La Mies (I terror) - rsoto21

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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julia
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La Mies (I terror) - rsoto21

Mensaje por julia » 08 Oct 2007 21:58

Nadie me creyó. Se los dije, pero no me creyeron.

Ya nadie se acuerda, sólo yo. No hace tanto tiempo que ocurrió, sólo un par de años. Pero ya nadie recuerda aquella noche. Nadie me creyó.

Papá fue el primero en ver las luces del cielo aquella primera vez. Decenas de luces de todos los colores danzaban silenciosamente como luciérnagas por todo el cielo. Papá encendió la linterna, se montó en el caballo y corrió a despertar al Alcalde, al cura y al capitán de la Guardia. Mamá lloraba apretando su crucifijo, rezando padrenuestros y avemarías casi sin respirar. Pero yo no tenía miedo. ¿Cómo iba a tenerle miedo a algo tan hermoso? Yo creía que los ángeles del cielo habían bajado a la tierra.

Las luces desaparecieron, tan repentinamente como habían aparecido.

La mañana siguiente sorprendió al pueblo con una escena horrenda. Cientos de animales muertos aparecieron tirados por todo el pueblo. Nadie había visto nunca algo así. A primera vista parecían cerdos, pero eran negros y tenían seis patas en lugar de cuatro. El hedor que despedían era espantoso. Los hombres del pueblo estuvieron varios días recogiendo los cadáveres. Los llevaron al terreno de mis abuelos a las afueras del pueblo, cerca del río. Allí los quemaron y enterraron las cenizas.

Durante un año la gente debatió sobre el significado de lo que había ocurrido. El alcalde sostuvo que las luces fueron causadas por el fuego de los cañones del fortín que defendía la bahía del pueblo. El viejo irlandés que fungía como maestro de escuela aseguró que todo había sido una aurora boreal. Mientras tanto, el cura del pueblo insistía que todo el episodio había sido una advertencia de Dios para que el pueblo dejara de pecar, fuera a misa fielmente y dejara de robarle al Señor en sus ofrendas y limosnas a la Iglesia. Ninguno, sin embargo, tenía explicación para las criaturas extrañas que aparecieron de la nada.

Con el tiempo la gente olvidó el incidente, y la vida en el pueblo regresó a la monótona normalidad.

Las luces regresaron un año después, no recuerdo exactamente cuándo. Desperté con el ruido de los caballos y las voces de los hombres que vinieron a buscar a Papá. El Alcalde había mandado a armar toda la milicia de voluntarios, en caso de que las luces fueran un truco de los ingleses. Mamá me prohibió salir, pero pude ver el sorprendente espectáculo celeste desde la ventana de mi cuarto hasta que, igual que la vez anterior, desaparecieron repentinamente.
Contrario a la ocasión anterior, y para el alivio del alcalde y de todos, ésta vez no apareció nada raro en las calles del pueblo al día siguiente.

Varias semanas después, una tarde calurosa de verano, mis primas y yo decidimos ir al río a bañarnos. Papá nos dio permiso, siempre y cuando regresáramos antes de que empezara a oscurecer. Camino al río pasamos por el terreno donde un año atrás los vecinos habían enterrado las extrañas criaturas. Para nuestra sorpresa, en el terreno habían aparecido varios arbustos repletos de frutas amarillas con la forma de mangos, pero del tamaño de uvas. Mi prima Genara, siempre atrevida, las probó primero. El resto la miramos con una mezcla de asco y sorpresa cuando dio el primer mordisco…

Luego de asegurarse de que Genara no cayera muerta ni envenenada, el resto de mis primas rápidamente siguió su ejemplo. Todas, menos yo. El sabor de las frutas era increíblemente delicioso, intoxicante, me decían todas a la vez que insistían en que yo las probara. Pero su olor, por alguna razón inexplicable, a mí me daba asco. No las probé. Nunca las probé.
Mis primas se olvidaron de ir al río y comieron hasta saciarse. Antes de irse recogieron todas las frutas que pudieron y las llevaron consigo a casa.

Las frutas revolucionaron al pueblo. Quienes las comían reportaba sentir más energía y fuerza. Muchos otros decían que desde que comían las frutas se habían sanado sus enfermedades. El médico del pueblo, un recién llegado de New Jersey, comenzó a usarlas para tratar a sus pacientes, con sorprendente éxito. Los ciegos y los sordos se sanaban. Las mujeres estériles quedaron embarazadas. Papá se sanó y dejó de cojear de la pierna izquierda, la que siempre le dolía gracias a un sablazo que le dio un soldado inglés cuando Papá defendió el pueblo de la fracasada invasión del Almirante Whelstone en 1702. Eso dice él. Yo no había nacido.

El médico le compraba una caja de frutas a Papá cada semana, con las que preparaba jarabes milagrosos que vendía en pueblos cercanos. El cura del pueblo proclamó que las frutas eran maná del cielo, y no perdía oportunidad para recordarle a Papá que necesitaba dinero para las reparaciones de la iglesia. El alcalde, por su parte, en un intento de romper el monopolio de Papá, sembró semillas de la nueva fruta en varias de las tierras más fértiles del pueblo, infructuosamente. Los arbustos tercamente se negaban a crecer fuera del terreno de Papá.

Mi casa y el pueblo entero estaban constantemente inundados por el olor dulzón e insoportable de las frutas. Mi Mamá servía frutas frescas en el desayuno, pan con jalea de frutas en el almuerzo, y jugo de frutas en la merienda. Sólo yo me resistía a comerlas. Las frutas me daban asco. Me sentía como en un infierno, rodeada de su olor nauseabundo.

Nadie parecía entender mi reacción. Papá me prohibió decirle a nadie, pues tenía miedo de que el cura proclamara que yo era un engendro del diablo. Yo pasaba cada vez más tiempo encerrada en mi cuarto, sola. A veces me entretenía leyendo, otras veces estaba rabiosa. Otras veces sólo lloraba.

Pero ya no era sólo por el olor, ya no; sino por algo que nadie más parecía notar.

Todo el mundo en el pueblo comenzó a engordar. Todos.

Hombres y mujeres, niños y ancianos, todos aumentaron de peso asombrosamente. Todos estaban gordos, gordísimos; todos excepto yo. Mamá tuvo que coser ropa nueva para ella y para Papá, porque ya ni con remiendos les servía la que tenían. Pero a nadie le importaba. Gracias a las frutas la obesidad no les robó energía ni les causó enfermedades. Todos seguían con sus vidas como si nada.

Para ese tiempo también me di cuenta de otra cosa rara. Nadie en el pueblo, absolutamente nadie, recordaba las luces, ni las criaturas horribles que aparecieron la noche después que aparecieron las luces por primera vez. Cuando le hablé sobre eso a mis primas, me dijeron que no sabían de qué estaba hablando. Cuando le pregunté a Mamá, corrió a decirle a Papá que yo estaba viendo visiones y volviéndome loca. Él me miró de arriba abajo, y me prohibió hablar del tema. ¿Qué dirían los vecinos?

Nunca volví a mencionar las luces… hasta anoche.

Anoche las luces regresaron, con un espectáculo más impresionante que los de antes. Llamé a mis padres, pero me mandaron de vuelta a la cama. Insistí, gritándoles que salieran a ver, porque algo andaba mal y ésta vez las luces eran diferentes. Mi padre me agarró del brazo, enojadísimo, y me arrastró hasta el patio de la casa. Cientos de luces surcaban el cielo, pero él señalaba hacia el cielo con el dedo, gritándome que allí no había nada.

Las luces se movían rápidamente por el cielo, pero en lugar de dar vueltas de forma errante como antes, ésta vez parecían moverse ordenadamente, como si tuvieran un propósito. Ya no se movían de forma silenciosa, ahora hacían un ruido terrible, como el de un huracán. Lloré para que Papá me soltara, pero él sólo hundió más sus dedos en mi antebrazo. Me apretó, me sacudió y me dijo a gritos que allí no había nada, que estaba loca, y que mañana al amanecer me llevaría con el médico americano y con el cura.

Sacando fuerzas de no sé donde, de un tirón logré zafarme de las garras de Papá. Salí corriendo y me escondí entre los árboles del patio del vecino. Desde allí pude ver cómo varias de las luces bajaron del cielo y se posaron en las calles del pueblo.

Fue entonces que los vi por primera vez. Salieron de las luces que habían bajado a la tierra. Eran altos, más que Papá, delgados y esbeltos. Tenían dos piernas y cuatro brazos. Sus cabezas eran extrañas, parecidas a los mastines que usaban los soldados.

Algunas de las luces permanecieron flotando sobre la calle, iluminando las casas desde arriba. Las criaturas entraron a las casas, una por una, y a la fuerza sacaron a todas las personas a la calle. Paralizada por el miedo, observé cuando arrastraron a Papá y Mamá fuera de la casa.

Nadie quiso creerme. Yo traté de advertirles. Pero me dijeron que estaba loca.

Más y más criaturas salieron de las luces. Sus cuerpos esbeltos contrastaban marcadamente con el grupo de obesos humanos que poco a poco quedó rodeado por cientos de figuras sacadas del Infierno de Dante. Papá abrazó a Mamá, que no paraba de gritar.

Nadie quiso creerme. Traté de advertirles. Las frutas eran una trampa. Para sanarlos. Para engordarlos.

Las luces multicolores se combinaron con los ensordecedores gritos de terror de las personas para producir la escena más espantosa que había visto en mi vida. Con la velocidad de un rayo las criaturas se abalanzaron sobre el grupo de humanos.



Sus afilados colmillos desgarraron, una y otra vez, la carne gorda de los animales que por años habían criado.

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Mensaje por azucena » 11 Oct 2007 11:41

Ha estado bastante interesante, pero sin embargo no me ha parecido original :( porque el final era un poco previsible desde que empiezan a engordar. La idea de que sanaban me ha encantado ¡eso sí ha sido original! :o . Pero como punto positivo creo que sería que es un relato muy ágil de lectura y creo que el autor ha sabido crear tensión y curiosidad por lo que estaba sucediendo.
Me ha gustado bastante. :D


Voy a intentar escribir mi opinión sobre los relatos lo más honestamente posible. Espero no molestar al autor. Lo hago porque pienso que si han querido participar en el premio popular es porque tienen interés en saber lo que los lectores opinamos de su creación ¿no? Me resulta un poco violento comentar, pero lo hago como lectora, no soy entendida de nada, así que todo lo que digo es totalmente subjetivo y sin valor.
Estaría bien que gente más entendida diese su opinión ¿no? :oops:
Eki guapo Imagen que me pillaste con el carrito del helado :oops:

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Mensaje por El Ekilibrio » 11 Oct 2007 11:48

azucena escribió:Ha estado bastante interesante, pero sin embargo no me ha parecido original :( porque el final era un poco previsible desde que empiezan a engordar. La idea de que sanaban me ha encantado ¡eso sí ha sido original! :o . Pero como punto positivo creo que sería que es un relato muy ágil de lectura y creo que el autor ha sabido crear tensión y curiosidad por lo que estaba sucediendo.
Me ha gustado bastante. :D


Voy a intentar escribir mi opinión sobre los relatos lo más honestamente posible. Espero no molestar al autor. Lo hago porque pienso que si han querido participar en el premio popular es porque tienen interés en saber lo que los lectores opinamos de su creación ¿no? Me resulta un poco violento comentar, pero lo hago como lectora, no soy entendida de nada, así que todo lo que digo es totalmente subjetivo y sin valor.
Estaría bien que gente más entendida diese su opinión ¿no? :oops:
Eki guapo Imagen que me pillaste con el carrito del helado :oops:

Tu eres lo suficientemente entendida.
Yo, como participante, no quiero dar mi opinión de ninguno hasta que no sepamos el fallo popular (lo de fallo no va por la encuesta)
Gracias por comentar, azu. (por cierto, ¿sabes algo de tu hermanito marinerito?)
Nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia
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Mensaje por azucena » 11 Oct 2007 11:55

Que va :( no sé nada de nada de él :(
Y de gracias nada, es lo menos si los leemos ¿no? Y ya sé que tú sí que comentarías si no participases :D
Y sobre lo de entendida, sé que no, pero te lo agradezco :oops: :D

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Mensaje por julia » 11 Oct 2007 12:19

El Ekilibrio escribió:Tu eres lo suficientemente entendida.
Yo, como participante, no quiero dar mi opinión de ninguno hasta que no sepamos el fallo popular (lo de fallo no va por la encuesta)
Gracias por comentar, azu. (por cierto, ¿sabes algo de tu hermanito marinerito?)


Eso regodeate, con los que metemos la pata........ :(

Que conste que puse mi mejor intencion, pero algun fantasma se debio de quedar colgado del ordenador
Lo que la inteligencia nos devuelve con el nombre del pasado no es el pasado (Marcel Proust)

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Mensaje por El Ekilibrio » 11 Oct 2007 13:46

julia escribió:
El Ekilibrio escribió:Tu eres lo suficientemente entendida.
Yo, como participante, no quiero dar mi opinión de ninguno hasta que no sepamos el fallo popular (lo de fallo no va por la encuesta)
Gracias por comentar, azu. (por cierto, ¿sabes algo de tu hermanito marinerito?)


Eso regodeate, con los que metemos la pata........ :(

Que conste que puse mi mejor intencion, pero algun fantasma se debio de quedar colgado del ordenador

Buah. Contento estará el autor de este relato...
El día que no me regodee con lo que tu hagas, es que habré dejado de quererte. Por tanto, sólo tienes que aguantarme una eternidad.
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Mensaje por Roland » 12 Dic 2007 20:14

¿No ha aparecido el autor de este relato?
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Mensaje por lucia » 16 Dic 2007 14:06

Sé quién es, pero estoy preguntándole si quiere aparecer en el recopilatorio. Cuando tenga su respuesta te digo algo ;)

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Mensaje por Roland » 16 Dic 2007 17:21

lucia escribió:Sé quién es, pero estoy preguntándole si quiere aparecer en el recopilatorio. Cuando tenga su respuesta te digo algo ;)


Gracias lucía! :wink:
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Mensaje por rsoto21 » 05 Ene 2008 02:16

Roland escribió:
lucia escribió:Sé quién es, pero estoy preguntándole si quiere aparecer en el recopilatorio. Cuando tenga su respuesta te digo algo ;)


Gracias lucía! :wink:


Mil disculpas por andar siempre perdido. El autor de La Mies soy yo.



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Mensaje por Jaime » 17 Mar 2008 01:03

Con muchos meses de retraso, pero más vale tarde que nunca, estoy leyendo los relatos que participaron en el anterior concurso, y permíteme decirte Raúl que el tuyo es, cuanto menos, original. A mí siempre me han gustado este tipo de historias y aunque sí es verdad que me hubiera gustado ver otro final, te doy mi enhorabuena :wink:
Leyendo...
La víspera de casi todo, de Víctor del Árbol

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