de cenizas que hubiese espolvoreado todas y cada una de las formas que componían el entorno. Convencido de que aquello sólo podía obedecer a un efecto óptico consecuencia de no haber abandonado del todo las profundidades del sueño, pestañeé varias veces con intención de emerger definitivamente a la superficie; pero no obtuve el resultado apetecido, todo lo seguía viendo de un homogéneo gris oscuro, como si una película cenicienta hubiese velado mis pupilas impidiéndome apreciar los colores. Aquello resultaba tan insólito como desagradable, no había lógica capaz de explicar semejante metamorfosis cromática, lo que me hizo padecer de pronto un aguijonazo de angustia que, clavado dentro de mi pecho, evaporó los últimos restos de modorra para compelerme a saltar de la cama.
Sin embargo, no conseguí incorporarme, ni siquiera fui capaz de desplazar mi organismo un solo palmo de distancia. Quise hacerlo, pero no pude. Noté que estaba paralizado y que sólo conseguía agitar a duras penas los párpados; a ese efímero pestañeo se limitaba de hecho mi entera capacidad de movimiento. El cuerpo de mi pareja, tibio y mórbido, estaba acurrucado junto al mío, percibía incluso su respiración plácida, pero yo no podía avanzar un solo dedo para tocarla. ¿Qué me estaba sucediendo? Presa de un espanto atroz, comprobé entonces que tampoco me era posible articular palabra alguna, como así pude constatar cuando en vano intenté llamarla por su nombre. Ni despegar los labios podía. Los sonidos quedaban obstruidos dentro de mi garganta, como si una pared los taponase impidiendo su salida, y a cada intento desesperado lo único que conseguía era que dentro de mi paladar se formase una bola pastosa, hecha de saliva y miedo, que me costaba horrores deglutir. Gritar quedaba, por tanto, descartado. No podía en realidad hacer nada, estaba completamente impedido dentro de aquel cuadro irreal envuelto en gris.
Además de pánico, empecé a experimentar de pronto una dramática sensación de aislamiento, como si yo ya no formase parte del mundo y todo cuanto me rodeara fuese ajeno a mí, parte de otra dimensión a la que, por razones que escapaban a mi entendimiento, yo había dejado de pertenecer; aquella cama que me sostenía, el dormitorio entero, mi propia compañera de tálamo, todo se me antojaba remoto, totalmente fuera de mi alcance, entes de otro mundo al que se me había vedado el acceso. Ni siquiera parecía en realidad pertenecerme mi propio cuerpo, al que estaba empezando también a percibir como algo extraño, un componente más de aquel cuadro surrealista, pero que ya no era en realidad yo, o a lo sumo era otro yo distinto, un yo con el que había dejado de mantener contacto físico. Me veía allí, tumbado en el lecho junto a mi pareja, pero quien observaba, o más bien el observado, era otro, un extraño, una anatomía ausente e inerte sobre la que carecía de cualquier capacidad volitiva. Todo aquello resultaba tan inverosímil que el pensamiento giraba enloquecido dentro de mi cabeza, sin poder concretar ningún punto de referencia al que aferrarse para no perder la cordura.
Aquel escenario se me antojaba una prolongación de las pesadillas que me habían asaltado a lo largo de toda la noche, sólo que ahora estaba despierto y lo que me sucedía era, por tanto, real. ¿O no lo era? ¿Podía darse el caso de que siguiera durmiendo? Quería creer en esa posibilidad y habría deseado poder pellizcarme para comprobarlo, pero esto último estaba fuera de mi alcance, habida cuenta el marasmo que me impedía mover un solo músculo de mi organismo. En todo caso, a pesar de agarrarme a aquella contingencia, lo cierto era que percibía mi estado de consciencia a través de mi propia respiración y del engranaje de mis pensamientos, los cuales, aun pese a la enloquecida situación que estaba viviendo, se enlazaban con coherencia los unos con los otros, nada que ver con el descabellado gatuperio que suele nutrir a los sueños. Así que no debía engañarme con falsas esperanzas, puesto que, aunque enteramente absurdo e irracional, aquello era real y por alguna razón ineluctable me estaba sucediendo. Aun así, cerré los ojos, con la ingenua esperanza de que si los mantenía sellados durante algunos minutos todo volviera después a la normalidad. Nulo intento: cuando los volví a abrir, el panorama no había variado en absoluto y todo continuaba, para mi desgracia, igual.
Mi desamparo era brutal, tanto que, de haber podido verterlas, sin duda se habría materializado en un mar de lágrimas huérfanas con el que a buen seguro hubiese anegado la almohada. Pero lo cierto era que ni llorar siquiera me permitía mi nuevo estado de absoluta postración; las lágrimas permanecían de este modo retenidas dentro de los globos oculares, a mayor profundidad en realidad, mucho más profundo, invisibles fetos confinados dentro de una invisible placenta, salobres embriones destinados a morir antes de haber tenido la posibilidad de derramarse al mundo.
Mi compañera seguía durmiendo a mi lado, tranquila, sin inmutarse. Me pregunté si ella al despertar sufriría una metamorfosis sensorial semejante, si habría perdido, como yo, la capacidad de disposición sobre su propio cuerpo y si observaría lo mismo que yo estaba observando, aquel microcosmos de sombras grises donde todas las cosas, ventanas, paredes, lecho, aparecían oscurecidos por aquella densa capa de ceniza, o si, por el contrario, despertaría como siempre, con plena libertad de movimientos y en la dimensión donde los colores y las formas continuaban con su natural prestancia… No pude en cualquier caso continuar especulando sobre estas y otras eventualidades, pues ante mis atónitos ojos comenzó de repente a emerger un nuevo perfil, al principio amorfo, una especie de masa oscura que giraba en espiral mientras extendía ramificaciones de sí misma en todas direcciones, una sombra en movimiento que despuntaba sobre todas las demás sombras, más densa, más fosca, más tenebrosa, hasta concluir, luego de esta dinámica génesis, conformando una imagen tan inverosímil que su sola contemplación me heló la sangre: se trataba de un ente de aspecto antropomórfico, una mancha tupida en la que podía distinguirse una cabeza, un tronco, dos brazos y dos piernas, más o menos el bosquejo de un hombre, pero todo compactado en una lúgubre uniformidad, sin facciones definidas, un espectro hecho de humo negro.
La angustia se me hizo insoportable, nunca antes en toda mi vida había experimentado semejante desasosiego, y el hecho de no poder moverme ni emitir grito alguno la acentuaba todavía muchísimo más; pensaba que los nervios me iban a estallar de un momento a otro, hechos añicos por la insoportable tensión a que estaban siendo sometidos. La sensación de horror era asimismo insufrible, un horror que, fundado en lo sobrenatural, anegaba mis venas con su gélida esencia y me impedía cualquier tipo de razonamiento lógico. Quería cerrar los ojos, pero una fuerza, tan extraordinaria como la propia visión que se cernía sobre ellos, me violentaba a mantenerlos abiertos.
Fue por ello que pude ver cómo del disforme brazo de aquel espantajo surgía algo así como una nueva extremidad, una extensión anómala que segundos después mis alucinados ojos identificaban como un cuchillo… En efecto, la silueta negra sostenía en sus fuliginosas manos una especie de daga que blandía amenazante, aunque tampoco podía decirse que en sentido estricto fuera tal, ya que no había ninguna solidez aparente en dicha arma, sino que estaba trenzada con idéntico material oscuro al resto de la espantosa sombra, como una buida prolongación de sí misma. Toda la figura venía en definitiva a conformar una indivisa armazón, el cuchillo, las manos, el tronco, sin ningún género de distinción estructural entre los diversos tramos, una impenetrable mancha de hollín negro, una mancha con forma humana que avanzaba lentamente hacia mí.
Apenas se encontraba ya a un par de metros de la cama, cuando el espectro detuvo la marcha. Pude comprobar entonces que, a modo de ojos, en lo que se suponía era su rostro descollaban dos puntos de un negro más resplandeciente que el resto, como dos lóbregos focos, y que asimismo una hendidura profunda y bruna, semejante a una cuchillada, se extendía en el espacio que geométricamente debía corresponder a la boca, una boca imprecisa, sin labios ni dientes que la perfilaran. Precisamente en ese mismo momento la hendidura empezó a dilatarse en una curva cerrada que adquirió forma de elipse, un agujero ovalado del que acto seguido surgió un sonido agudo, como un silbido, que poco a poco fue ganando en volumen hasta convertirse en un puñal sonoro cuyo penetrante filo perforó mis tímpanos. Aquel grito atiplado era insoportable, un aullido grotesco que se me colaba hasta el núcleo mismo del alma para destrozármela. Sentí que me derretía de miedo. No podía entender que mi compañera siguiese durmiendo tan tranquila, ajena por completo a esa salvaje cacofonía que a mí me laceraba hasta más allá de lo tolerable. Su imperturbabilidad parecía confirmar la hipótesis de que ambos habíamos pasado definitivamente a estar en dimensiones separadas y que ella era ahora sólo para mí una visión del pasado anclada en mis retinas, más espectro si cabe que el que chillaba frente a mí. No me resultaba factible otra explicación.
Mi grado de desesperación llegó hasta tal punto que lo único que ya deseaba era morir, afán que me llevaba a ansiar que aquel ente demoníaco terminase cuanto antes con mi vida -a esas alturas no concebía que pudiera ser otro su propósito- y me otorgase así la libertad de la muerte. Eso siempre y cuando yo no estuviera en realidad ya muerto y aquello fuese precisamente el infierno al que algún dios cruel me hubiese condenado, posibilidad que resultaba todavía más aterradora, dado que implicaría una eternidad de locura y terror sin tregua…. Pero no, no estaba muerto, no podía estarlo, la respiración delataba la existencia de vida dentro de mí, así como los latidos de mi corazón, acelerados como un bólido de carreras.
En todo caso, el espectro, ajeno a mis deseos, se mantuvo inmóvil, como si por el momento hubiera desistido de proseguir su avance hacia mí; cesó incluso de gritar; sólo me observaba fijamente desde sus implacables ojos sin fondo, unos ojos a los que asomarse provocaba un vértigo inconmensurable.
Inútil calcular la duración de este severo escrutinio a que fui sometido, quizá sólo fueran segundos, o tal vez siglos, el tiempo había dejado en cualquier caso de cobrar sentido y resultaba ya de todo punto imposible medirlo en términos de reloj. Sólo sé que aquel demonio de humo terminó por darse la vuelta y alejarse de nuevo hasta su punto de partida, donde permaneció otra vez anclado, fija su silueta en mi campo de visión. La terrible ansiedad que su presencia me provocaba seguía, no obstante, inalterable, en su punto máximo, así como mi deseo de morir y liberarme de una vez por todas de aquel psíquico suplicio.
El espectro tornó luego otra vez a acercarse, de nuevo con exasperante lentitud, aunque con ligeras variaciones en sus movimientos, como podía ser el hecho de ponerse de vez en cuando a girar sobre sí mismo, lo que le llevaba a perder momentáneamente su forma humana para convertirse en una especie de tornado, o a crecer y menguar de tamaño sin sujeción a criterio alguno, como una demente goma elástica. A intervalos más o menos regulares reanudaba la emisión de sus penetrantes gritos, ese agudo bramido que me desgarraba el alma y que, de haber tenido la más mínima capacidad de movimiento, habría provocado que todo mi ser temblara de terror. Luego callaba y volvía otra vez a mirarme, fijando sus ojos vacíos a escasos metros de los míos, al tiempo que ante ellos blandía de nuevo la amenazante daga, aunque sin decidirse en ningún momento a hendirla en mi corazón, que era lo que yo suplicaba en mi forzado silencio. Después volvía a alejarse. Aquello se había convertido en un bucle que se repetía de forma continua, constituyendo cada ciclo una eternidad y a la vez un suspiro, no en vano la angustia y el terror estiraban el tiempo hasta hacerlo infinito, mientras que la expectación derivada de la incertidumbre actuaba en sentido contrario, contrayéndolo hasta lo infinitesimal.
Quise aislarme ordenando a mi cerebro que pensara en cualquier otra cosa, incluso traté de revivir mentalmente la película entera de mi vida, en un desesperado intento de agarrarme a los buenos recuerdos y conseguir con ellos escapar de aquella locura; pero también este intento devino inútil, pues me era de todo punto imposible atender a nada que no fuese la presencia de aquella silueta oscura moviéndose en torno mío, lo que de algún modo también llevaba a que poco a poco los recuerdos de lo que fuera mi vida anterior fuesen desapareciendo, perdiéndose paulatinamente las imágenes del pasado en las penumbras del olvido.
Pienso que es imposible soportar eternamente este castigo, de modo que mi particular infierno gris tiene forzosamente que finalizar de una forma u otra…. Pero de momento aquí sigo, inmóvil, asustado, sin saber dónde estoy ni en qué me he convertido, clamando ardorosamente porque algo o alguien termine de una vez por todas con mi sufrimiento…

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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por Gisso » 29 Oct 2017 22:27

No es que haya leído muchos relatos, pero indudablemente este tiene una gran calidad en la forma de narrar, pero que, en mi caso, se me ha hecho un poco pesado y puede que al final juegue en su contra. Pienso que se centra buscando más esa calidad que en buscar el miedo.

En cuanto a la historia, reconozco que no ha estado nada mal, sobre todo para los que hemos sufrido una "parálisis de sueño", síntomas parecidos a los que sufre el protagonista. Es más, en mi caso he llegado a ver hasta sombras que alargaban su mano hacia mí sin poder hacer nada o como "arañas" que recorren las paredes... así que en mi caso, más que darme miedo el relato, lo que me ha dado ha sido el recuerdo de mis propias vivencias, aunque en este caso no solo duran unos segundos, sino que parece que se puede alargar. ¿Vivir una eternidad en ese estado? Pues no lo veo, ya que tanto el protagonista y su acompañante parecen respirar, ¿no? Así que con el paso del tiempo, aunque sea lentamente no veo que pueda ocurrir. ¿Es la visita de la muerte que juega con el último soplo de vida del protagonista? No sé, autor/a, espero que lo aclares; o no...

PD: ¿Cómo es posible que nadie se hubiese andentrado en este relato todavía?

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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por Edgardo Benitez » 29 Oct 2017 23:22

Un saludo cordial.
Esta idea tuya me parece un esparcida por el texto. No creo que lleve a clasificarse como un texto de terror. El mundo de los sueños o pesadillas no llevan a nada. Es un mundo tan viciado que no inspira temor alguno enfrentarlo. En fin, ya veré como te clasifico en puntos.

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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por Isma » 30 Oct 2017 14:51

Lo primero que me llama la atención es la muy alta precisión de la narración. No solo es que se use un vocabulario rico, es que además es exacto. Tengo la impresión de que el autor elige cada palabra cuidadosamente, como sacada de la cajita del diccionario. Eso es enriquecedor para el lector, una herramienta poderosa para el escritor.

Guste más o guste menos, lo que tengo claro es que este relato está dedicado al terror. El miedo a quedar encerrado dentro de uno mismo es visceral. Tanto da si es en un ataúd bajo tierra o esperando a que venga el médico.


Enlace


El ritmo es pausado, deleitándose en la descripción del calvario que sufre el protagonista. No sé si este tipo de narración es adecuada para este formato, porque los lectores nos acostumbramos a buscar en el relato corto un jugo concentrado e intenso. Casi la mitad transcurre para contarnos, básicamente, que el personaje se ha despertado pero no se puede mover, aunque su pareja sí, y que lo ve todo gris. La otra mitad se centra en la extraña figura que le atormenta, nube gris e informe de extrañas costumbres. Es curioso y entretenido. No me parece en exceso original, pero me ha gustado la forma de contarlo, sobre todo a medida que avanzaba, quizás en contraste con el resto de relatos. Y angustia sí que me ha transmitido.

¡Mucha suerte!

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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por konchyp » 31 Oct 2017 09:56

Hola aut@r :hola:

Es todo un deleite leer tu prosa, esa facilidad de enlazar las palabras más adecuadas de una forma tan elegante, lo haces parecer sencillo y no lo es. Tienes un léxico excelente y una capacidad envidiable para jugar con él.

Creo que tu relato es uno de esos que solo se lee una vez. He hecho la relectura con algo de esfuerzo por el simple hecho de que no ocurre mucho. Es una descripción constante de los sentidos del protagonista, lo que siente y lo que percibe y no hay mucho más. Trama sencilla y simple dentro de una prosa excelente. Una vez que sabes lo que está ocurriendo, no hay nada más que el fuero interno del prota.

He echado en falta bastantes cosas, pero la principal ha sido el contexto: el planteamiento del por qué de su situación, las diferentes suposiciones de su estado, qué ha hecho en el pasado para recibir tal castigo? Qué es lo último que recuerda previo a quedarse dormido la víspera anterior? Tiene remordimientos por algo?
No hay nada más que la escena de la habitación, la sombra, y sus sentidos. De alguna manera el relato logra sentir agobio pero también impaciencia. Hay muchas redundancias, se le da la vuelta a la misma cosa en varias frases interminablemente largas y bien elaborados, pero que a mi entender sobran.
Me ha gustado el trabajo realizado, por la prosa y ese esfuerzo por transmitir esas emociones vividas in situ y esa sensación de desasosiego.

Resumiendo, me ha gustado pero también me ha faltado más chicha.

Gracias por compartirlo. Voy a madurar tu relato y ver si consigo salir de este infierro gris en el que me has sumergido. :D

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Gavalia
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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por Gavalia » 02 Nov 2017 14:05

Jamás me han contado tan poco con tantas y rebuscadas palabras. Reconozco el super trabajo que ha llevado construir semejante relato, pero hasta ahí. He tenido la necesidad de dejarlo de leer en más de una, y en más de dos ocasiones, por no saber que estaba leyendo. Admiro la capacidad de abstracción demostrada a la hora de confeccionarlo, y claro está, el uso por exceso de vocablos tan poco frecuentes en mi vocabulario y en mi forma de expresarme, tanto, que me ha aburrido hasta cotas inverosímiles. No entiendo lo que me cuenta y me sobrepasa como lo cuenta, a pesar de ello no le quito ni una coma de calidad en cuanto a redacción, pero creo que además debe gustar y no me gusta, entre otras cosas, porque es una historia donde no pasa nada, y cuando digo nada, casi que miento, por no encontrar mejor definición. No puntúo este trabajo porque aunque no me ha gustado un pelo como historia de terror me sobrepasa en otros aspectos y debo digerirlo un poco más. Suerte y un saludo.
-¡Qué felices éramos hace quince años!
-Pero si en ese entonces no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso... 8)

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Spicata
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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por Spicata » 03 Nov 2017 11:26

Querido autor/a:

Sencillamente sublime. No sé si estaré apuntando al aire o directa a la diana... sólo tú sabrás responderme. ¿Es tu relato una descripción magistral del síndrome de la "parálisis del sueño"? Porque todos los indicadores apuntan a ello. Y te lo digo, porque cuando llegué tarde para inscribirme en este concurso, una de las ideas que llevaba en mente era escribir sobre esto. Y... ¡menos mal que no llegué a inscribirme! porque hubiese quedado a la altura del betún al lado de una obra tan magistral como la tuya. Has utilizado una prosa perfectamente cuidada, milimétrica y que ahoga en cada palabra que avanzas. Sencillamente brutal. :eusa_clap:

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Suerte en el concurso :60:
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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por Paraná » 03 Nov 2017 22:34

¡Buen tema este! A pesar de que el narrador insiste en asegurar que no está dormido, quienes padecemos la angustiosa experiencia de la parálisis del sueño nos quedamos pensando que se trata de eso. No obstante, el terror está muy bien descripto y tiene un plus: el autor le da trascendencia al incorporar el ente infernal hecho de sombra. El efecto logrado es muy vívido y el final sin desenlace parece prolongar esa sensación opresora y sin esperanza. Otro punto a favor: ¡original y efectivo recurso el de la monocromía! Imaginar un mundo de sólo grises ya trae repeluz :|
Es indudable el oficio que est@ autor/a tiene con el idioma. Solo así se puede amasar oraciones de tan intrincada como correcta sintaxis, a la vez que lidiar con un vocabulario así de rico y rebuscado. Esas condiciones, que en sí mismas significan innegables virtudes, son precisamente quienes me han impedido disfrutar del primer tramo del relato. Está tan abarrotado que he perdido el hilo al tener que volver sobre mis pasos para comprender cabalmente lo que estaba leyendo. Hacia el segundo tercio, ya se me ha hecho más llevadera la lectura, ya fuera por haberme habituado al estilo, o ya porque el esfuerzo retórico se descomprime, se nota menos, y la prosa adquiere mayor fluidez. En mi opinión, no siempre más es mejor.
Una nadería: el nexo "como si..." está utilizado en exceso.
¡Mucha suerte, autor/a!

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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por rubisco » 03 Nov 2017 23:51

Querido autor, querida autora:

Tu relato es el que más sensaciones contrarias me ha dejado hasta el momento.

Por una parte adivino la mejor y más original aproximación al terror, con una forma de hacer que el lector se identifique con el protagonista manipulando un miedo psicológico más que físico.

Por otra, la redacción es demasiado densa. He acabado por leer de forma diagonal y, sin embargo, he entendido perfectamente de qué va, lo que me hace pensar que, en efecto, sobran palabras; muchas palabras.

Puede ser, sin dudarlo, un estilo literario, pero la verdad es que no me va. En algún pasaje le puede venir bien, pero seis páginas con la misma narración me resulta muy difícil de seguir.

Espero que sepas perdonármelo :cry: .

¡Mucha suerte y gracias por compartirlo :60: !
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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por Iliria » 04 Nov 2017 01:02

Interesante el tema de la parálisis del sueño. Sin duda haces gala de un vocabulario muy amplio y que tratas con esmero. Pero lo encuentro demasiado denso y creo que esa densidad le resta efecto.
Sin embargo, si que consigues que el relato tenga un cierto movimiento circular; la sensación de que el protagonista gira y gira en torno a lo mismo y así lo he percibido como lectora.
Suerte y gracias por participar :hola:
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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por Megan » 04 Nov 2017 02:03

Hola autor/a.

Me encantó tu relato.
Un léxico impecable y la narración exquisita.
El tema tiene todas las armas para generar terror.
Nada más, sólo que al momento de votar, vas a estar ahí.

Gracias por compartirlo y mucha suerte :D

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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por Sinkim » 04 Nov 2017 12:25

Una idea muy buena pero un lenguaje que me ha resultado demasiado recargado e impostado, lo siento, autor, no soy el lector apropiado para tu relato :D
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por Mister_Sogad » 07 Nov 2017 18:07

Antes de nada decir que tu relato me ha gustado pero me ha resultado algo largo, y eso viniendo de mí es raro. Tal vez te has recreado demasiado en lo que querías transmitir. Ahora bien, me gusta tu idea, porque se me ha hecho verosímil. A ver, mientras leía me ha venido a la mente la "parálisis del sueño", algo que creo causa bastante desasosiego a quien la padece; y de ese mal me ha venido a la mente una imagen, un cuadro (bueno, hay unos cuantos cuadros similares, versiones de lo mismo), que creo se llama "El íncubo" (no recuerdo el autor), en que se ve como un ser demoníaco está sentado sobre una mujer desmayada sobre una cama. De ese modo creo que tu relato me ha causado un acertado impacto visual y has logrado también acercarme a lo que podía sentir tu prota. Un acierto en ambos casos para, al menos, un lector como yo.

Te deseo suerte temerosamente. :60:
Imagen Pon un tigre en tu vida.

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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por Sinkim » 07 Nov 2017 18:37

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Johann Heinrich Füssli (La pesadilla, también conocido como El incubo) Clic para ver en grande :lol:
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CT II - Infierno gris

Mensaje por Topito » 09 Nov 2017 14:46

Isma escribió:Lo primero que me llama la atención es la muy alta precisión de la narración. No solo es que se use un vocabulario rico, es que además es exacto. Tengo la impresión de que el autor elige cada palabra cuidadosamente, como sacada de la cajita del diccionario. Eso es enriquecedor para el lector, una herramienta poderosa para el escritor.

!
O un sopor leerlo al mediodía. :cunao:
leyendo: Haruki Murakami
leyendo cuentos: Zuñiga, O´Connor, Fitzgerald, Chéjov, Matute

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