La inmobiliaria (I terror) 2º jurado, por yoy

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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julia
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La inmobiliaria (I terror) 2º jurado, por yoy

Mensaje por julia » 08 Oct 2007 21:53

En aquella época yo era la secretaria de una prestigiosa inmobiliaria. En esos instantes la compra y venta de inmuebles acababa de sufrir su primera paralización desde hacía años. El salario del trabajador común no subía y las viviendas acababan de alcanzar un valor imposible para sus bolsillos, llegando las hipotecas a ser heredadas incluso por los nietos.
Mis funciones eran administrativas; en mi oficina, estaba el jefe perito y tres asesores. Mi jefe se ocupaba de hablar con los propietarios y de hacer las negociaciones con los compradores; los asesores tenían que vender o alquilar las casas, de ello se llevaba una exquisita comisión.
Cada vez que un piso o una casa entran a la venta el jefe y los asesores iban a verla, ya que si no las conoces no puedes ofrecerlas y mucho menos mostrarla, por que detrás de cada puerta podía haber cualquier cosa menos lo que deseas ver.
Hay casas donde los secretos se guardan en las paredes y no olvidan jamás. Se dice que cuando sucede algo terrible en un lugar, este se queda impregnado de esa maldad. Pero hay sitios que tienen una facilidad única para que los acontecimientos más terribles ocurran entre sus paredes, repitiendo e incrementando la maldad que los embriaga. El olor que desprende, su rugoso tacto, su visión hipnótica, los vapores que emana desde su horrible corazón; los objetos pueden tener vida en su interior y absorberla de quien ose perturbarlos.
Una tarde calurosa estaba con la rutina de todos los días, preparando citas, elaborando informes y demás labores, cuando dos mujeres entraron en la agencia; en ese momento mi sangre se cuajó, un olor a humedad y a ancianidad lleno mis fosas nasales hasta casi marearme.
Una de ellas tendría entre 50 y 55 años, sus ligeras arrugas acentuaban una mueca seria y enfadada, su cabello grisáceo estaba recogido en un moño y su ropa era la típica de las beatas, solo con verla sabías que tenía un carácter fuerte e implacable. La anciana que la acompañaba era realmente temible, si alguna vez existieron las brujas, ella debía ser una, su espalda curva, su cabello blanco y enmarañado, su rostro tan rugoso como la superficie de una lima, sus ojos blancos, era ciega, le falta del labio superior exponiendo unas ennegrecidas encías, la saliva caía consecutivamente de aquella extraña comisura.
Eran clientes, así que me levante y les ofrecí mi mano con una sonrisa fingida de oreja a oreja e intente poner una voz afable, siempre apartando la vista de aquel labio, no quería ofenderla. La anciana casi no se mantenía en pie, pero hizo un enorme esfuerzo por devolverme el saludo con una especie de sonrisa escalofriante.
Las acompañe hasta el despacho de mi jefe, que él se ocupara de ellas, ya que deseaban vender la casa de la anciana por que se iba a vivir con su hija y deseaban que nosotros nos ocupáramos de toda la gestión.
Dos horas después, mi jefe nos reunió; estaba eufórico, acababan de darle la casa más fácil de vender de la historia, según él, aún no la había visto pero las características eran perfectas, 3 dormitorios, un salón comedor con una terraza grande, un jardín precioso, piscina, trastero, plaza de garaje, placas solares, recién reformada y el precio era una autentica ganga 450.000 Euros con posibilidad de rebaja. No estábamos muy seguros de si aquello era una realidad, sin lugar a dudas deseaban deshacerse de la casa. La propietaria había firmado nuestro contrato de exclusividad y nos habían entregado dos copias de la llave y esa misma tarde mis compañeros irían a verla.
Los comerciales a escondidas comenzaron a llamar a sus clientes para que se prepararan para ver una casa de ensueño y como ellos decían “esa es la casa que estaba esperando, SU CASA”, a veces los oía impresionada de como conseguían cualquier cosa usando las palabras adecuadas en el momento apropiado.
A las seis de la tarde, una hora después de abrir, mi jefe y los tres asesores llegaban de visitar nuestro nuevo artículo, sus rostros estaban blanquecinos, me entregaron las hojas del peritaje y la cámara de fotos para que empezara con el alta del inmueble y su publicidad. Les pregunté que tal era la casa, pero la única contestación que obtuve es que me diera prisa por que querían enseñarla lo antes posible. Parecían enfadados como si hubiesen sufrido una dura pelea entre ellos.
El alta se realizó rápidamente; pero cuando vi las fotos de la casa me quedé impresionada, eran increíbles, no por que estuvieran bien hechas, ya que había que retocarlas; si no por el mobiliario que había en ella. Al principio podía impresionar un poco ya que tenía un estilo gótico, los muebles estaban tallados a mano con inscripciones antiguas en algún tipo de lengua desconocida para mí, de un color rojizo enfermizo. Las camas, los armarios, el comedor, todo estaba fabricado con los mismos materiales, de unas calidades excelentes, la cocina tenía un tono amarillento, pero equipada con electrodomésticos de última generación; las paredes acababan de ser pintadas, pues en algunas esquinas se podía ver un tono granate olvidado por el pintor.
Como de costumbre abrí las fotos con photoshop era la mejor manera para destacar los colores, realzar la luz y suprimir cualquier imperfección visible. Fue al hacer zoom sobre las paredes cuando vi unas sombras que parecían rostros, seguramente restos de la pintura que había debajo, al no estar seca del todo realizaba esas imágenes. Pero cuanto más me fijaba más surgían, los rostros tenían expresiones diferentes, pero todas eran espantosas y horribles, así debían de ser los rostros de los muertos que han sufrido terriblemente en su último suspiro.
Como buena secretaria cerré los ojos y pinte por encima de ellos, sin dejar huella de esas terribles manchas.
Fue en los días siguientes cuando note ciertos cambios, peleas entre mis compañeros, furia en las palabras, protestas ridículas y discusiones torpes. La única casa que se visitaba esos días era la casa de los rostros, llevaban a muchos clientes y eso causaba problemas porque todos querían ir a las mismas horas. Con gran esfuerzo conseguía pasar inadvertida no deseaba que se fijaran en mi en plena discusión. Yo no soy una mujer de carácter fuerte, más bien todo lo contrario, me gusta la tranquilidad y las cosas bien hechas.
Una mañana, unos minutos después de abrir la agencia realizábamos nuestra reunión matutina diaria, estábamos hablando, yo anotando el resultado de las visitas del día anterior; aunque la casa se había enseñado a numerosas personas, nadie parecía querer comprarla ni volver a verla.
En plena y tranquila conversación Marcos, sin decir nada, le clavo un lápiz a Eulalia en medio de la palma de la mano, con tanta fuerza que la atravesó.
Me puse en pie gritando, pero ellos solo se miraban fijamente, sin decir nada, paralizados, corrí al baño por el botiquín, pero cuando regresé Eulalia se había arrancado el lápiz y de sus labios no escapo ningún sonido; instintivamente me acerque para vendarle la mano, ella estaba sentada, ni siquiera pestañeaba, los cuatro observaban como la sangre recorría sus finos dedos y después caía al suelo en una silenciosa gota, parecían hipnotizados, me arrodille y comencé a vendarle la mano; cuando me quise dar cuenta yo estaba en el suelo, el tiempo posterior pasó tan rápido que lo recuerdo como un sueño, Eulalia me había dado una patada y me amenazaba con su mano ensangrentada; en ese momento, apareció uno de nuestros clientes para pedir explicaciones, ya que su piso no se visitaba desde hacia una semana, cuando me vio en el suelo agarrándome el vientre con una mancha verdosa con restos de mi desayuno manchando mi ropa y la mano de Eulalia ensangrentada amenazándome con otro golpe, corrió a ayudarme y pidió explicaciones de lo que ocurría.
La policía y la ambulancia no tardaron en llegar, acompañada de mi carta de despido, dándole a la agencia 15 días para que buscaran otra secretaria, ni lo dude cuando me dijeron de denunciarla.
Me compré un spray de pimienta por si alguno de ellos se atrevía a tocarme. No deseaba estar allí y me sentía tranquila cuando se iban, aunque mi jefe siempre estaba ahí observándome.
Recibí del colegio de registradores la nota registral de la casa, llegaba con una semana de retraso, cuando leí el nombre del fallecido titular, el marido de la anciana, se me puso la carne de gallina, ese nombre lo conocía.
Fue hace 40 años un hombre aparentemente normal, casado y con dos hijas, lo acusaron de varios secuestros y asesinatos. El caso fue muy sonado ya que las 15 personas que había secuestrado habían sido torturadas en una de las habitaciones principales donde se encontraban todo tipo de mecanismos de tortura, junto colecciones de cuchillos y otras herramientas propias de un carnicero, a parte de unos ganchos donde colgaban los cuerpos una vez que terminaban con ellos. En el momento de su captura colgaba a su última victima Susana Torres de 27 años, estaba completamente desfigurada y le habían arrancado la piel; a través de un mecanismo de poleas llevaban el cuerpo hasta la cocina, había salpicaduras de sangre por el suelo. Una vez en la cocina nadie sabía que hacia con ellos, algunos dicen que los trocearon en pedazos pequeños, pero nunca se descubrió un solo hueso, por eso a la esposa la dejaron libre, a él lo condenaron a 30 años de cárcel, pero a los pocos meses tuvo un terrible accidente y murió, nunca se dijo que tipo de accidente sufrió, en los documentales de psicópatas solo podían hacer conjeturas y teorías absurdas, pero nunca se supo la verdad.
Por un segundo pensé que quizás esas caras que aparecían en mis fotos fueran de las victimas, era absurdo, aunque mi consciencia me pedía más racionalidad ante este tema, mi inconsciente estaba a punto de estallar de miedo.
Me marché a casa, no quería estar más tiempo allí, me faltaban pocos días para irme. Encendí la televisión, los informativos mostraban varias fotografías, daban la alerta por extrañas desapariciones en las últimas semanas, sus rostros no me decían nada, pero sus nombres si, los había escrito y grabado en el programa de visitas. Esta vez mi parte irracional fue más poderosa que mi parte racional, esos habían sido clientes nuestros habían visto la casa.
No podía pensar con claridad ¿y si estaba ocurriendo otra vez?, ¿y si había algo realmente maligno en ella? Mi mente actuaba por su cuenta, todo había cambiado desde que había llegado esa casa a la agencia, pero era absurdo, solo en las películas parecía real, pero ni siquiera las supuestas casas encantadas habían ocurrido cosas como esa, siempre hay una mano humana en estas cosas, culpar a un objeto de nuestros actos era muy sencillo.
Llamé a la policía solo para decirles que esas personas habían visitado una casa con nosotros, si realmente ocurría algo extraño que fueran ellos quienes lo encontraran, ya que en cualquier momento se descubriría que habían ido a la misma inmobiliaria.
A la mañana siguiente un sequito de policías y de otras personas con grandes maletines se fueron acompañados de mi jefe, el cual estaba profundamente furioso, ya que me había quemado con la mirada, se dirigieron a la casa.
Mis compañeros me observaban fijamente, sin apartar la vista de mi, sin mover un músculo, parecían depredadores a punto de lanzarse sobre de su presa, estaban esperando una señal, un movimiento mío, una palabra; pero no les di la oportunidad, me levante tranquilamente, mientras sus ojos me acosaban, me marche, miré el escaparate pues me pareció ver una sombra y justo al otro lado estaban los tres de pie, con los ojos inyectados en sangre intentando matarme con la mirada, y en cuestión de segundos Pedro lambía el cristal donde se dibujaba mi silueta; me alarmé y salí corriendo sintiéndolos en mi espalda persiguiéndome.
Por la tarde ellos estaban eufóricos como nunca los había visto, la policía no había encontrado nada. Observe atentamente cuando guardaron la llave de la casa en el cajetín, la casa tenia tres llaves y una de ellas era grande y vieja, pero las que estaban guardando solo tenía dos y eran pequeñas, habían engañado a la policía. Me sudaba la frente deseaba irme lo antes posible.
El teléfono sonó, era la voz de la anciana dueña de la casa, quería pasar la llamada al director, yo estaba muy nerviosa, pero ella insistió en hablar con migo; solo me preguntó ¿tu no has entrado verdad? Se lo afirme, ella empezó a gritarme, estaba tan furiosa que comenzó a amenazarme, intente tranquilizarla, pero mis nervios pudieron con migo e instintivamente colgué el teléfono.
Mi jefe y los asesores estaban una vez más quietos observándome, yo sentí como un gran fuego en mi pecho, las manos me temblaban, era incapaz de articular una palabra sin temblar antes. Casi sin darme cuenta estaban de pie al lado de mi mesa observándome, los cuatro me rodeaban, estaba aterrada mi corazón luchaba por salir del pecho, me costaba respirar, cogí el spray y lo puse delante de mi como si fuera un escudo protector, esperando que se apartarán lo antes posible, pero sonreían, mi gesto les había parecido muy gracioso;
Había una visita a la casa en diez minutos, los cuatro se fueron con esa terrible mueca dibujada.
Solo me faltaba unas horas para irme. Estaba sola, desesperada; había comenzado a recoger todas mis cosas, contando los segundos para poder salir de aquella pesadilla.
Entonces recibí una llamada, era el cliente de esa tarde, hablaba bajito, -¡ayúdame! Me he encerrado en un armario, ellos están locos (susurraba), por favor llama a la policía ¡por Dios!- tenía el auricular pegado a la oreja, no podía pensar, sentí como se me helaba la sangre, el hombre estaba llorando y suplicando por su vida, nunca pude borrar ese recuerdo, esa voz me despierta por las noches.
Llamé a la policía y les conté todo lo que sabía, esperaba que ellos lo solucionaran y yo me pudiera ir tranquila y orgullosa por hacer un buen trabajo, pero no era tan fácil, yo tenía un contrato que permitía a cualquier persona de la agencia entrar en la casa y una copia de la llave, si yo habría la puerta la policía podía intervenir en segundos, si no, había que esperar una orden y eso tardaría; quería irme a casa, supliqué, lloré pero el hombre que me llamo también suplicaba, él no podía esperar.
La puerta era de madera lacada en blanco como cualquier otra, mis piernas me temblaban, mi cuerpo reaccionaba lentamente a mis ordenes, detrás de mí seis policías armados esperando a que abriera y eso hice.
Un olor a rancio y a podredumbre nos obligo a taparnos la nariz retrasando durante unos segundos nuestros primeros pasos hacia el interior.
La pintura nueva de las paredes había desaparecido, el color granate era el predominante; los rostros estaba ahí de nuevo, eran sobrecogedores, sus expresiones mostraban la dureza del terror y la agonía perpetua; cuando toque la pintura se volvió líquida y asquerosa, era sin duda sangre, la casa entera lloraba sangre.
Sentí algo extraño que nacía en los más profundo de mi, algo oscuro, malvado, era una sensación amarga, fría que me envolvía, que penetraba hasta lo más profundo de mi ser e intentaba aflorar mis secretos más dolorosos.
Unos gritos espeluznantes brotaron al final del pasillo, despertándome de mi trance. Nos apresuramos, yo iba detrás. Pasamos por la cocina, estaba llena de sangre, enormes charcos coagulaba allí, sentí como se me iban las fuerzas, el suelo estaba lleno de arañazos y de uñas rotas, habían arrastrado a alguien por ahí; preferí no pensar.
Estábamos entrando en el comedor cuando los seis agentes gritaron –alto, apártense, todos juntos a la pared- lo siguiente que escuche fue ¡Dios mió! Entré despacio, nunca podré describir un escenario tas espeluznante como aquel, mi jefe y mis compañeros estaban manchados, de sus bocas aún se escapaba un hilo de sangre fresca y Eulalia terminaba de masticar algo; encima de la mesa sujeto de pies y manos el cliente sufría unos terribles espasmos, estaba abierto en canal y sus costillas rotas para permitir mejor acceso a los pulmones y al corazón.
El hombre seguía vivo cuando ellos le devoraban lentamente, mordisco por mordisco, mientras le hurgaban en su interior. Intentó luchar por arrancarse las ataduras, un dolor intenso y penetrante que nunca acababa lo volvía loco; su cuerpo estaba muerto pero su mente intentaba vivir.
Mi jefe aprovechó esa centésima de segundo en el que estábamos aturdidos para atacar a uno de los policías, le arrancó un trozo de carne del brazo, su compañero reacciono rápidamente y le disparó en la cabeza. Cayó al suelo, sus sesos estaban esparcidos por el suelo fusionándose con la sangre seca de sus víctimas.
No recuerdo mucho más, ya que tuve una fuerte crisis nerviosa
Estuve seis meses interna, haciendo terapia de grupo acompañada de los seis policías. Incomunicada y drogada con todo tipo de medicación para los nervios.
Meses después me enteré de que aquella horrible tarde encontraron 2 cadáveres parcialmente devorados colgados de unos ganchos, por lo que eran transportados a la cocina, donde eran lavados para después introducirlos en el congelador, para comerlos lentamente, no querían desperdiciar la comida.
Cuando los familiares de mis compañeros se enteraron tuvieron que recibir tratamiento antidepresivo, ya que ellos llevaban carne a casa, como si fuera cerdo o vaca y todos habían comido de ella.
Mis compañeros tuvieron un final trágico murieron en la cárcel supuestamente a causa de diversos accidentes, a Marcos lo encontraron en su cama asfixiado, Eulalia estaba en la lavandería con el cuello girado 360 grados su cuerpo estaba entre la lavadora y la secadora; y Pedro en los baños desangrándose con terribles cortes en las muñecas.
Ocurrió hace años, ya casi me había olvidado de ello, hasta que hace unos días recibí una llamada y una voz anciana me dijo “la he vendido” y me colgó.

Ahora me dirijo a ti, si as comprado esa casa o la has visto, aléjate de ella y de quien more en ella, se que te costará creerme pero tu vida está en peligro.

Diario de Día
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Lo que la inteligencia nos devuelve con el nombre del pasado no es el pasado (Marcel Proust)

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eskarina
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Mensaje por eskarina » 31 Oct 2007 17:05

Éste es otro relato que me gustó muchísimo, y creo que no se merecía quedarse así, sin ningún voto en la encuesta :( , pero bueno, sólo se podia votar uno...
Está muy bien cómo se va desarrollando la historia, con ese comienzo tan "normal", con la rutina de una agencia de pisos; y justo cuando parece que ya no va a pasar nada, comienza todo el horror (bueno, sabiendo que el tema era "terror" sí sabes que tiene que pasar algo por fuerza :roll: , pero imagino que si uno lo lee sin ideas preconcebidas, tiene que sorprender)

Enhorabuena, Yoy :D
Si las cosas nunca cambiaran, no habrí­a mariposas.

yoy
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Mensaje por yoy » 02 Nov 2007 01:53

Muchas gracias.

Quizás uno de mis fallos a sido precisamente ese, el principio es demasiado sencillo y cotidiano, tardá demasiado en llegar la acción.

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eskarina
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Mensaje por eskarina » 03 Nov 2007 05:52

No creas, como ya te dije, a mí me ha gustado precisamente eso, el contraste entre el principio y el final.
Si las cosas nunca cambiaran, no habrí­a mariposas.

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Jaime
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Mensaje por Jaime » 17 Mar 2008 01:07

Vaya intriga con la jodía casa :lol: Vamos, yo estoy trabajando con esa panda de locos en la inmobiliaria y salgo pies pa que te quiero :lol:

Felicidades por el puesto yoy!
Leyendo...
La víspera de casi todo, de Víctor del Árbol

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