CN6 - Trinchera - Gavalia (3°)

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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kassiopea
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CN6 - Trinchera - Gavalia (3°)

Mensaje por kassiopea » 29 Dic 2017 22:17

Trinchera

Enero. Año1915.
Real Hospital de la Defensa.
Habitación 27. Ala este. Veteranos.


El estruendo de las piezas de gran calibre era ensordecedor, páter. El miedo corría aquella noche por mis venas tal que un caballo desbocado. El cielo destellaba una y otra vez como si el infierno se hubiera autoproclamado señor de la tierra. La artillería enemiga descargaba su rabia diezmando todo lo que a su paso encontraba. El pútrido hedor de la muerte era dueño y señor de la atmósfera.
―Fariñas, das miedo cuando te pones en plan dramático ¡Demontres! ¿No podrías ir al grano?
―¡Carallo! ¿Piensa su paternidad interrumpirme nada más comenzar? Mal vamos…
―Eso me pasa por preguntar a un gallego –murmuró a media voz el clérigo con gesto molesto–. Sigue hijo, sigue. “Nos”, escuchamos atentos.
―¡Alabado sea el señor! –exclamó con cierto retintín el veterano– Como decía, a pesar de aquel infierno y de la poca esperanza que me quedaba de salvar el pellejo, tuve el honor de ser testigo de la hazaña bélica más memorable que mis cansados ojos nunca vieran, y mire páter que he pasado guerra. Tal gesta fue llevada a cabo por el teniente Lozano, un magnífico militar que me demostró con sus acciones, que el arrojo, unido al valor innato de un guerrero perfectamente entrenado son factores más que suficientes para dar lugar al nacimiento de una leyenda.
―Eso es una gran verdad, nuestros oficiales gozan de gran reputación en todo el orbe. La nación es mucho lo que abarca, y en verdad que demanda de buenos profesionales que nos dirijan hacia la victoria. De hecho, aquí donde me ves, a punto estuve de ingresar en la academia de…
―¿Aramos?… dijo la mosca al buey ―interrumpió el veterano arqueando las cejas― Si usted lo dice páter, sea, pero le aseguro que aquel era un sitio donde los obuses no distinguían entre tropa, oficiales, o al mismo Dios si se ponía delante.
―¡Fariñas!, no seas sacrílego que te excomulgo por mis santos…
―Calma páter, se lo ruego, pues lo que ahora le revelo todos creen conocerlo, aunque no tanto así mi condición de cobarde. Si páter, lo que oye… un cobarde ―declaró hipando el veterano―, y es por eso que demando confesión. Comprenda que no me queda mucho tiempo en este maldito valle de lágrimas.
―¡Qué exagerado eres cuando te lo propones! Ya te ha dicho el cirujano que no te vas a morir, y sí, conozco esa historia por la que tanto porfías.
―No páter, usted y el resto del mundo solo saben lo que los de arriba quieren que se sepa y no lo que realmente sucedió en aquél nefasto lugar.
―Mira Fariñas, no sé cómo lo has conseguido, ya hablaré de esto con el oficial de enfermería, pero te acabas de apretar un litro de morapio estando recién operado y empiezas a decir estolideces de todo tipo. ¡¿Cómo se te ocurre desgraciado en tu estado?! ¡Por todos los santos que contigo termino perdiendo el tino! Continúa pues y acabemos cuanto antes con este dislate―concluyó el cura persignándose.
―Mire usted a ver si es posible páter, y tenga a bien escuchar a este pobre moribundo que cuenta su vida por minutos ―el soldado miraba absorto el fondo de la botella concentrado en sus pensamientos mientras hablaba― Muerto de miedo como estaba ―continuó― opté por esconderme entre los cadáveres acumulados en la trinchera con la intención de pasar por uno más de aquellos desgraciados.
―Hijo mío, el que diga que no tiene miedo en el frente de guerra, y más en tales circunstancias, o miente, o está mal de la cabeza, así que no veo a que tanta culpa.
―Juzgue usted después de oírme páter, porque la mentira suele tornar a verdad cuando se repite en demasía. Pues bien, aunque la visibilidad era escasa, los estallidos continuos de la artillería pesada permitían ver entre luces y sombras lo que allí sucedía. El capitán al mando, en medio de aquella horrible tormenta de metralla, arengaba a la tropa con verdadero ardor guerrero. A punto estuve de salir de mi escondite impelido por un arranque de valor patrio, mas no tuve arrestos suficientes para hacerlo. Cuando terminó su apasionada soflama, gritó más alto si cabe pidiendo razón sobre la localización del teniente Lozano, y este último, de forma tan súbita como sorprendente, acudió a la orden de llamada para ponerse a su disposición de inmediato. ¡Qué valiente soldado páter!

Diciembre. Año 1914
Frente de la contienda.


―¡Resistan a toda costa soldados! ¡Nuestro honor y el de la patria están en juego! Hoy será el día en el que pasaremos a los anales de la historia. Esta noche, cada uno de nosotros entregará lo mejor de sí mismo en pos de la gloria. ¡Soldados! ¡Por su majestad el rey! ¡Victoria o muerte! ¡Teniente! ―me llamaba el capitán echando babas por la boca mientras sermoneaba a la tropa ―¡Teniente Lozano! ― Insistía una y otra vez mientras las balas silbaban a mí alrededor como si de un enjambre de avispas se tratara. Si alzabas un poco más de lo prudente la cabeza podías darte por fallecido de forma instantánea. Una nueva explosión provocó una lluvia de tierra y cuerpos desmembrados que me sepultaron por completo. Las órdenes eran que la línea de fuego que me habían asignado avanzara hacía el enemigo, y sinceramente, no pensaba moverme de aquella tumba provisional de ninguna de las maneras. Mi intención era que me dieran por fallecido. Nos estaban masacrando de forma inmisericorde, y aunque nunca he sido un héroe, tampoco soy un imbécil. Otro proyectil ¡Por el rey que debió de ser de un calibre descomunal!, terminó por caer cerca del lugar donde me encontraba. La explosión fue de tal magnitud que todo salió por los aires, incluida mi persona, con tan mala fortuna que la onda expansiva me hizo aterrizar justo al lado de mi aguerrido oficial al mando. Este, sorprendido por mi repentina presencia dio un respingo cuando aparecí con cara de ido, pero sin daños importantes, gracias a la cubierta de carne humana que había detenido la metralla.
―¡Coño Teniente! Qué diligencia la suya ¡Bravo! Muchos oficiales como usted serán necesarios si pretendemos ganar esta maldita guerra ―ante semejantes palabras de aliento no me quedaba otra que disimular. Pensé resignado.
―Mi capitán, me temo que los muchachos están fuera de combate ―contesté ansiando la orden de retirada―.
―¡Pues lo haremos usted y yo solos si es necesario! Acabaremos con esos bastardos. ¡No saben con quién se la están jugando esos malnacidos! ¡A mí, Dragones del Rey!
Estaba claro que el capitán no se encontraba en sus cabales para dirigir nada con un mínimo de cordura así que no me quedo más remedio que hacer de disciplinado soldado y reafirmar a mi oficial al mando con sendos taconazos de obediencia. En cuanto avanzara un poco más la noche, el teniente Lozano tomaría las de Villadiego. Sin embargo, tampoco era cuestión de ganarse un consejo de guerra por desertor, eso no era honorable entre los de mi clase, a parte de la gran estima que le tengo a mi cabeza.

El capitán se dispuso a efectuar un reconocimiento de la zona aduciendo que debíamos reunir a todo el personal operativo que quedara. Pensé en recordarle mis palabras de hacia tan solo unos instantes, cuando, supongo que debido a su lamentable estado, tropezó con la intención de irse de bruces al suelo. Logré sujetarlo antes de que diera con sus huesos en tierra y lo recosté contra la pared de la trinchera. Parecía estar mal herido. Me miró con fijeza apretando con fuerza mi hombro con su mano diestra, diría que estaba emocionado, de modo que me tocó fingir que le prestaba atención mientras me ordenaba que comprobara el estado de la tropa y que hiciera un recuento de la munición que nos quedaba. Ante tan absurda orden me dirigí obedientemente al pequeño polvorín situado en las inmediaciones, después de todo, el capitán ya estaba en las últimas y bien podía morirse solo; seamos realistas. El depósito en cuestión era una estructura fabricada con madera, sacos terreros, y chapones de metal de refuerzo. El lugar también hacía las veces de enfermería y de almacén para víveres, justo lo que necesitaba cara a mí más que pronta huida. Un pequeño fuego bailoteaba muy cerca de la entrada cubierto por una reja metálica que hacía las veces de apoyo para una vieja cafetera de campaña.

Enero. Año1915
Real Hospital de la Defensa.
Habitación 27. Ala este. Veteranos.


―¡Qué valor el de aquel hombre, páter! Viendo al capitán mal herido, cargó con él hasta encontrarle un lugar seguro donde recostarlo. Acto seguido, se dirigió impertérrito hacia la enfermería bajo el fuego enemigo, obviamente iba en busca de ayuda para el capitán. Aunque desde mi punto de observación, intuía más que veía, a fe mía que ese hombre era un valiente magníficamente entrenado que se atrevía a mirar con desprecio el peligro.
―Tampoco es que sea algo fuera de lo común atender a un compañero herido en el campo de batalla. Sigues exagerando como tienes por costumbre ―aseveró el cura con condescendencia― ¡Fariñas!, te he dicho que dejes la botella si no quieres que te arree con ella en la cabeza…
―¿Exagerando? La botella está vacía páter. Tanto como mi honor ―respondió el soldado apesadumbrado― Todos piensan que fue un obús lo que acabó con el mando enemigo, pero nada más lejos de la realidad. Mi versión no fue tal. Lo que yo vi fue algo muy distinto. Algo que a la postre cambiaría el curso de la guerra. Lástima que ese valiente no esté aquí para corroborarlo. Más adelante, cuando por fin pude ganarme su confianza, tuvo a bien contarme que tenía órdenes muy concretas del estado mayor, una misión secreta al parecer, ya me entiende. Sin duda alguna era un oficial de primera.

Diciembre. Año 1914
Frente de la contienda.


Una vez entré en el depósito de municiones y mientras buscaba lo necesario para mis planes de fuga se produjo una nueva explosión que echó abajo el ya de por sí castigado polvorín con mi persona dentro. Quedé enterrado por completo. Aunque estaba cubierto por los escombros, una grieta en la gran chapa que me tapaba a modo de escudo me permitía ver con dificultad el estado en el que había quedado la zona de impacto. La munición almacenada se había desparramado por todas partes. Algunos barrenos de dinamita se habían desplazado peligrosamente hacia la pequeña hoguera, que escasa, pero sinuosa, continuaba llameando en lo que una vez fue la entrada del polvorín. Gracias a dios, ningún cartucho llegó a caer en su interior, aunque uno de ellos quedó situado demasiado cerca amenazando con estallar en cualquier momento. La artillería había enmudecido y, desgraciado de mí, me encontraba atrapado por una tonelada de desechos. En esas estaba cuando el enemigo irrumpió en la trinchera. El capitán fue inmediatamente reducido por la fuerza; tampoco es que hiciera falta mucha. El muy obstinado todavía seguía vivo. Los oficiales enemigos se colocaron delante de mi posición y ordenaron al resto de sus fuerzas que siguieran avanzando. Los allí reunidos aparentaban no tener demasiada prisa; parecían aguardar a alguien más. Un cornetín de órdenes anunció la llegada del general en jefe de la fuerza enemiga. Este, despachó a su escolta, y se dirigió con paso marcial hacia el grupo de oficiales que lo esperaba. Todo era silencio, salvo el murmullo del interrogatorio al que sometían a mi moribundo capitán. Intentaba enterarme de lo que allí se decía cuando noté como un inoportuno objeto punzante intentaba incrustarse en mi trasero gracias al peso que ejercían los escombros y el chapón que me cubría. Intenté liberarme de aquel suplicio con mucho cuidado de no hacer el menor ruido. De repente, la escombrera que me tenía atrapado se estremeció de forma preocupante haciendo que el maldito cartucho de dinamita se desplazara hasta introducirse en el centro de la hoguera. Mientras tanto, el objeto desconocido seguía profundizando en su abyecta intención de atravesarme el culo.

Enero. Año 1915
Real Hospital de la Defensa.
Habitación 27. Ala este. Veteranos.


―¡Juro que no miento! ¡Por estas, páter! Lo que vi fue la verdad y nada más que la verdad. El capitán fue apresado poco después de que el teniente entrara en lo que antes de ese momento fuera el depósito de armas. Polvorín, donde a todas luces debería haber encontrado la muerte tan insigne compañero de armas a cuenta de un obús que lo destruyó por completo. El que parecía el oficial de mayor rango enemigo interrogaba de malos modos a nuestro capitán rodeado por sus oficiales, cuando de súbito, una enorme explosión seguida de varias réplicas masacró a todos los reunidos en aquél punto. No quedó de ellos ni para hacer un caldo, vaya. Lo más alucinante fue ver emerger de entre la gran humareda que se produjo la figura del teniente gritando como un demonio que acabara de salir del infierno para reclamar su recompensa. Yo estaba impresionado ¡Qué digo impresionado! ¡Atónito! sería lo más adecuado ante semejante acto de valentía. Fue él quien hizo saltar por los aires al enemigo allí reunido, nada de un obús descontrolado como dijeron los mandamases. Yo fui testigo presencial de los hechos. Lo extraño fue la danza posterior que llevó a cabo el teniente alrededor de los restos enemigos y aquellos gritos de guerra que profería. Cosas de oficiales muy curtidos supuse.
―Así es hijo, alguna vez he oído hablar sobre ciertas extravagancias aprendidas en destinos más orientales por nuestros aguerridos mandos. De todas formas, no acabo de verlo claro. Estabas bajo demasiada presión y del teniente nada se ha sabido desde entonces. No digo que no sea cierto lo que viste, pero las circunstancias debieron de ser terribles y la mente pudo haberte jugado una mala pasada.
―Lo que usted diga páter, pero sé muy bien lo que vi, y como le dije al alto mando en su momento: que le den morcillas a los matasanos y sus diagnósticos disparatados.

Diciembre. Año 1914
Frente de la contienda.


El mundo se convirtió en un infierno dentro de aquel montón de escombros. Todo voló por los aires; incluido yo mismo. Era la segunda vez que me ocurría en un par de horas y temí por un segundo que se convirtiera en costumbre. Gracias a la chapa que me cubría quedé libre de daños irreparables, aunque el puñetero objeto punzante continuaba incrustado en mi culo haciéndome proferir gritos de desconsuelo. Por fin, con un seco tirón, conseguí deshacerme de lo que resultó ser un enorme clavo, estirón, que me hizo ver las estrellas y que me hizo saltar como un loco poseído por el dolor. Miré a mí alrededor buscando posibles enemigos pero no quedaba ni rastro de ellos y menos aun dl capi, gracias a dios, y a la dinamita. En paz descansen. Me recompuse el chambergo y me sacudí la tierra rodeado por el humo. Entonces, y sin previo aviso, un montón de cadáveres acumulados en las proximidades se vino abajo, Para mi sorpresa, una voz de socorro emergió lastimera de la maraña de cuerpos. ¡Por todos los santos que casi muero del susto!
―¡Teniente! ¡Mi teniente! ¡Aquí! ¡Ayuda!
Por un momento pensé en no hacer ni caso a la petición de socorro. Lo último que necesitaba en aquel momento era una carga añadida que estropeara mi fuga, pero el puñetero soldado que la emitía apareció reptando entre los cadáveres como una lagartija. Logró ponerse en pie, no sin dificultad, para terminar por caer de rodillas abrazándose a mis botas con desesperación. Ensalzaba mi valentía y la proeza que según él había llevado a cabo. Yo no sabía muy bien a que a tenerme. Era demasiada la confusión que anidaba en mi cabeza. Tan solo me preocupaba mi trasero dolorido y escapar de allí lo antes posible. Llegados a este punto pensé en pegarle un tiro allí mismo y terminar de una vez por todas con el problema, mas, ¿cómo hacer tal cosa ante los halagos de aquel sentido soldado? Ese día, según el tal Fariñas, que así se llamaba el “aparecido”, había nacido una leyenda, y yo, aunque suene presuntuoso, que lo soy, no pensaba contradecirlo.

Enero. Año1915
Real Hospital de la Defensa.
Habitación 27. Ala este. Veteranos.


―Después de armarme del valor necesario salí como bien pude de mi entierro de carne humana para ponerme a las órdenes de tan sublime oficial. Con el paso de los días, y gracias a la confianza que el teniente llegó a depositar en mí persona, me informaría al respecto de su misteriosa misión, aunque claro está, no podía entrar en detalles por el carácter secreto de la misma y el terrible peligro que supondría para mí acompañarle. Yo le advertí, que aunque herido por la metralla como estaba, le podría ser de mucha utilidad. No obstante, sé que lo decía para protegerme, así era aquel hombre, no quería que arriesgara mi vida en tan peliagudo asunto. Yo insistí lo necesario hasta que lo convencí de mis grandes condiciones como asistente personal hasta llegar a tierra segura. El camino era peligroso. ¡Fíjese hasta qué punto! que finalmente un grupo de bandoleros se nos terminaría por echar encima haciéndonos prisioneros. Esta fue la causa en último término de la desaparición del teniente. Una vez más, haciendo gala de su enorme nobleza, pactó con aquellos delincuentes el trato que me salvaría la vida a cambio de la suya. El grupo lo comandaba una hermosa gitana con los ojos más bellos que usted pueda imaginar, por no hablar de aquellos enormes pechos que asomaban reventones al balcón. Su cuerpo era sencillamente escultural. ¡Qué hembra!
―Vale fariñas, para, para, que te lanzas. Se supone que estás en confesión pecador. ¡Babeas Fariñas! ¡Vuelve majadero! ―el soldado parecía perdido en su visión―
―Perdón páter, se me fue el santo al cielo. Son los últimos estertores de este moribundo, no me lo tenga en cuenta y deme la absolución cuanto antes que ya siento a la parca llamando a mi puerta –el clérigo resignado comenzó el ritual de redención.

Enero. Año 1915.
En algún lugar perdido del frente.


El tal Fariñas, aunque herido, ha resultado ser un ayudante de lo más eficaz. No es un tipo brillante claro está, su baja condición se lo impide como es de natural, pero es listo como un zorro y parece adorarme. Se preocupa de mantenerme alimentado, gracias a su habilidad como cazador de conejos y procura tenerme bien hidratado a pesar de la escasa agua de la que disponemos privándose de ella con una disciplina encomiable. Aduce que como oficial al mando debo estar siempre presto para tomar las decisiones oportunas que nos salven el pellejo en caso de necesidad, tal y como ya hiciera antes en la trinchera para gloria de la patria. Mi idea es dejar pasar el tiempo y desaparecer por completo hasta que termine esta maldita guerra y, a decir verdad, lo último que necesito es un testigo de mi deserción. La idea del asesinato acude a mi cabeza de forma regular.
Una partida de bandoleros dedicados al noble arte de despojar cadáveres, capitaneados por una hermosa gitana, asunto que me alegra enormemente debo añadir, me ha ofrecido la oportunidad de quitármelo de encima de una vez por todas. He procurado la liberación de Fariñas a cambio de mi colaboración para cierto negocio que les reportará pingües beneficios. Al parecer han decidido cortarle el cuello al pobre por ser una carga inservible para ellos, y aunque en un principio me ha parecido oportuno, he terminado por oponerme a riesgo de acabar mal parado, al fin y al cabo es mi admirador principal y a la gitanilla la tengo prendada con mis encantos. Aunque quizá me esté mal decirlo, cosa que no me preocupa en absoluto, las damas no esconden secretos para mi, sin olvidar, que además suelen caer cautivadas por mi persona gracias a mi elegante porte natural y a mi genuino aire varonil.

De momento, cierro el presente diario que he tenido a bien redactar recluido en un viejo y destartalado carromato desde hace días. La zíngara me visita todas las noches. Finalmente ha decidido utilizarme como candidato a un suculento rescate como moneda de cambio por mi vida y la de mi ayudante. Mi aristocrática posición social y mi condición como oficial del rey hacen de mi persona objeto de interés. Así se lo he comunicado a mi voluptuosa captora, la cual, ante tal perspectiva, ha decidido liberar a mi ayudante con el cuello intacto y cuidar de mí personalmente hasta llegado el momento de la transacción. Mientras tanto, según sus glotones labios, alega pretender sacar el mejor rendimiento del tiempo que dure mi encierro, asunto que desde luego yo no le pienso impedir que lleve a cabo, más bien todo lo contrario.

FIN
Para este Sant Jordi, el recopilatorio "Girándula en la niebla" ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense

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ACLIAMANTA
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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por ACLIAMANTA » 30 Dic 2017 12:57

Jajajaja! Un relato muy divertido sobre los pies de barro de un héroe militar.
Me encantó el teniente Lozano.
Bien escrito, un poco cansón el vocabulario del diálogo entre el cura y Fariñas ( estolideces, dislate, soflama…)
Y el pobre Fariñas morirá engañado pero vivió feliz!
Suerte al autor!
Para cuando me ves tengo compuesto,
de un poco antes de esta venturanza
un gesto favorable de bonanza
que no es, amor, mi verdadero gesto.

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rubisco
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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por rubisco » 30 Dic 2017 13:30

Querido autor, querida autora:

Se me hace difícil escribir un texto con puntos de vista tan encontrados sin que en un momento dado peque de reiteración o divergencia, así que te felicito por ello.

Tienes buena mano, describes bien las escenas (pese a estar plagadas* de diálogos) y la forma de contar las cosas genera la tensión y expectación necesaria para seguir leyendo. Además, el punto de humor es muy notorio; en algunas partes creía que estaba leyendo a Eduardo Mendoza.

Lo que menos me ha gustado es la secuencia tan larga de diálogos sin acotaciones o descripciones para que el lector descanse y esos párrafos que parecen fachadas de edificios. Casi todos tus párrafos grandes podrían haber sido divididos por uno o dos saltos de línea sin que perdieran efectividad (quizá al contrario).

En líneas generales me ha gustado mucho. Me lo anoto para los puntos.

¡Suerte!


* Iba a usar la expresión infestadas, pero me pareció poco apropiado.
"La papelera es el primer mueble en el estudio del escritor"

¡Ya puedes visitar mi sitio web!

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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por Gavalia » 31 Dic 2017 12:50

Una acepción de leyenda que no me esperaba. Tal palabro lleva aparejada la evocación de lo mágico, de lo trascendental, y desde luego, no es el caso de este cuento. El antihéroe como ejemplo de lo que miramos pero no vemos, gracias a nuestra extraña percepción de las cosas, siempre en función a las circunstancias del momento. El estilo costumbrista siempre me ha convencido, y dotado de humor, mejor todavía. El lenguaje que usa parece o intenta ser acorde con el tiempo donde se desarrolla la historia, o eso creo. El teniente es un superviviente, eso si, un poco gilipollas y engreído jajaja, pero un luchador a su manera. Se entiende y me parece bien redactado, aunque alguna reiteración se te ha colado. Me ha gustado. Suerte.
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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por Paraná » 01 Ene 2018 18:15

¡Moooooy bueno, escribiente! :luxhello: Me ha mantenido atenta y con una sonrisa socarrona de principio a fin. Esta estrategia de contar una misma historia desde dos puntos de vista tan divergentes, es deliciosa cuando se hace con buenos oficios, y a vos estos te sobran, por lo visto. :mrgreen: Muy bien narrado, con unos registros adecuados a cada personaje, con unos caracteres de lo más bonitos (el cinismo del Lozano me ha en-can-ta-do), y un decidido guiño a la falacia de ciertas famas hueras... ¡Bien por vos!
No sé como me irá con los demás, pero hasta ahora este es mi favorito. :marie_bow:

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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por konchyp » 03 Ene 2018 11:45

Tengo que reconocer que me costó adentrarme en la historia con los primeros párrafos. Me pareció intenso y confuso a parte de que el tema guerras no me gusta ni un pelo. PERO, y lo pongo con mayúsculas porque es gordo, cuando me he sumergido en las dos historias paralelas sobre el capitán y el teniente he podido ver el diamante que me ha parecido este relato. Es divertido, está muy bien escrito, buena idea la de interconectar una misma historia desde dos puntos de vista diferentes y, además, creo que le va ni pintado al tema del concurso (digo esto tras leer ya varios relatos en los que parece están participando en un concurso de tema libre). En fin, que me ha gustado mucho, mi enhorabuena al autor y que se llevará puntos gordos por mi parte! :60:

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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por raumat » 03 Ene 2018 18:49

Entretenido relato bélico - humorístico.
Los dos personajes, Fariñas y Lozano, caen bien enseguida al lector.
Llamativo y meritorio lo que consigue el autor... creando sucesivas visiones completamente distintas, partiendo de una misma realidad, del mismo hecho o punto de partida.
Sin llegar a entusiasmarme, creo que te ha quedado bastante bien.
Gracias autor por compartirlo y suerte en el concurso.

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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por Megan » 03 Ene 2018 20:26

Está muy bien narrado, las dos historias son muy buenas y están bien descriptas.
Te hacen sacar una sonrisa, por lo dispares que son.
Pero (palabra detestable) no puedo dejar de decirte autor/a que me costó adentrarme a la historia en su comienzo.

Mucha suerte y gracias por compartirlo :60:

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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por Isma » 04 Ene 2018 12:22

Ja, ja. Me ha parecido muy fluido y entretenido. Buena elección la de los dos puntos de vista, que hacen a la historia más completa gracias a las diferentes perspectivas (me recuerda al Rashomon de Kurosawa). Esta fluidez y ese ritmo hacen que la lectura sea muy agradable. Creo que no te sorprenderá, autor, que te mencione que hay diversos fallitos por ahí, pero me parece que se deben más a descuidos que otra cosa: lo que le faltaba para que fuera un relato redondo del todo, con su leyenda y su realidad… ¡fíjate que has conseguido los dos puntos de vista! Respecto a los fallitos, yo recomiendo que siempre, siempre se intente escribir con corrección: escribiendo comentarios, correos electrónicos, la carta a los reyes Magos… lo que sea. Porque así adquirimos una costumbre que termina formando parte de nuestra escritura.

Mucha suerte.

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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por Ratpenat » 04 Ene 2018 23:25

Tiene fallos, desde luego, y me han molestado un poco en la lectura. Pero el relato tiene un punto bastante bueno. Digamos que algunos capítulos me han encantado y otros se me han hecho pesados.

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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por Iliria » 05 Ene 2018 01:14

Encuentro la narración es correcta, sigue un buen ritmo y tu propuesta de mito es interesante.
El pero que le veo es la exageración en matanzas y desmembramientos (y para que lo diga yo... :lol: :lol: )

Suerte :60:
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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por Spicata » 05 Ene 2018 09:46

Querido autor/a:

Y así es como nació la leyenda...
¡Muy buen trabajo!
Desde mi punto de vista la narración es francamente buena. Un relato muy fluido y que te envuelve de principio a fin. Las dos versiones del héroe/antihéroe las has sabido plasmar muy convenientemente, te felicito. No tengo peros, porque además... tu relato ha sido muy divertido.

Mucha suerte en el concurso :60:
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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por Sinkim » 05 Ene 2018 20:10

Me ha parecio un gran relato, una idea muy buena la del acercamiento a la realidad tras la figura del héroe y más aún si es un héroe de guerra :lol: Además logras contarlo con un toque de humor maravilloso y muy castizo que se agradece muchísimo :lol:
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por Gavalia » 09 Ene 2018 13:56

Segunda lectura y la sonrisilla no se me quita. Quizá sea de los más largos pero no aburre en ningún momento de la narración. Fariñas es mi preferido. El cura da juego y el teniente... qué estará haciendo el jodío. Nada, fijo que sin querer la lía de nuevo :cunao:
Está difícil esto de los votos pero no te olvido.
La mamá arropaba a su pequeño niño invidente mientras le susurraba al oído...
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Re: CN6 - Trinchera

Mensaje por Megan » 09 Ene 2018 21:32

Autor/a, hice una segunda lectura porque estás entre mis valorados aunque me rechine el comienzo.
Tu humor es muy bueno y escribís muy bien.
La leyenda del héroe y del antihéroe es muy divertida :lol:
Definitivamente vas a tener tu lugar en mi votación :D

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