¿Escribimos un relato entre todos? (Juego)

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jose2v
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Re: ¿Escribimos un relato entre todos?

Mensaje por jose2v »

Capítulo I Aquí

Capítulo II
Antoñin era un niño malote. Tiempo atrás había trapicheado por los suburbios vendiendo apuntes de matemáticas, asignatura que traía a todos de cabeza, y se sacaba unas perrillas que le daban a mayores para comprar revistas porno. Nadie sabía de sus fetiches, que acumulaba en un rincón del desván. Allí guardaba todos los calcetines manchados de sus amantes. Al encontrarlos, su madre le obligó a devolverlos. Furioso, los metió en una caja de Ikea que le sobraba de la mudanza que había hecho hace tiempo cargado de cachivaches sadomaso. Los más brutos eran unas espuelas para caballo que daban pinchazos en los glúteos, generando placer a la víctima y al victimario. Este último tendía a aplicarse descargas umbrías de estrellas perdidas en un firmamento oscuro con luces aladas de luciérnagas para recordarnos que el Big Bang es esa errática y abismal luminaria interna de todo ser.
Rápido aprendió que comprender sin sentir no era suficiente para ser un personaje la mar de masculino, por mucho que le advirtieron de los peligros de las fanecas cuando se hacen mal. Entonces tuvo una gran idea, haría un espeto en medio bidón lleno ...
La literatura, un placer; la poesía, un deleite.

Cuando aprender andaluz es dejarlo para más adelante, algo está mal.
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oscall
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Re: ¿Escribimos un relato entre todos? (Juego)

Mensaje por oscall »

Antoñin era un niño malote. Tiempo atrás había trapicheado por los suburbios vendiendo apuntes de matemáticas, asignatura que traía a todos de cabeza, y se sacaba unas perrillas que le daban a mayores para comprar revistas porno. Nadie sabía de sus fetiches, que acumulaba en un rincón del desván. Allí guardaba todos los calcetines manchados de sus amantes. Al encontrarlos, su madre le obligó a devolverlos. Furioso, los metió en una caja de Ikea que le sobraba de la mudanza que había hecho hace tiempo cargado de cachivaches sadomaso. Los más brutos eran unas espuelas para caballo que daban pinchazos en los glúteos, generando placer a la víctima y al victimario. Este último tendía a aplicarse descargas umbrías de estrellas perdidas en un firmamento oscuro con luces aladas de luciérnagas para recordarnos que el Big Bang es esa errática y abismal luminaria interna de todo ser.
Rápido aprendió que comprender sin sentir no era suficiente para ser un personaje la mar de masculino, por mucho que le advirtieron de los peligros de las fanecas cuando se hacen mal. Entonces tuvo una gran idea, haría un espeto en medio bidón lleno de aceite oliva
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Gretogarbo
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Re: ¿Escribimos un relato entre todos?

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Capítulo I Aquí

Capítulo II
Antoñin era un niño malote. Tiempo atrás había trapicheado por los suburbios vendiendo apuntes de matemáticas, asignatura que traía a todos de cabeza, y se sacaba unas perrillas que le daban a mayores para comprar revistas porno. Nadie sabía de sus fetiches, que acumulaba en un rincón del desván. Allí guardaba todos los calcetines manchados de sus amantes. Al encontrarlos, su madre le obligó a devolverlos. Furioso, los metió en una caja de Ikea que le sobraba de la mudanza que había hecho hace tiempo cargado de cachivaches sadomaso. Los más brutos eran unas espuelas para caballo que daban pinchazos en los glúteos, generando placer a la víctima y al victimario. Este último tendía a aplicarse descargas umbrías de estrellas perdidas en un firmamento oscuro con luces aladas de luciérnagas para recordarnos que el Big Bang es esa errática y abismal luminaria interna de todo ser.
Rápido aprendió que comprender sin sentir no era suficiente para ser un personaje la mar de masculino, por mucho que le advirtieron de los peligros de las fanecas cuando se hacen mal. Entonces tuvo una gran idea, haría un espeto en medio bidón lleno de aceite de oliva virgen lampante que
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jose2v
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Re: ¿Escribimos un relato entre todos?

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Capítulo I Aquí

Capítulo II
Antoñin era un niño malote. Tiempo atrás había trapicheado por los suburbios vendiendo apuntes de matemáticas, asignatura que traía a todos de cabeza, y se sacaba unas perrillas que le daban a mayores para comprar revistas porno. Nadie sabía de sus fetiches, que acumulaba en un rincón del desván. Allí guardaba todos los calcetines manchados de sus amantes. Al encontrarlos, su madre le obligó a devolverlos. Furioso, los metió en una caja de Ikea que le sobraba de la mudanza que había hecho hace tiempo cargado de cachivaches sadomaso. Los más brutos eran unas espuelas para caballo que daban pinchazos en los glúteos, generando placer a la víctima y al victimario. Este último tendía a aplicarse descargas umbrías de estrellas perdidas en un firmamento oscuro con luces aladas de luciérnagas para recordarnos que el Big Bang es esa errática y abismal luminaria interna de todo ser.
Rápido aprendió que comprender sin sentir no era suficiente para ser un personaje la mar de masculino, por mucho que le advirtieron de los peligros de las fanecas cuando se hacen mal. Entonces tuvo una gran idea, haría un espeto en medio bidón lleno de aceite de oliva virgen lampante que sería un éxito.
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oscall
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Re: ¿Escribimos un relato entre todos? (Juego)

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Antoñin era un niño malote. Tiempo atrás había trapicheado por los suburbios vendiendo apuntes de matemáticas, asignatura que traía a todos de cabeza, y se sacaba unas perrillas que le daban a mayores para comprar revistas porno. Nadie sabía de sus fetiches, que acumulaba en un rincón del desván. Allí guardaba todos los calcetines manchados de sus amantes. Al encontrarlos, su madre le obligó a devolverlos. Furioso, los metió en una caja de Ikea que le sobraba de la mudanza que había hecho hace tiempo cargado de cachivaches sadomaso. Los más brutos eran unas espuelas para caballo que daban pinchazos en los glúteos, generando placer a la víctima y al victimario. Este último tendía a aplicarse descargas umbrías de estrellas perdidas en un firmamento oscuro con luces aladas de luciérnagas para recordarnos que el Big Bang es esa errática y abismal luminaria interna de todo ser.
Rápido aprendió que comprender sin sentir no era suficiente para ser un personaje la mar de masculino, por mucho que le advirtieron de los peligros de las fanecas cuando se hacen mal. Entonces tuvo una gran idea, haría un espeto en medio bidón lleno de aceite de oliva virgen lampante que sería un éxito. Se metió dentro
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Edgardo Benitez
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Re: ¿Escribimos un relato entre todos? (Juego)

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Antoñin era un niño malote. Tiempo atrás había trapicheado por los suburbios vendiendo apuntes de matemáticas, asignatura que traía a todos de cabeza, y se sacaba unas perrillas que le daban a mayores para comprar revistas porno. Nadie sabía de sus fetiches, que acumulaba en un rincón del desván. Allí guardaba todos los calcetines manchados de sus amantes. Al encontrarlos, su madre le obligó a devolverlos. Furioso, los metió en una caja de Ikea que le sobraba de la mudanza que había hecho hace tiempo cargado de cachivaches sadomaso. Los más brutos eran unas espuelas para caballo que daban pinchazos en los glúteos, generando placer a la víctima y al victimario. Este último tendía a aplicarse descargas umbrías de estrellas perdidas en un firmamento oscuro con luces aladas de luciérnagas para recordarnos que el Big Bang es esa errática y abismal luminaria interna de todo ser.
Rápido aprendió que comprender sin sentir no era suficiente para ser un personaje la mar de masculino, por mucho que le advirtieron de los peligros de las fanecas cuando se hacen mal. Entonces tuvo una gran idea, haría un espeto en medio bidón lleno de aceite de oliva virgen lampante que sería un éxito. Se metió dentro...
y espero por...
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elultimo
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Re: ¿Escribimos un relato entre todos? (Juego)

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Edgardo Benitez escribió:Antoñin era un niño malote. Tiempo atrás había trapicheado por los suburbios vendiendo apuntes de matemáticas, asignatura que traía a todos de cabeza, y se sacaba unas perrillas que le daban a mayores para comprar revistas porno. Nadie sabía de sus fetiches, que acumulaba en un rincón del desván. Allí guardaba todos los calcetines manchados de sus amantes. Al encontrarlos, su madre le obligó a devolverlos. Furioso, los metió en una caja de Ikea que le sobraba de la mudanza que había hecho hace tiempo cargado de cachivaches sadomaso. Los más brutos eran unas espuelas para caballo que daban pinchazos en los glúteos, generando placer a la víctima y al victimario. Este último tendía a aplicarse descargas umbrías de estrellas perdidas en un firmamento oscuro con luces aladas de luciérnagas para recordarnos que el Big Bang es esa errática y abismal luminaria interna de todo ser.
Rápido aprendió que comprender sin sentir no era suficiente para ser un personaje la mar de masculino, por mucho que le advirtieron de los peligros de las fanecas cuando se hacen mal. Entonces tuvo una gran idea, haría un espeto en medio bidón lleno de aceite de oliva virgen lampante que sería un éxito. Se metió dentro...
]y espero por él hasta que
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Gretogarbo
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Capítulo I Aquí

Capítulo II
Antoñin era un niño malote. Tiempo atrás había trapicheado por los suburbios vendiendo apuntes de matemáticas, asignatura que traía a todos de cabeza, y se sacaba unas perrillas que le daban a mayores para comprar revistas porno. Nadie sabía de sus fetiches, que acumulaba en un rincón del desván. Allí guardaba todos los calcetines manchados de sus amantes. Al encontrarlos, su madre le obligó a devolverlos. Furioso, los metió en una caja de Ikea que le sobraba de la mudanza que había hecho hace tiempo cargado de cachivaches sadomaso. Los más brutos eran unas espuelas para caballo que daban pinchazos en los glúteos, generando placer a la víctima y al victimario. Este último tendía a aplicarse descargas umbrías de estrellas perdidas en un firmamento oscuro con luces aladas de luciérnagas para recordarnos que el Big Bang es esa errática y abismal luminaria interna de todo ser.
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oscall
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Antoñin era un niño malote. Tiempo atrás había trapicheado por los suburbios vendiendo apuntes de matemáticas, asignatura que traía a todos de cabeza, y se sacaba unas perrillas que le daban a mayores para comprar revistas porno. Nadie sabía de sus fetiches, que acumulaba en un rincón del desván. Allí guardaba todos los calcetines manchados de sus amantes. Al encontrarlos, su madre le obligó a devolverlos. Furioso, los metió en una caja de Ikea que le sobraba de la mudanza que había hecho hace tiempo cargado de cachivaches sadomaso. Los más brutos eran unas espuelas para caballo que daban pinchazos en los glúteos, generando placer a la víctima y al victimario. Este último tendía a aplicarse descargas umbrías de estrellas perdidas en un firmamento oscuro con luces aladas de luciérnagas para recordarnos que el Big Bang es esa errática y abismal luminaria interna de todo ser.
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Capítulo II
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sardinas y un
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como a él
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