Al leer libros descubro cartas

Aquellas maravillosas cartas.

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Cape
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Re: Al leer libros descubro cartas

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La señorita Medina - Adelaida García Morales

Sería mejor que buscara una novia que le correspondiera, pues su amor por Nieves es imposible.
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Cape
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Re: Al leer libros descubro cartas

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La señorita Medina - Adelaida García Morales

Existen más mujeres como usted, seguro que si se lo propone encontraría una amante entre ellas.
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madison
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Re: Al leer libros descubro cartas

Mensaje por madison »

Juan José Arreola.-Confabulario


Estimable señor:
Como he pagado a usted tranquilamente el dinero que me cobró por reparar mis zapatos, le va a extrañar sin duda la carta que me veo precisado a dirigirle.
En un principio no me di cuenta del desastre ocurrido. Recibí mis zapatos muy contento, augurándoles una larga vida, satisfecho por la economía que acababa de realizar: por unos cuantos pesos, un nuevo par de calzado. (Éstas fueron precisamente sus palabras y puedo repetirlas.)
Pero mi entusiasmo se acabó muy pronto. Llegado a casa examiné detenidamente mis zapatos. Los encontré un poco deformes, un tanto duros y resecos. No quise conceder mayor importancia a esta metamorfosis.
Soy razonable. Unos zapatos remontados tienen algo de extraño, ofrecen una nueva fisonomía, casi siempre deprimente.
Aquí es preciso recordar que mis zapatos no se hallaban completamente arruinados. Usted mismo les dedicó frases elogiosas por la calidad de sus materiales y por su perfecta hechura. Hasta puso muy alto su marca de fábrica. Me prometió, en suma, un calzado flamante.
Pues bien: no pude esperar hasta el día siguiente y me descalcé para comprobar sus promesas. Y aquí estoy, con los pies doloridos, dirigiendo a usted una carta, en lugar de transferirle las palabras violentas que suscitaron mis esfuerzos infructuosos.
Mis pies no pudieron entrar en los zapatos. Como los de todas las personas, mis pies están hechos de una materia blanda y sensible. Me encontré ante unos zapatos de hierro. No sé cómo ni con qué artes se las arregló usted para dejar mis zapatos inservibles. Allí están, en un rincón, guiñándome burlonamente con sus puntas torcidas.
Cuando todos mis esfuerzos fallaron, me puse a considerar cuidadosamente el trabajo que usted había realizado. Debo advertir a usted que carezco de toda instrucción en materia de calzado. Lo único que sé es que hay zapatos que me han hecho sufrir, y otros, en cambio, que recuerdo con ternura: así de suaves y flexibles eran.
Los que le di a componer eran unos zapatos admirables que me habían servido fielmente durante muchos meses. Mis pies se hallaban en ellos como pez en el agua. Más que zapatos, parecían ser parte de mi propio cuerpo, una especie de envoltura protectora que daba a mi paso firmeza y seguridad. Su piel era en realidad una piel mía, saludable y resistente. Sólo que daban ya muestras de fatiga. Las suelas sobre todo: unos amplios y profundos adelgazamientos me hicieron ver que los zapatos se iban haciendo extraños a mi persona, que se acababan. Cuando se los llevé a usted, iban ya a dejar ver los calcetines.
También habría que decir algo acerca de los tacones: piso defectuosamente, y los tacones mostraban huellas demasiado claras de este antiguo vicio que no he podido corregir.
Quise, con espíritu ambicioso, prolongar la vida de mis zapatos. Esta ambición no me parece censurable: al contrario, es señal de modestia y entraña una cierta humildad. En vez de tirar mis zapatos, estuve dispuesto a usarlos durante una segunda época, menos brillante y lujosa que la primera. Además, esta costumbre que tenemos las personas modestas de renovar el calzado es, si no me equivoco, el modus vivendi de las personas como usted.
Debo decir que del examen que practiqué a su trabajo de reparación ha sacado muy feas conclusiones. Por ejemplo, la de que usted no ama su oficio. Si usted, dejando aparte todo resentimiento, viene a mi casa y se pone a contemplar mis zapatos, ha de darme toda la razón. Mire usted qué costuras: ni un ciego podía haberlas hecho tan mal. La piel está cortada con inexplicable descuido: los bordes de las suelas son irregulares y ofrecen peligrosas aristas. Con toda seguridad, usted carece de hormas en su taller, pues mis zapatos ofrecen un aspecto indefinible.
Recuerde usted, gastados y todo, conservaban ciertas líneas estéticas. Y ahora...
Pero introduzca usted su mano dentro de ellos. Palpará usted una caverna siniestra. El pie tendrá que transformarse en reptil para entrar. Y de pronto un tope; algo así como un quicio de cemento poco antes de llegar a la punta. ¿Es posible? Mis pies, señor zapatero, tienen forma de pies, son como los suyos, si es que acaso usted tiene extremidades humanas.
Pero basta ya. Le decía que usted no le tiene amor a su oficio y es cierto. Es también muy triste para usted y peligroso para sus clientes, que por cierto no tienen dinero para derrochar.
A propósito: no hablo movido por el interés. Soy pobre pero no soy mezquino. Esta carta no intenta abonarse la cantidad que yo le pagué por su obra de destrucción. Nada de eso. Le escribo sencillamente para exhortarle a amar su propio trabajo. Le cuento la tragedia de mis zapatos para infundirle respeto por ese oficio que
la vida ha puesto en sus manos; por ese oficio que usted aprendió con alegría en un día de juventud... Perdón; usted es todavía joven. Cuando menos, tiene tiempo para volver a comenzar, si es que ya olvidó cómo se repara un par de calzado.
Nos hacen falta buenos artesanos, que vuelvan a ser los de antes, que no trabajen solamente para obtener el dinero de los clientes, sino para poner en práctica las sagradas leyes del trabajo. Esas leyes que han quedado irremisiblemente burladas en mis zapatos.
Quisiera hablarle del artesano de mi pueblo, que remendó con dedicación y esmero mis zapatos infantiles.
Pero esta carta no debe catequizar a usted con ejemplos.
Sólo quiero decirle una cosa: si usted, en vez de irritarse, siente que algo nace en su corazón y llega como un reproche hasta sus manos, venga a mi casa y recoja mis zapatos, intente en ellos una segunda operación, y todas las cosas quedarán en su sitio.
Yo le prometo que si mis pies logran entrar en los zapatos, le escribiré una hermosa carta de gratitud, presentándolo en ella como hombre cumplido y modelo de artesanos.
Soy sinceramente su servidor.
Juan José Arreola
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elultimo
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Re: Al leer libros descubro cartas

Mensaje por elultimo »

Carta de Charlotte Brontë a Robert Southey después de que la autora le pidiera opinión sobre algo que había escrito y el poeta le contestara que vale, que tenía talento, pero que mejor se dedicara a otra cosa si quería ser feliz...

16 de marzo
Señor:
No descansaré hasta que haya contestado a su carta, aunque dirigiéndome a usted por segunda vez parezca un poco impertinente; pero tengo que agradecerle el amable y sabio consejo que ha tenido a bien darme. No me había atrevido a esperar semejante respuesta, tan considerada en el tono y de tan noble espíritu. Tengo que reprimir lo que siento o me creerá tontamente entusiasmada.
A la primera lectura de su carta sentí sólo vergüenza y lamenté haberle molestado con mi burda rapsodia. Sentí un gran bochorno al pensar en las manos de papel que había llenado con lo que tanto gozo me había producido y que ahora sólo era causa de confusión; pero después de pensarlo un poco y leer de nuevo la carta, la perspectiva pareció aclararse. No me prohíbe usted que escriba; no me dice que lo que escribo carece de valor por completo. Sólo me advierte que es insensato descuidar los verdaderos deberes por placeres fantásticos; que lo es escribir por amor a la fama; por la emoción egoísta de la emulación. Me permite amablemente escribir poesía por el puro placer de hacerlo siempre que no deje sin hacer algo que tenga que hacer para entregarme a ese único placer absorbente e infinito. Me temo que crea que soy estúpida, señor. Sé que la primera carta que le escribí era absurda y sin sentido del principio al fin; pero no soy en absoluto la criatura ociosa y soñadora que pudiera parecer. Mi padre es clérigo y dispone de ingresos limitados aunque suficientes; y yo soy la mayor de sus hijos. Él ha gastado en mi educación cuanto podía permitirse sin dejar de ser justo con los demás. Por ello consideré un deber ser profesora al salir del colegio. Y como tal, tengo en qué ocupar mis pensamientos durante todo el día, y también la cabeza y las manos, sin disponer de un momento para un sueño de la imaginación. Por las noches, lo confieso, pienso, pero nunca molesto a nadie con mis pensamientos. Evito con cuidado cualquier apariencia de preocupación y excentricidad que pudiera hacer sospechar la naturaleza de mis indagaciones a aquellos con quienes vivo. Siguiendo el consejo de mi padre, que me ha guiado desde pequeña con el mismo tono afable y sabio de su carta, no sólo he procurado cumplir todos los deberes que ha de realizar una mujer, sino sentirme profundamente interesada por ellos. No siempre lo consigo, porque a veces cuando estoy enseñando o cosiendo preferiría estar leyendo o escribiendo; pero intento sacrificarme; y la aprobación de mi padre me compensa por la privación. Permítame expresarle una vez más mi sincero agradecimiento. Confío en no volver a aspirar a ver mi nombre impreso; si sintiera ese deseo, pensaré en la carta de Southey y lo reprimiré. Ya es honor suficiente que le haya escrito y me haya contestado. Esa carta es sagrada; no la verá nunca nadie más que papá y mi hermano y mis hermanas. Gracias de nuevo. Creo que este incidente no se repetirá. Cuando sea vieja, si es que vivo hasta entonces, lo recordaré dentro de treinta años como un sueño luminoso. La firma que creyó usted falsa es mi verdadero nombre. Así que una vez más he de firmar.
C. BRONTË
P.D.: Le ruego, señor, me excuse por escribirle otra vez; no he podido evitarlo, en parte para expresarle todo mi agradecimiento por su amabilidad, y en parte para hacerle saber que su consejo no será inútil; por muy afligida y reacia que lo siga al principio.
C. B.
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durito
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Re: Al leer libros descubro cartas

Mensaje por durito »

de franz kafka para hermann kafka

'También es verdad que prácticamente nunca me has pegado de verdad. Pero tus gritos, tu cara enrojecida, tu costumbre de quitarte a toda prisa los tirantes y dejarlos a mano en el respaldo de la silla, para mí eran casi peores. Es como cuando llevan a alguien al patíbulo. Si de verdad lo ahorcan, morirá y todo habrá acabado. Pero si se ve obligado a alistar los preparativos de la ejecución y la noticia del indulto le llega cuando el lazo cuelga ya delante de su cara, puede ser que quede marcado para toda la vida. Además, la suma de todos esos episodios en los que, según expresabas sin empacho, yo habría merecido una paliza, pero me libraba de ella por los pelos, gracias a tu clemencia, me aportaba nuevas y abundantes dosis de sentimiento de culpa. Cualquiera que fuese el ángulo escogido, yo aparecía como el culpable ante ti.'
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madison
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Re: Al leer libros descubro cartas

Mensaje por madison »

La puerta estrecha, de Andre Gide

Querido Jérôme:
Me derrito de alegria cuando te leo. Iba a contestar tu carta de Ovieto, cuando han llegado a la vez la de Perusa y la de Asís. Mi pensamiento se hace viajero. Solo mi cuerpo finge estar aqui;en realidad estoy recorriendo contigo los blancos caminos de Umbria, contigo salgo por lasmañanas contemplo con ojos uevos la aurora...¿ Me llamaste de veras desde la terraza de Cortona? Yo te oí...¡ Pasamos una sed terrible en la montaña que da sobre Asís ! ¡ Pero qué bueno me pareció el vaso de agua del franciscano! Si, ¿ verdad?, hay que buscar una exaltación y no una emancipacion del pensamiento. Esta va siempre ligada a un orgullo abominable. Poner la ambición no rebelarse, sino en servir...
Las noticias de Nimes son tan buenas que pienso que Dios me permite abandonarmea la alegria. La unica sombra de este verano ez el estado de mi pobre padre. A pesar de mis cuidados, está triste, o, mejor dicho, vuelve a reencontrar su tristeza en cuanto lo dejo entregado a sí mismo y cada vez es menos facil sacarle de este estado. Toda la alegria de la naturaleza habla a nuestro alrededor una lengua que para él se ha vuelto extraña, y ni siquiera se esfuerza ya por comprenderla.
Miss Ashburton está bien. A los dos les leo tus cartas. Cada una nos da tema para hablar tres dias, y entonces llega otra nueva...
...Robert nos dejó anteayer. Va a pasar el fin de vacaciones encasa de su amigo, R..., cuyo padre dirige una granja modelo. Cierto que la vida que llevamos aqui no le resulta divertida. Cuando habló de marcharse, tuve que animarlea llevar a cabo este proyecto.
¡ Tengo tanto que decirte! ¡ Estoy sedienta de una conversación inagotable! A veces ya no encuentro palabra, ideas precisas- esta noche estoy escribiendo como en sueños-, y conservo únicamente la sensación casi obsesiva de una infinita tiqueza para dar y recibir.
¿ Cómo hemos podido mantenernos tan callados tan largos meses? Sin duda hibernábamos. ¡ Oh, que haya acabado para siempre ese terrible invierno de silencio! Desde que he vuelto a encontrarte, la vida, el pensamiento, nuestra alma, todo me parece hermoso, adorable, inagotablemente fertil..
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durito
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Re: Al leer libros descubro cartas

Mensaje por durito »

de bartolomé vanzetti para su hijo

'Querido hijo mío, he soñado con ustedes día y noche. No sabía si aún seguía vivo o estaba muerto. Hubiera querido abrazarlos a ti y a tu madre. Perdóname, hijo mío, por esta muerte injusta que tan pronto te deja sin padre. Hoy podrán asesinarnos, pero no podrán destruir nuestras ideas. Ellas quedarán para generaciones futuras, para los jóvenes como tú. Recuerda, hijo mío, la felicidad que sientes cuando juegas, no la acapares toda para ti. Trata de comprender con humildad al prójimo, ayuda a los débiles, consuela a quienes lloran. Ayuda a los perseguidos, a los oprimidos. Ellos serán tus mejores amigos. Adiós esposa mía. Hijo mío. Camaradas.'
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madison
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Re: Al leer libros descubro cartas

Mensaje por madison »

7 de enero de 1915
Amor mio:
¡Tu carta, al fin  Ha llegado hoy, y eso que la escribiste el 26 de diciembre. ¡Con lo cerca que estamos! Tristeza me la ha entregado personalmente.
Debe de sospechar de qué se trata, pero no me ha hecho ninguna pregunta. Ha llamado a la puerta, me ha saludado, me ha dado el sobre y se ha ido.
He leído tus palabras llorando de alegría. Tengo tu carta apretada contra el corazó, sí, contra el corazón, sobre la piel  y tengo la sensacion de que eres tú quién está ahí, con tu calor y tu olor. Cierro los ojos...
Temo tanto por ti...Aquí hay una clínica a la que  o paran de traer heridos. Todos los días llegan camiones llenos
Tengo tanto miedo de reconocerte entre ellos...Su aspecto es inhumano; algunos  o tienen casi rostro, otros gimen como si hubieran perdido la razón...
Cuídate mucho, amor mío, y piensa en mí, que te amo y quiero ser tu mujer. Te mando un beso muy tierno.
Tu Lyse

Almas grises
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Tessia
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Re: Al leer libros descubro cartas

Mensaje por Tessia »

Oscar Wilde
carta a Bosie, De Pro fundis, que terminaba así:

«Viniste a mí para aprender el Placer de la Vida y el Placer del Arte. Acaso se me haya escogido para enseñarte algo que es mucho más maravilloso, el significado del Dolor y su belleza. Tu amigo que te quiere, Oscar Wilde».
"Cuando madures búscame, estaré en los columpios" Anónimo

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madison
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Re: Al leer libros descubro cartas

Mensaje por madison »

Cada hombre en su noche, de Julien Green

Querido Wilfred: Con el fin de que no me crea peor de lo que soy, déjeme que le ofrezca estos dos libritos que yo leía mucho en otros tiempos y que tal vez le concengan a ustde. Ahora ya no los leo porque me basta con abrirlos para oir el grito de las almas perdidas que se han estrellado contra el muro de cristal de la perfección.
Pero ustex puede intentar la aventura.
¿ Cuándonos volveremos a ver? ¿ Esta tarde?
Suyo.
Max

P.S. :¿ Fue usted quién vino ayer? El viejo perro que le respondio desde la ventana me describió a alguien que a mi parecer, sólo podía ser usted.
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Cape
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Re: Al leer libros descubro cartas

Mensaje por Cape »

La tierra que pisamos - Jesús Carrasco.

Estimado teniente Boom:
Mi nombre es Eva Holman y me dirijo a usted para informarle de que, de una extraña manera, ha llegado a mis manos una prenda que, creo, es de su propiedad. Se trata de una chaqueta de sarga oscura con botones de ébano.
La portaba un hombre cuya identidad no puedo precisar pero que quizá, por su descripción, usted reconozca: aproximadamente un metro sesenta de estatura, pelo moreno y ondulado, nariz aguileña y, muy particularmente, cicatrices en la cara.
En uno de los bolsillos encontré una carta de recomendación firmada por usted cuyo beneficiario ignoro si es este hombre u otro.
Le ruego se ponga en contacto conmigo para indicarme cómo proceder, pues cabe la posibilidad de que su nombre pueda haber sido utilizado de manera espuria.
Afectuosamente,
Eva Holman,
Señora del coronel Iosif Holman, del VI Regimiento de Fusileros de Su Majestad.
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Cape
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Re: Al leer libros descubro cartas

Mensaje por Cape »

La tierra que pisamos- Jesús Carrasco.

Estimada señora Holman:
Gracias por ponerse en contacto conmigo y por su gentileza. Ignoro de qué «extraña manera» ha llegado a usted esa prenda que, por su detallada descripción, no cabe duda, es de mi propiedad. O al menos lo fue.
Veo por el matasellos que me escribe usted desde las colonias españolas. Si es ahí donde, como supongo, ha llegado a sus manos mi chaqueta, debo expresarle mi asombro, ya que, si no me equivoco, la última vez que vestí esa prenda fue en una de las estaciones madereras de los territorios del norte, donde serví durante algunos años.
La descripción de quien la portaba tampoco ofrece lugar a equívoco. Sus rasgos generales podrían corresponder a los de muchos hombres pero las marcas en la cara y el que llevara una chaqueta con mis iniciales reducen las posibilidades a uno solo.
Tampoco yo puedo precisar su identidad dado que en el tiempo en el que estuvo a mis órdenes no pronunció ni una vez su nombre. De hecho, solo en una ocasión pude oír su voz. En cualquier caso, ese hombre con el que usted se ha encontrado causó en mí cierta impresión. Tanto es así que redacté para él una carta de recomendación que, tengo la sensación, por los años transcurridos, surtió efecto.
Suyo,
Adrien Boom,
Teniente ingeniero retirado.
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Gretogarbo
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Re: Al leer libros descubro cartas

Mensaje por Gretogarbo »

Freeman’s Court, Cornhill
28 de agosto de 1827
«Bardell contra Pickwick»



Muy señor nuestro:
Habiendo recibido instrucciones de la señora Martha Bardell para iniciar una acción contra usted por ruptura de promesa de matrimonio, por la cual la demandante estima su indemnización en mil quinientas libras, rogamos se dé por notificado y conocedor de que se ha presentado un escrito contra usted, en esta causa, en la Audiencia Civil; solicitando saber, a vuelta de correo, el nombre del abogado, en Londres, que asumirá su defensa.
Quedan de usted attos. affmos., s., s.,
Dodson y Fogg
Al señor Samuel Pickwick.

Los papeles póstumos del Club Pickwick, de Charles Dickens (traducción de José María Valverde; ilustración de Robert Seymour y Phiz)

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Gretogarbo
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Re: Al leer libros descubro cartas

Mensaje por Gretogarbo »

Y en esto salió de la casa una mujer de unos cincuenta y tantos años con un perrucho detrás; traía agarrada por el respaldo una silla completamente nueva, nos dijo: "Buenas noches" y la echó a la hoguera, mejor dicho la plantó clavándole bien las patas en la brasa que en seguida se empezó a animar, y ella se quedó allí quieta mirando. De repente se levanta Ester y me dice: "Aquí, ¿no te pare? yo me levanté también: "Claro, mujer —le digo—, ¿dónde mejor?", y nos mirábamos con un entendimiento total, sacó ella su paquete de cartas y yo el mío y los tiramos al fuego. Abultaban bastante porque nos habíamos escrito mucho, sobre todo en la primera época de conocernos cuando ella se fue a Tánger con su madre que estaba allí en un sanatorio psiquiátrico, qué época tan infernal, no tenía más que conflictos consigo misma, con la madre, con el amante de la madre, me cogía manías furibundas a mí, me traicionaba, me pedía perdón, me castigaba con silencios incomprensibles, hasta se intentó suicidar, y en las cartas me lo contaba todo revuelto, eso sí, lo malo nada más, dice que la alegría es más difícil de expresar y que ella cuando está alegre lo que quiere es salir a la calle y ver gente y no montarse la cabeza con explicoteos, pero yo, claro, si la última carta venía de humor negro me quedaba en ascuas hasta que volvía a ver su letra; qué cantidad de impaciencia y de petición de socorro, cuántos sellos de urgencia, cuánta ira y amor y deseo se quemaban en aquellos papeles; no ardieron en seguida, habían caído encima del asiento de la silla y se quedaron un rato allí a buen recaudo, como en una islita porque las llamas todavía no subían muy altas. "Estábamos a tiempo de salvar alguna, como hacen con las fallas de Valencia —dijo Ester—; se salva la mejor, yo cogería la de los tequieros atrasados, ¿la cojo?, está encima de todas"; era una en que yo le había dicho que los tequieros de las cartas atrasadas se mustian como las flores, que si los lees dos días después de recibidos ya no te valen, necesitas los que llegan recientes, aunque estén escritos con la misma letra y hasta en una frase igual. "No, no la cojas —le dije— porque es verdad que dejan de servir, se han mustiado, sólo el fuego los salvará, deja que se quemen todos los tequieros viejos y también los teodios", y la besé. La mujer, al otro lado de la hoguera, miraba absorta los dos montoncitos, como esperando un acontecimiento solemne; cuando por fin las llamas los alcanzaron, nos miró a nosotros y dijo: "Hacen bien, lo que dura para siempre no necesita de papeles"; yo la sonreí por encima del fuego, pero ella estaba muy seria, una cara impresionante: "Además —sentenció— nada dura para siempre", volvió a dar las buenas noches y se metió para adentro con el perrucho. Este verano he ido yo solo de paseo por aquellos alejados barrios pero no he encontrado la casa; en un año esa parte ha cambiado muchísimo.
Retahílas, de Carmen Martín Gaite

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