CO 18 - Piratas - Gavalia (1º Popular)

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
Cruela de vil
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CO 18 - Piratas - Gavalia (1º Popular)

Mensaje por lucia »

Piratas

Verano del 2018. Isla de Lanzarote (Playa Quemada)

—¡Abuelo! ¡Abuelo! —gritaba Pedrito entusiasmado por su descubrimiento. El pequeño había estado haciendo un hoyo en la arena de la playa cerca de un conglomerado de rocas bastante alejado del agua y se había topado con algo que llamó su atención sobremanera.

—Veamos que has encontrado capitán. —Le dijo su abuelo Francisco revolviéndole el pelo con afecto.

—¡Es un tesoro abuelo!, mira...

La cubierta de lo que parecía por su aspecto un pequeño cofre bastante deteriorado por el paso del tiempo y a todas luces muy antiguo, exponía después de mucho tiempo sus detallados relieves a la luz del día. Tan intrigado como su nieto, Francisco comenzó a escavar alrededor de aquel objeto hasta conseguir extraerlo del olvido. No mucho más grande que una caja de zapatos y completamente herrumbrado en sus partes de metal, contaba con un cierre bastante arcaico que no supuso mucho esfuerzo abrirlo gracias a una pequeña navaja que Francisco solía llevar siempre consigo. Mientras tanto, Pedrito, impaciente como nunca, jadeaba nervioso y le pedía a gritos a su abuelo que abriera el cofre de una vez por todas.

Francisco se tomó su tiempo, intuía que lo que había descubierto su nieto podía ser importante. Con mucho cuidado, forzó el cierre y muy despacio abrió la tapa. Dentro del cofre encontró varias cosas envueltas en sendas porciones de cuero viejo: Una daga con grabados marineros, un colgante con un pequeño timón de adorno en su extremo y lo que parecían las últimas hojas de un vetusto cuaderno. Este solo conservaba la cubierta trasera, confeccionada en cuero y unida a las pocas páginas que allí quedaban por medio de lo que parecía un cordel de cáñamo bastante grueso.

—Pues vaya porquería de tesoro —comentó malhumorado Pedrito. Francisco sonrió a su nieto volviendo a atusarle los cabellos, colocó bajo su brazo el cofre y ofreciéndole la mano al pequeño se encaminaron juntos hacia casa.

—Lo que has encontrado Pedro, creo que es más importante que cualquier tesoro.

—¡Sí, claro! Pero es que no ves abuelo que no hay monedas de oro, ni joyas, ni nada de eso, solo cosas viejas —Le contestó Pedrito todavía más enfurruñado.

—Si es lo que creo, esta noche te contaré una historia que te va a encantar.

—¿Una historia? ¿Quieres decir un cuento?

—Sí, hijo sí, un cuento de piratas.

Séptimo mes del año 1747 de Nuestro Señor Jesucristo.
En memoria del gran capitán


Martín es mi patronímico, aunque todos me conocen por «Martinico», que es como le placía dirigirse a mi persona al capitán cada vez que me requería. Corría el año de mil setecientos doce y me encontraba embarcado en la «Panzona» con categoría de marinero de primera clase, siendo mi esperanza por aquel entonces llegar algún día a ocupar el puesto de piloto. Para ello me preparaba con ahínco a las órdenes del mejor de los capitanes que uno pueda imaginar y del que después de su reciente fallecimiento he quedado huérfano de guía.

La nave estaba adaptada para el transporte de mercaderías y fabricada con la mejor madera de roble de la península. Sobrada de manga y puntal, su capacidad de carga era extraordinaria con relación a su tamaño, y lo que es más importante, dotada de artillería más que suficiente para enfrentarse a cualquiera que propusiera batalla. Mi capitán, Don Amaro Pargo, azote de piratas y señor de la mar océana la comandaba. Lo que en estas pocas páginas relato, es todo verdad, que el diablo me lleve si miento, pues nace tanto de mi mala pluma como también de mi buena memoria, pero sobre todo, de la admiración por tan insigne navegante, autoproclamado protector de las islas canarias y defensor a ultranza de sus lugareños.

Terrateniente, hábil comerciante y mejor marinero, era un hombre de su tiempo a la par que buena gente. Un tiempo en el que las circunstancias eran realmente duras, y como resultado de las mismas, se lidiaba día a día con una realidad que forjaba caracteres tan duros como pragmáticos, y en algún que otro caso, pocos a decir verdad, no faltos de corazón como ocurría con Don Amaro. Igual que arreaba mandobles sin reparo, me obligaba a estudiar las cartas de navegación para que mi formación fuera lo más completa posible, sin olvidar a los clásicos, pues era fiel defensor de la cultura y las buenas maneras durante el tránsito que es la vida. Terrible cuando se endemoniaba, pero a su vez, un angelito capaz de adoptar a familias enteras y sacarlas del hambre a cambio de fidelidad, y unos porcentajes razonables de las cosechas. La gente agradecía ese tipo de acuerdos, ya fuera como mal menor o como mero mecanismo de supervivencia, doy fe de ello.

Dotado como pocos para la navegación era dueño y señor de una pequeña flota de mercantes que tuvo que ser reformada añadiendo cañonería suficiente para poder combatir contra los barcos piratas que asediaban la costa. Eran tantos los desmanes que se cometían por los berberiscos que hubo que buscar una respuesta adecuada a las circunstancias, y la respuesta llegó a manos de mi capitán.

Los jabeques de Berbería son naves que cortan el mar a cuchillo, ágiles, veloces y de excelente maniobra; habiendo llegado a Inglaterra e incluso Irlanda y al sur de España causando verdaderos estragos entre la población objeto de sus terribles incursiones. En estos tiempos, de las mil caras que el miedo esconde, una de ellas viene del mar, vil solicitante de vidas humanas, prisioneras siempre de la sorpresa y del azar.

Uno de aquellos días, cuando la Berbería daba por hecho la ausencia de nuestra pequeña flota debido al comercio con las américas, se produjo un ataque en la costa más al sur de la isla de Lanzarote.

A golpe de remo y con costa a la vista, cinco jabeques procedentes del litoral africano se acercaron sigilosos bogando hacia las playas próximas en un intento de sorprender a los lugareños. Los piratas solían arramplar con el ganado, los aparejos y los escasos haberes de los que se disponían en aquellas pobres tierras, poco más había allí, pero aparte de la brutal crueldad con la que trataban a sus presas, una terrible y habitual constante se fue instalando en su modo de actuar; se llevaban a las mujeres más jóvenes y a los niños para esclavizarlos.

La fragata Santa María, comandada por el capitán Don Antonio Barceló, con destino a la isla de Cuba en misión de avituallamiento para nuestras tropas y cargada hasta la bandera de mercancías, fue testigo impasible del ataque berberisco; imposibilitada, tanto por su escasa artillería como por su reducida maniobrabilidad en esas circunstancias para repeler la agresión.

Barceló, cuando tuvo claro que su carga estaba asegurada a buena distancia de los bárbaros, envió dos pequeñas embarcaciones para ayudar a la población. El daño producido por los piratas fue enorme según el informe que los marineros reportaron a su regreso del lugar de los hechos. Nada pudieron hacer, pues nada había quedado con vida ni a salvo de las llamas. Los cuerpos sin vida de los lugareños tomados por sorpresa alfombraban las calles. Sin darle más vueltas al asunto, el navegante mandó largar velas de inmediato y seguir viaje a cuba con la esperanza de cruzarse con alguna galera del rey y dar aviso, más no hizo falta.

Por aquellas casualidades del destino, la Santa María fue a tropezarse con dos «Pataches» de unas 30 toneladas, muy marineros, con todo el trapo desplegado, viento a favor y una artillería escasa pero de fácil maniobra y potencia de fuego sobrada. Venían de empopada aprovechando al máximo el buen viento de cola que les impulsaba.

La «Panzona» y la «Fortaleza» regresaban a casa.

—¿Cuántos han caído en poder de esas malas bestias en esta ocasión? —Inquirió el capitán Amaro.

—Casi toda la población ha sido ajusticiada. Así me lo reportó la marinería que ordené desembarcar con el fin de ayudar en lo que fuera menester —respondió de inmediato el comandante de la Santa María— La mayor parte, varones y ancianos, fueron pasados a cuchillo y otros quemados vivos. El resto, mujeres y niños, esclavizados. Me temo Señor que su propia familia se encuentre ahora en poder de esos diablos. Tengo entendido que su señora es joven y que tiene dos hijas en estado de merecer.

—¡Malditos sean una y mil veces! —bramó mi capitán mientras golpeaba la mesa con el puño cerrado cuando Barceló terminó su exposición. Su mujer y sus dos hijas podrían estar muertas, o lo que era peor, esclavizadas. —¿Esos piratas que rumbo tomaron después? —inquirió con un tono tan grave que al interpelado le pareció que salía de las profundidades de una oscura cueva y no de la garganta de aquel hombre.

—Yo diría que acababan de iniciar sus incursiones y que deben de seguir cerca de la costa preparando su próximo movimiento. Eran varias embarcaciones actuando en conjunto, señor, y no hay noticia alguna de ningún otro ataque salvo el de Lanzarote.

—Entonces es posible que mantengan los rehenes dentro de la expedición. Quizá todavía no sea tarde para esos desgraciados.

Al amanecer, mientras la fragata Santa María fue autorizada a continuar su singladura, el capitán ordeno a sus dos embarcaciones ampliar el radio de navegación disminuyendo la bordada y ciñéndose lo más posible al viento de poniente en su aproximación a la costa. Ambas embarcaciones se encontraban separadas por algo menos de una milla náutica a fin de que no se escapara ni el más mínimo detalle de la mar océana objeto de vigilancia.

—¡Barco a la vista por estribor! —comunicó el vigía de la nave capitana a golpe de pecho y señalando el rumbo a seguir para su intercepción. Mucha era la tensión acumulada entre la tripulación y la noticia se recibió con gran júbilo. La esperanza se abría camino entre tanta desgracia.

Un grupo de jabeques navegaba despreocupadamente dirección suroeste bordeando el archipiélago con intención de desembarcar esa misma noche en alguna de sus islas.
La «Fortaleza» acudió presta a la llamada de su guía, decidiendo en breve reunión a barlovento, que lo mejor sería empujar a los piratas hacia la costa hasta hacerlos embarrancar y en su caso entablar combate.

El grupo de jabeques berberiscos era rápido y preocupaba que estos se dieran cuenta antes de lo necesario de la presencia de nuestras naves en la lejanía. Sabíamos de buena tinta que en tal caso los piratas saldrían a la fuga de inmediato haciendo imposible su captura gracias a sus veloces embarcaciones.

Amparado por un sol en crepúsculo y con viento leve de costado, el capitán ordenó hacer invisible las dos naves que comandaba valiéndose para ello de una simple estratagema; confundir el perfil de ambas embarcaciones con el gran cúmulo de nubes bajas que se estaba formando en el horizonte y que a todas luces prometía tormenta para esa misma noche, el resto sería cosa del rey de los astros. Aparecimos tras la escuadrilla pirata anunciando por medio de nuestra artillería más pesada que no habría tregua. Algunas embarcaciones intentaron huir con sus ágiles maneras de navegar, pero de nada les sirvió el intento, pues la «Fortaleza» se había rezagado lo necesario en previsión de esa maniobra de escape.

La encerrona había sido preparada con sumo cuidado y el resultado fue una masacre espantosa, solo se salvó una embarcación pirata de ir al fondo del mar, la que servía de hacinamiento para los esclavos, más grande que las otras y de escasa artillería.

—Martinico… —Se dirigió a mi persona el capitán con tono sombrío— No puedo con este trago, inspecciona entre los rescatados y ruego a dios me traigas buenas noticias.
¡Vamos muchacho, no te entretengas!

Me faltó tiempo para cumplir sus órdenes y uno por uno fui revisando cuantos rostros desencajados se pusieron a mi vista dentro de aquella sala que olía peor que un establo.

—Martín, hijo, si nos estás buscando, dile a mi marido que cuando tenga un momento puede pasar a saludarnos y sacarnos de aquí cuanto antes —Para mí alivio, esa voz falta de todo tipo de afectación no podía ser otra que la de mi señora, Doña Inmaculada de Rodríguez-Felipe y Tejera de Machado, circunspecta y algo atribulada por las circunstancias, pero ella misma en compañía de sus hijas María y Teresa.

Mi capitán ordenó que a todos los tripulantes del jabeque, excepto a los pilotos, les fueran amputados los pies y las manos como castigo. Les permitiría retornar a su puerto de origen y que así fuera transmitido un mensaje claro de su parte a toda la piratería.

«Amaro Pargo está de guardia»

Así lo ordenó grabar a sangre y fuego con los hierros al rojo vivo sobre los cuerpos de los ahora impedidos de toda capacidad de movimiento.

Con el paso de los años y su buen hacer, la fama del capitán sobrepasaría fronteras, pues a partir de los hechos descritos se centró en mejorar su flota y limpiar las aguas de la corona de todo tipo de indeseables. Podía permitírselo gracias a su desahogada posición y de paso aprovecharse de las mercancías previamente robadas por los piratas que eran muchas y variadas.

Batallas, aventuras, y mil anécdotas podría contar durante todo este tiempo de servicio a las órdenes del capitán. A mi memoria acude aquel encuentro en alta mar con el mismísimo «Barbanegra», quien renunció a combatir contra nosotros a sabiendas de que se enfrentaba a un genio de la navegación y un maestro del combate en alta mar, pero esa es otra historia que, si dios tiene a bien, procuraré relatar con detalle más adelante.

Antonio Martín del Campo. Piloto de la «Portentosa»

—¿Y qué fue de «Martinico» abuelo? —Pedrito estaba entusiasmado con la historia.

—Pues parece que al final consiguió hacerse piloto. —Le respondió Francisco mientras lo arropaba.

—¿Y por qué escondió su cuento en la playa?

—Pues no sabría decirte, la verdad. Supongo que son cosas de marineros y piratas. Ya es tarde y tienes que dormir. Buenas noches hijo.

—¡Pero abuelo! Si todavía es temprano...

—¡Pedrito!. A dormir tocan.

—Bueno vale, pero mañana vamos a seguir buscando tesoros, ¿sí...?

—Por supuesto mi capitán, palabra de marinero.
Un libro es un mundo por descubrir.

¿Todes? ¿Qué clase de animal son los todes?
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Mister_Sogad
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por Mister_Sogad »

Buena historia, autor/a. No soy fan de las historias de piratas pero me ha gustado la tuya. Tal vez porque no has ahondado en términos y demás "folclore" de piratería. Me gusta sobretodo el saborcillo de la mezcla entre lo canario y lo berberisco, no sé por qué. Quizá sea por no encontrarme con lo típico "caribeño", o por la cercanía.

Además, me has mantenido pegado a tu texto sin problemas. Me he imaginado las escenas y escenarios también sin dificultad. Tampoco he echado en falta mayor inversión en sentimientos, sicología, emociones, etc, pues creo que tu relato se presta bien a la forma que le has dado, en plan historia "contada" de aventuras.

Te deseo suerte, autor/a. :60:
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Gavalia
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por Gavalia »

Me ha parecido un relato muy marinero, por decirlo así me ha recordado las pelis de la época que tanto éxito tuvieron en su momento, nunca pensé que a estas alturas encontrara de nuevo placer al leer algo de este estilo. La figura del capitán es real y me sorprende que se hable tanto de piratas o corsarios famosos de otras nacionalidades y no de los nuestros, que por lo visto haberlos los había y eran muy temidos, o eso dice la wiki si buscas. La redacción me parece correcta y la forma de construirlo me gusta. Aunque tanto la primera parte como la última son puro relleno, lo cierto es que no le va mal del todo a la hora de darle forma al relato para hacerlo más entretenido.
Saludos y suerte.
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Tolomew Dewhust
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por Tolomew Dewhust »

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Amaro Rodríguez-Felipe y Tejera Machado (San Cristóbal de La Laguna, 3 de mayo de 16782​ - ibídem, 14 de octubre de 1747), más popularmente conocido como Amaro Pargo, fue un corsario,​ prestamista y comerciante español.

Desde la primera lectura le cogí cierto cariño a este relato, tal vez por el tema que aborda, tal vez por la forma en que se nos presenta. Es cierto que a mí también me sobra la introducción y el final porque le dan un aire demasiado infantil al asunto, pero el meollo está muy bien hilvanadito.

Desde el lenguaje al nudo de la trama todo ayuda a conformar una buena historia, así que un chino para ti, :chino:.

Una curiosidad: aquellos a los que se les amputan manos y pies, no llegarían muy lejos, ¿no?


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noramu
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por noramu »

Me he aburrido soberanamente, autor. Lo siento. No me lo tengas muy en cuenta, please. No soy tu público. No soporto las historias navales. Tampoco pude con La carta esférica de Pérez Reverte. Cuando empiezan a hablar de barcos y terminología naval, que está claro que dominas, desconecto. Espero poder compensarte en futuros concursos :60:
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Tolomew Dewhust
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por Tolomew Dewhust »

¿Cóooomooo? Pero si se lee en un pis-pas. Quiero decir que no da tiempo a aburrirse, que va una cosa tras otra.

Nada, nada, autor/a, ni caso, no se hicieron los relatos navales para la boca de un dino...
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noramu
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por noramu »

Tolomew Dewhust escribió:
Nada, nada, autor/a, ni caso, no se hicieron los relatos navales para la boca de un dino...
Cierto, Tolo, nuestro paladar es un poco arcáico y no sabemos nadar pero aceptaré la penitencia que me pongáis siempre y cuando no tenga forma de relato naval.
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Tolomew Dewhust
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por Tolomew Dewhust »

Ok: leerte el relato de Profu tres veces antes de irte a la cama, :mrgreen:.
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por noramu »

Malo eres... Pero la penitencia me la tendrá que que imponer el autor, no el señor de los gatos.
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Gavalia
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por Gavalia »

Este se ciñe a la realidad más allá de la figura del capitán. Según el colectivo Blas de Lezo, he llegado allí de enlace en enlace, lo de la amputación fue cierto, dejo intactos a los pilotos para que pudieran regresar y entregar el mensaje.
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rubisco
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por rubisco »

Un niño encuentra un pequeño cofre enterrado en una playa de Lanzarote. A raíz de eso su abuelo, que le acompaña, le cuenta una historia de un rescate de secuestrados por un barco pirata que aconteció en esa misma playa.

Estoy escribiendo este comentario a exactamente 256 km en línea recta de Playa Quemada, lugar donde acontece la historia, y he de decir que no la conocía. También contaré que una de mis ideas descartadas era hablar del asalto del Almirante Nelson a mi ciudad natal, Santa Cruz de Tenerife, en 1797, lo cual constituye un hito de la ciudad y la primera derrota del británico, que perdió su brazo en la batalla. Quiero decir con ello que la idea me gusta, más allá de la cercanía geográfica; sin embargo, no comparto la ejecución. La estrategia de usar al niño y al abuelo puede servir en algunos casos, pero aquí no me parece que aporten nada, salvo un punto de vista diferente.

La historia tiene otra a su vez. En el inicio de la primera, que representa al niño y su abuelo, se comienza a desarrollar la segunda, que a mi juicio resulta algo cargada en detalles en un principio, para luego tornarse más ligera.

El desarrollo es muy cómodo de leer. Se presenta la crudeza de aquellos tiempos sin ambages y usa varias analogías para ir presentando el conflicto principal poco a poco y siempre cargado con mucho sabor a mar.

El final vuelve al concepto de la doble historia. Por una parte el relato de los piratas, que termina de forma muy tensa y descarnada. Por la otra, el del niño y el abuelo, que a mi juicio termina mejor de como empieza pero sigue sin parecerme necesario.

Ningún personaje se desarrolla lo suficiente como para que me haga a la idea de ellos. El niño me parece bastante materialista y el abuelo es un bonachón. Respecto a la historia interna, Martín se dedica a contar con poca emoción lo que me resulta cómodo pero no termina de meterme en la historia. La he conocido gracias al relato pero no la he vivido.

Más allá de algunos vocablos que me han resultado curiosos (Martín no es un patronímico, sino un nombre; el uso de la palabra "piloto", que creo que es poco habitual en el mundo marino), la historia me parece bien narrada, muy bien seleccionada y con la ambientación bien trabajada, pero con las limitaciones que ya he mencionado.

¡Suerte!
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Tolomew Dewhust
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por Tolomew Dewhust »

rubisco escribió:... la historia... no la conocía.
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Berlín
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por Berlín »

Un lenguaje naval envidiable, si señor. La verdad es que lo he comenzado con miedo, porque pensé que me iba a aburrir la hostia, pero no, al final se me ha hecho ameno, incluso me he reído en dos momentos puntuales que te paso a enumerar:
—Martín, hijo, si nos estás buscando, dile a mi marido que cuando tenga un momento puede pasar a saludarnos y sacarnos de aquí
Bueno, y con lo de cortarles las piernas y los brazos a los malandrines esos, con eso me he partido. ¡Qué imagen! :cunao:

Pues nada, que me gustas, majo.

Suerte.
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Megan
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por Megan »

Autor/a, supongo que autor.
Los relatos de piratas no me llaman la
atención, juro que lo leí todo, pero me pasó
como a Nora, me aburrí. Y no es porque esté
mal escrito, lo que pasa es que me voy del tema,
y bueno, lo siento, es un problema de gustos.
Está muy bien narrado, podías haberte esmerado
un poco con el título, pero eso son cosas mías.
Un relato muy correcto.

Suerte y gracias por compartirlo :D
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Rey Tomate
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Re: CO 18 - Piratas

Mensaje por Rey Tomate »

Salvo que el abuelo fuera descendiente de alguno de los piratas, que no es el caso, con todos mis respetos: sobra. El abuelo y el niño, of course.
No me ralles.
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