Deseos oscuros (Fanfic sobre "Crónicas vampíricas")

Espacio en el que encontrar los relatos de los foreros, y pistas para quien quiera publicar.

Moderadores: kassiopea, Megan

Avatar de Usuario
kassiopea
Vivo aquí
Mensajes: 12114
Registrado: 07 Dic 2008 19:18
Ubicación: Aovillada en la Luna...

Re: Deseos oscuros (fanfic sobre "Crónicas vampíricas")

Mensaje por kassiopea »

Sí, de momento voy a dedicarme a seguir escribiendo la historia. Tengo una idea general en la cabeza de lo que ocurrirá, pero la verdad es que lo voy desarrollando sobre la marcha. No sé si al final tendré que modificar algo de lo ya escrito para que todo cuadre mejor... Seguramente me tocará hacer bastante repaso :P

Voy por la mitad del capítulo 4...
De tus decisiones dependerá tu destino.


Instagram creativo: Los colores de Yolanda
Avatar de Usuario
kassiopea
Vivo aquí
Mensajes: 12114
Registrado: 07 Dic 2008 19:18
Ubicación: Aovillada en la Luna...

Re: Deseos oscuros (fanfic sobre "Crónicas vampíricas")

Mensaje por kassiopea »

Imagen



Capítulo 4: Hambre

Contrariado y hambriento, así se sentía Damon. Seguía sin comprender cómo la chica había escapado ante sus narices. Estuvo tan cerca... Durante unos segundos había sentido la calidez de su piel, la suavidad de sus labios y la pulsión de la sangre que corría por sus venas, pero no había conseguido poseerla. La había deseado desde que la vio en el invernadero con su vestido azul y solo imaginando el instante en que la haría suya había logrado contenerse durante toda la tarde.

Entró en la cocina dando un puñetazo en la puerta y abrió el frigorífico donde almacenaban las bolsas de sangre. Llenó un vaso y apuró el contenido con avidez, pero siguió sintiéndose insatisfecho. Tenía que salir de caza. Atrapar a una presa y alimentarse de ella. Buscó entonces las llaves de su coche y tomó el desvío hacia Mystic Falls.

No había recorrido ni un kilómetro cuando vio las luces de un vehículo que había terminado chocando contra un árbol al salirse de la carretera. Al acercarse, mientras se detenía en el arcén, se dio cuenta de que se trataba de la camioneta de Lilith y salió corriendo del coche utilizando su velocidad sobrenatural.

La chica se había golpeado la cabeza contra el volante y tenía una herida muy fea en la frente. Damon desabrochó el cinturón de seguridad que la mantenía sujeta y cogió en brazos a Lilith para luego depositarla sobre la hierba con mucho cuidado. Advirtió que tenía contusiones en una pierna y un brazo, pero lo que más le preocupaba era la herida de la cabeza. Sin pensarlo más, hundió los colmillos en su propia muñeca para abrirse una herida.

—Tienes que beber esto para curarte —dijo mientras dejaba que su sangre goteara sobre los labios de ella—. ¡Despierta, Lilith!

Los ojos de Lilith se abrieron de par en par. Tenía las pupilas tan dilatadas que sus ojos grises parecían negros. De repente sujetó el brazo de Damon con una fuerza inusitada y separó los labios para colocarlos sobre la herida sangrante. Empezó a beber con tanta avidez que al vampiro se le aflojaron las piernas debido a la pérdida de sangre, pero también por el placer que sentía. Se tumbó junto a ella y, con el brazo que le quedaba libre, acarició sus cabellos mientras la chica bebía.

—Ya puedes parar, nena —susurró un poco después—. Me vas a dejar seco...

Ella seguía absorta bebiendo de él, por lo que al final Damon empleó toda la fuerza que le quedaba para liberar su brazo. Entonces a Lilith se le cerraron los ojos y cayó en un sueño profundo. El vampiro recordó que en el coche llevaba alguna bolsa de sangre para casos de emergencia y no había duda de que ésta era la ocasión perfecta. Tras apurar hasta la última gota, acomodó el cuerpo de Lilith en el asiento trasero y dio media vuelta de regreso a la mansión.

Damon explicó a su hermano todo lo que había ocurrido y ambos estuvieron de acuerdo en que era algo muy inusual. Decidieron instalar a Lilith en la habitación azul que tanto le había gustado para estar pendientes de ella en cuanto despertara.





El sol se encontraba en su punto más alto cuando Lilith despertó. En un primer momento se sobresaltó al descubrir que no estaba en su habitación del hostal, pero luego empezó a recordar que había sufrido un accidente muy cerca de la mansión Salvatore. Apartó las sábanas y se sentó en el borde de aquella cama majestuosa. En ese momento se dio cuenta de que llevaba puesto un pijama de hombre que le venía grande. Buscó por toda la habitación, pero no encontró su ropa.

De la cocina salía un aroma delicioso, por lo que Lilith se encaminó hacia allí. Stefan estaba preparando la comida y, por lo visto, se le daba muy bien. Aquella estancia estaba equipada con mobiliario y electrodomésticos modernos y eso hacía que desentonara con el resto de la casa.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó Stefan tras saludarla.

—La verdad es que me siento genial. Hacía mucho tiempo que no descansaba tan bien.

—¿Recuerdas el accidente? ¿Cómo ocurrió?

—Había niebla en la carretera y un cuervo se lanzó sobre el parabrisas. Me asusté... Todo es un poco confuso. Luego solo recuerdo el sabor de la sangre en mi boca.

—Damon te encontró. Es una suerte que solo te dieras un leve golpe en la cabeza.

—Sí, tienes razón. Muchas gracias por toda vuestra ayuda —dijo ella mirándole con agradecimiento—. Por cierto, ¿de quién es este pijama?

—Es mío —admitió Stefan sonriendo—. Pero tranquila, te lo puso la señora Moore, nuestra ama de llaves. Hemos tenido que lavar tu vestido.

—¡Oh!, claro. ¿Sabes qué? ¡Tengo mucha hambre!

Stefan y Lilith estaban comiendo en el salón cuando llegó Damon con su mejor amigo, Alaric Saltzman, un hombretón de mediana edad que daba clases de historia en el instituto. A Lilith le cayó muy bien y se sintió un poco avergonzada por ir en pijama por la casa, pero los Salvatore explicaron a su amigo lo del accidente y todo quedó aclarado. Alaric aceptó de buen grado la invitación de Stefan y se sirvió un buen plato.

Los hombres empezaron a hablar sobre la reunión del Consejo de Fundadores que había tenido lugar por la mañana y Lilith decidió subir a su habitación para dejarlos debatir sobre sus asuntos. Se entretuvo un rato abriendo todos los cajoncitos del escritorio y, aunque encontró dos escondrijos más, estaban vacíos. Luego fue al baño contiguo y se sintió como una emperatriz al meterse en la bañera que tenía patas de león.

Al poco rato oyó unos golpecitos en la puerta de la habitación. “Caramba, ¿tenían que llamar justo ahora?”, murmuró. Se incorporó rápidamente y se cubrió con la toalla más grande que encontró. “¡Un momento!”, exclamó mientras sujetaba los cabellos mojados en lo alto de la cabeza con una pinza. Abrió la puerta dejando solo un pequeño resquicio y asomó la cabeza.

—Servicio de habitaciones —dijo Damon. Introdujo su brazo por el resquicio de la puerta para ofrecerle su vestido limpio. Lilith fue a cogerlo, pero él apartó el brazo con más rapidez.

—Venga, Damon. Estoy mojando toda la alfombra —espetó ella con bastante acritud. El vampiro volvió a ofrecerle la prenda y esta vez dejó que la cogiera. La chica se apresuró a cerrar mientras él sonreía.

Lilith bajó al salón un rato después. Llevaba su vestido azul y había tomado la decisión de que lo mejor era volver al hostal. No tenía sentido seguir más tiempo en la mansión de dos extraños, por mucho que la hubieran tratado con gran amabilidad —por lo menos uno de ellos—. Stefan apareció tras ella de improviso y la chica dio un respingo porque no le había oído acercarse.

—Tu camioneta está en el taller, pero si te quieres marchar puedo llevarte ahora mismo al hostal —comentó Stefan después de que Lilith le contara lo que había decidido. Ella le dio las gracias.

Salieron por la puerta principal y caminaron hasta el garaje que estaba adosado a la casa. Lilith esperó a que él sacara el coche y quedó maravillada al contemplar un Porsche 356B de color rojo, un clásico entre los clásicos. “Es mi tesoro”, confesó Stefan con un brillo especial en los ojos. Lilith se subió al coche con la sensación de que estaba mancillando un objeto sagrado.

Durante el trayecto, ella insistió en agradecer toda la atención y hospitalidad que le habían brindado. Por su parte, el vampiro le aseguró que sería bien recibida siempre que deseara visitarlos, y que no dudara en decírselo si necesitaba algo. Tras estacionar frente al hostal, intercambiaron sus números de móvil para seguir en contacto. Luego Stefan partió saludándola por última vez con la mano.

Lilith pasó el resto del día releyendo el diario de su madre. Había otro hilo del que tirar: Amy, quien fue su compañera de habitación durante su estancia en la residencia universitaria. Cabía la posibilidad de que se hubieran hecho amigas e intercambiasen confesiones íntimas, datos que no constaban en el diario o que resultaban ilegibles. Habían pasado veinte años, pero tal vez Amy recordara algo.

Aquella noche durmió profundamente y se levantó descansada, pero de nuevo se sentía hambrienta. Desayunó en el hostal y luego se encaminó hacia la biblioteca del pueblo. Pasó la mañana ante un ordenador prehistórico intentando conseguir la lista de los alumnos matriculados en el Whitmore College durante los años 1999-2000, pero, por lo visto, esa información no era pública.

A medida que transcurrían las horas empezó a sentir el extraño deseo de comer carne, por eso decidió almorzar en el Mystic Grill. Matt, el camarero, tan servicial como siempre, le entregó la carta de las comidas y Lilith pidió un filete con patatas.

—Me apetece poco hecho, por favor. Sangriento.

Aunque el filete no estuvo mal, le supo a poco. Nada de lo que comía le satisfacía el hambre y a lo largo de la tarde se fue sintiendo cada vez más inquieta e irritable. Tomó un tranquilizante y cayó en un duermevela donde se vio a sí misma aferrada al brazo de Damon mientras bebía su sangre con gran deleite. Por fin lo recordaba todo. Era un horror, pero quería más.

Las manos le temblaban cuando cogió el móvil y marcó el número de Stefan.

—Hola, Stefan. ¿Está Damon por ahí? —preguntó intentando disimular su desesperación—. Es que no tengo su número...

—¡Hola! Sí, ahora te lo paso.

—¿Lilith?

—Damon... No sé cómo explicar esto... ¡Me está pasando algo muy raro! Tengo hambre y no consigo que nada me sacie... ¡Incluso he comido carne sangrienta! Además, he recordado lo que pasó cuando me encontraste tras el accidente —empezó a hablar de forma atropellada, pero terminó de pronunciar la última frase con un hilo de voz.

El silencio se alargó al otro lado de la línea durante algunos segundos.

—¿Estás en el hostal? —preguntó el vampiro por fin.

—Sí, no me atrevo a salir de mi habitación. ¿Puedes venir?

—Tranquila, ya voy.



(Continuará...)
De tus decisiones dependerá tu destino.


Instagram creativo: Los colores de Yolanda
Avatar de Usuario
kassiopea
Vivo aquí
Mensajes: 12114
Registrado: 07 Dic 2008 19:18
Ubicación: Aovillada en la Luna...

Re: Deseos oscuros (fanfic sobre "Crónicas vampíricas")

Mensaje por kassiopea »

Capítulo 5: Confesiones

Estaba dando vueltas por la habitación como una fiera enjaulada cuando llamaron a la puerta. Era Damon. No comprendía cómo era posible, pero podía sentir su presencia en el pasillo. Respiré profundamente y giré el pomo de la puerta.

—¿Me invitas a entrar? —me preguntó con una sonrisa, aunque en sus ojos vislumbré un atisbo de preocupación.

—Claro, pasa. Gracias por venir tan rápido.

Damon se acercó mirándome con intensidad y, tirando de mi brazo derecho, me acercó a la ventana y apartó las cortinas. El sol ya se estaba ocultando tras los edificios más altos del pueblo, pero pude sentir su agradable calidez.

—¿Te molesta la luz del sol?

—No...

Entonces acarició mi mejilla. Sus dedos estaban un poco fríos, sin embargo, dibujaron un sendero de fuego sobre mi piel. Contuve el aliento y dirigí la mirada hacia el suelo, pero él levantó mi barbilla e hizo que lo mirara de nuevo. Se acercó todavía más y sus ojos azules se clavaron en los míos.

—Tienes las pupilas muy dilatadas, como aquella noche —comentó—. ¿Y los dientes? ¿Te duelen?

De nuevo respondí que no, pero la cercanía de su cuerpo me perturbaba. Y él lo sabía. Acarició de nuevo mi rostro con gran delicadeza y me colocó un mechón rebelde tras la oreja. En ese instante pude percibir cómo la sangre circulaba por sus venas y me sentí más hambrienta que nunca. Algo salvaje y oscuro se liberó en mi interior y sujeté su mano con fuerza. Contemplé con fascinación las venas azules que se marcaban en su muñeca.

—Deseas mi sangre, ¿verdad?

—Sí —admití con desesperación.

Se abrió una herida con sus propios colmillos y me ofreció su muñeca. El olor de la sangre llenó la habitación y se me antojó el aroma más embriagador del mundo. En aquel momento todo dejó de importar, solo existíamos nosotros dos y la sed. Los dedos me temblaron al acariciar su brazo, pero mis labios buscaron la herida por instinto. Lamí con gran placer las gotas que se habían deslizado por su antebrazo y luego adherí la boca sobre las venas seccionadas.

Damon gimió contra mi cuello y me rodeó la cintura con el brazo que le quedaba libre. Tiró de mí para apoyarnos contra la pared, pero golpeamos el tocador y cayeron varias cosas al suelo. Ignoramos el estropicio. Finalmente quedé recostada sobre su pecho mientras seguía bebiendo y sentía su respiración acelerada.

—Bebe más despacio —susurró junto a mi oreja con voz ronca—. Saboréalo.

Le hice caso, aunque me costó mucho controlar el deseo de beber con avidez. No obstante, lo conseguí. Su mano libre se metió bajo mi blusa y recorrió mi espalda. Me estremecí al sentir sus caricias y la sed de sangre empezó a transformarse en otra cosa. Entonces acercó más sus caderas a las mías y percibí su erección, lo que enardeció todavía más el deseo que nos consumía. Su mano recorría la curva de mis nalgas cuando dejé de beber y nuestros alientos se cruzaron.

Levantó mi barbilla y me besó. Con suavidad en un principio, pero luego profundizó el beso y permití que me penetrara con la lengua. Me excitaba que ambos estuviéramos saboreando los restos de su propia sangre. Fue en aquel instante cuando cargó mi cuerpo entre sus brazos y me llevó hasta la cama mientras recorría el hueco de mi cuello con los labios húmedos. Arqueé la espalda al sentir sus manos enredadas en mi cintura y, con una habilidad pasmosa, descubrí que me había desabrochado el sujetador.

No pude evitar gemir cuando me besó los pechos, pasando de uno a otro, y clavé mis uñas en su espalda tras deslizar las manos bajo su camiseta. No sé por qué pensé en mi madre en aquel momento y gracias a eso recuperé un poco de sentido común.

—No... No podemos —conseguí murmurar.

—¿Por qué no? —susurró él mirándome de nuevo con esos increíbles iris azules.

—¡Porque podríamos ser parientes!

—Está bien —dijo con resignación mientras se incorporaba—. Voy a darme una ducha fría y después hablaremos, ¿vale?

Asentí mientras me recolocaba la ropa y esperé sentada en la cama. Damon no tardó más de cinco minutos en salir del cuarto de baño. Llevaba la camiseta en la mano y se apreciaba el brillo de algunas gotitas de agua sobre su torso desnudo. Sus cabellos negros estaban revueltos y húmedos. Volví a pensar en mi madre y en el dios griego que describió en su diario.

Llamaron a la puerta. Sin esperar respuesta, la señora White entró con unas toallas. Damon se acercó para coger una y le dio las gracias con total descaro mientras yo me había quedado sin palabras.

¡Madredelamorhermoso! —exclamó la dueña del hostal. Creo que a punto estuvo de santiguarse, pero en lugar de eso permaneció inmóvil observando al desconocido de arriba abajo.

—Señora White, no es lo que parece... —es lo único que pude decir cuando conseguí recuperar el habla.

Damon, que ya había terminado de secarse, se acercó de nuevo a la señora y murmuró algo mientras la miraba fijamente. Ella asintió, dio media vuelta y salió de la habitación como si nada hubiera ocurrido.

—Es un poco estricta en lo que se refiere a recibir visitas masculinas... —expliqué yo.

—Todo está aclarado, no te preocupes.

Se puso la camiseta y vino a sentarse en la cama, a mi lado, pero de inmediato se incorporó y empezó a andar por la habitación con el entrecejo fruncido.

—Mira, voy a contarte toda la verdad, aunque luego no puedas perdonarme...

—Sí, cuéntamelo todo, por favor.

—Soy un vampiro. Tengo ciento ochenta años —soltó de sopetón.

Debo reconocer que, teniendo en cuenta los extraños acontecimientos que había vivido en los últimos días, esta confesión no me sorprendió mucho. Estaba claro que mi adicción a la sangre no era normal y esto lo explicaba.

—Entonces... —dije con un hilo de voz—. Lo que me ocurre es que me estoy transformando en vampiro.

—No. Para hacerlo primero hay que morir y tú estás muy viva.

—¿Y por qué deseo sangre?

Me incorporé y me cubrí el rostro con las manos en un gesto de desesperación. Sentí que Damon se acercaba y rodeó mis hombros con un brazo, pero luego volvió a apartarse.

—No lo sé, pero lo averiguaremos —aseguró el vampiro—. Mañana podemos visitar a una amiga que es doctora y tal vez nos aclare algo. Ella conoce nuestra existencia.

—De acuerdo.

—En lo que respecta a tu madre... —empezó a decir Damon, pero se notaba que le costaba encontrar las palabras—. En su diario hablaba de mí. Estuvimos juntos, pero los vampiros no podemos tener hijos.

Le miré con furia y él desvió los ojos. Parecía arrepentido e incluso avergonzado, aunque estaba claro que no podía confiar en él. Comprendí que los dos hermanos Salvatore habían estado jugando conmigo y sentí que la sangre comenzaba a bullir en mi interior.

—¡Qué estúpida he sido! —grité—. Y encima hemos estado a punto de... ¿¡Cómo has podido!?

La lámpara del techo estalló en ese instante y una lluvia de pequeños fragmentos de cristal cayó sobre nosotros. Damon me abrazó para protegerme y utilizó su velocidad vampírica para alejarnos del peligro. Vi que algunos fragmentos le habían herido en los brazos y también tenía un corte en la cara, pero las heridas se cerraron por sí solas mientras las estaba mirando.

—Ojalá pudiera cambiar algunas cosas que he hecho, Lilith, pero no puedo. Y ojalá nunca hubiera conocido a tu madre, aunque entonces tampoco te conocería a ti. Lo siento.

Tras decir esto salió de la habitación y me quedé escuchando cómo sus pasos se alejaban por el pasillo.



(Continuará...)


Nota: He cambiado un poco los primeros párrafos del capítulo 1. Creo que queda un poco mejor.
De tus decisiones dependerá tu destino.


Instagram creativo: Los colores de Yolanda
Avatar de Usuario
kassiopea
Vivo aquí
Mensajes: 12114
Registrado: 07 Dic 2008 19:18
Ubicación: Aovillada en la Luna...

Re: Deseos oscuros (fanfic sobre "Crónicas vampíricas")

Mensaje por kassiopea »

Este capítulo me ha quedado un poco más largo. No sé si la historia estará resultando aburrida, yo la voy escribiendo y no me doy cuenta...





Capítulo 6: Paraíso sobrenatural


Lilith dormía plácidamente cuando sonó el móvil. Estiró el brazo hacia la mesilla de noche con los ojos entrecerrados y, al intentar cogerlo, el teléfono cayó al suelo. Decidió seguir retozando entre los brazos de Morfeo, pero la odiosa musiquita volvió a sonar. De mala gana se sentó en la cama, se restregó los ojos y miró el número que había en la pantalla. No lo conocía.

—¡Son las siete de la mañana! —gruñó al responder la llamada.

—¿Buenos días? Ya veo que eres de las que se levantan con el pie izquierdo... —comentó Damon con sarcasmo.

—Déjame en paz, por favor.

—¡Espera, no cuelgues! Tienes cita con la doctora dentro de una hora. Es importante que vayas.

—¡Oh! ¿Lo de la doctora amiga de los vampiros era verdad?

—¡Claro que sí! Todo lo que te dije ayer era cierto. ¿Te paso a buscar en media hora?

—Está bien, iré. Dame su nombre y la dirección. Y no necesito chófer, puedo apañarme yo solita.

En un pueblo pequeño como Mystic Falls todo estaba muy cerca, por lo que Lilith llegó al hospital dando un pequeño paseo. El edificio era muy moderno y su estética de hormigón y cristal contrastaba con las construcciones más antiguas y pintorescas, como, por ejemplo, el ayuntamiento y la biblioteca. El viejo hospital fue derruido a finales del siglo XX y los miembros del Consejo de Fundadores habían hecho posible la construcción del nuevo con sus donaciones.

La doctora Meredith Fell, que también pertenecía al Consejo, tenía una consulta en la segunda planta. Se encontraba revisando un montón de expedientes cuando llamaron a la puerta de su despacho. Lilith entró y quedó bastante asombrada al ver a una atractiva mujer que apenas tendría treinta años. No pudo evitar preguntarse si también sería un vampiro.

—¡Ah! Tú debes ser Lilith —dijo la doctora con amabilidad—. No sabes cómo ha insistido Damon para que estudie tu caso. Lo malo es que hoy tengo un día de locos y solo me quedaba un hueco a esta hora.

—No importa la hora, muchas gracias por atenderme.

Meredith tecleó en el ordenador y estuvo un rato repasando el historial médico de Lilith. Se le había diagnosticado deficiencia de hierro a los tres años y desde entonces había estado tomando medicación para combatir los niveles bajos de glóbulos rojos. A continuación, la doctora le hizo algunas preguntas referentes a cómo se sentía tras haber bebido sangre de vampiro. La chica tuvo que admitir que nunca se había encontrado tan bien, ya no estaba fatigada y dormía mejor, aunque de alguna forma se había vuelto adicta a la sangre.

—Interesante —comentó la doctora con el ceño fruncido—. La sangre de vampiro habrá curado tu anemia, eso es normal, lo extraño es esa adicción repentina. Tendré que hacer algunos análisis.

Pasaron a una salita anexa y Meredith indicó a la paciente que se sentara en la camilla. Le tomó la tensión, auscultó los pulmones y el corazón y luego observó sus ojos y uñas para detectar indicios de anemia, pero no los encontró. Por último, le extrajo una muestra de sangre.

—Damon está ahí fuera —murmuró Lilith de repente—. Le dije que no viniera, pero es un cabezota.

—¿¡Puedes sentir su presencia!? —se sorprendió Meredith—. ¿Desde cuándo te ocurre eso?

—Desde que bebí su sangre.

—Vale, voy a hacer una prueba más y terminamos. Es para comprobar la cicatrización.

Ambas se quedaron mirando el pequeño corte que le hizo en un brazo, pero todo parecía normal. La doctora aplicó un poco de alcohol y lo cubrió con una tirita. Le pidió que la informara cuando la herida estuviera curada. Luego intercambiaron sus números de teléfono y Meredith prometió que la llamaría en cuanto tuviera los resultados del análisis. La doctora abrió la puerta para regresar a su despacho y encontró a Damon repantigado tras el escritorio.

—Hablando del rey de Roma... —se burló Meredith—. Señor Salvatore, puede entrar ya en la consulta porque no me quedan existencias de sangre de vampiro.

—Últimamente mi sangre levanta pasiones —respondió el aludido con desparpajo mientras se incorporaba y lanzaba sobre una silla su chaqueta negra de cuero—. Vamos allá, soy todo tuyo.

Lilith esperó en el despacho mientras la doctora llenaba unos viales con sangre de Damon. Era un último recurso que utilizaba con los pacientes que estaban más graves, quienes terminaban por recuperarse “milagrosamente”. Por ahora nadie había descubierto su pequeño secreto y debía esforzarse para que así continuara siendo. Puede que fuera poco ético jugar a ser Dios, pero se decía a sí misma que peor sería tener la posibilidad de salvar a muchas personas y no hacerlo por cuestiones filosóficas o morales.

Meredith etiquetó los viales y los guardó a buen recaudo en el fondo de la nevera mientras agradecía al vampiro su contribución a la ciencia. Luego se reunieron con Lilith y la doctora le recordó que tendría que ingerir un poco de sangre todos los días para mantener a raya la sed.

—Me encargaré de que tome su medicación —aseguró Damon—. Gracias por todo, Meredith.

Estaban saliendo por la puerta del hospital cuando sonó el móvil de Lilith. Era su amiga Sarah. Iba a responder, pero se lo pensó mejor y volvió a guardar el teléfono dentro del bolso.

—¿Otro amante cabezota?

—No tengo ningún... ¡Pero bueno! ¡No tengo que darte explicaciones!

—Desde luego que no. Solo es curiosidad.

—Espera..., ¿cómo sabes que te llamé cabezota?

—Tengo súper oído vampírico. Oigo todo lo que ocurre en la habitación de al lado e incluso, si me concentro, en todo el edificio.

Damon señaló un Chevrolet Camaro azul que estaba aparcado en una calle lateral y echó a andar hacia allí, pero Lilith permaneció inmóvil en medio de la acera. Sentía que todo lo que le había ocurrido desde la muerte de su abuela empezaba a sobrepasarla. Ni siquiera se atrevía a hablar con su amiga porque no podía contarle la verdad. ¿Quién la creería?

—Lilith, si quisiera hacerte daño ya te lo habría hecho —dijo el vampiro acercándose de nuevo—. Solo quiero pasar por casa y darte algunas bolsas de sangre.

Ella accedió y subieron al coche. Permaneció varios minutos absorta mirando las casas que se desdibujaban al otro lado del cristal. Quería imaginar que en todas ellas vivían familias felices que nunca habían conocido la oscuridad, sin embargo, era consciente de que eso era una quimera porque las sombras están ligadas a la luz de manera irremediable.

—Todo se ha ido al carajo en apenas una semana —comentó al fin contemplando el perfil de Damon—. De repente estoy en un mundo donde existen los vampiros y yo, aunque sea humana, tengo que beber sangre. ¡Hasta para ti soy un bicho raro, admítelo!

—¿Bicho raro tú? Nunca he pensado eso, encanto. En Mystic Falls hay vampiros, hombres lobo, brujas y hechiceros, doppelgängers, fantasmas e incluso híbridos entre especies. Este pueblo es un maldito paraíso sobrenatural. ¡Ah!, y me olvidaba del Yeti...

—¿Lo dices en serio?

—Lo del Yeti era broma, el resto no.

Imagen

Damon apartó la vista de la carretera durante un segundo y le dedicó su característica sonrisa ladeada. Lilith no salía de su asombro y volvió a sumirse en sus pensamientos.

Poco después llegaron a la mansión Salvatore. El vampiro se dirigió a la cocina mientras ella se acomodaba en un sofá y tecleaba en el móvil un mensaje para Sarah: “Estoy tras la pista de Amy, la que fue compañera de habitación de mi madre. Ya hablaremos, un beso”. Luego silenció el teléfono. Paseó la mirada por los muebles que decoraban la habitación, cosa que siempre la calmaba, y le llamó la atención un espejo rococó que no había visto antes. Estaba acariciando las intrincadas molduras doradas cuando Damon se acercó con dos vasos y advirtió su reflejo en el espejo.

—Esto te animará —dijo él ofreciéndole uno de los vasos—. La he calentado un poco en el microondas.

Lilith se dejó llevar por el aroma embriagador de la sangre y tomó un sorbo. De inmediato deseó más, aunque consiguió controlar el ansia de apurar todo el contenido de un trago. Permaneció con el vaso medio lleno en la mano sintiendo la calidez que la reconfortaba tanto por dentro como por fuera. Por su parte, Damon había esperado que ella querría más y, al comprobar que se controlaba tan bien, quedó tan sorprendido que no pudo evitar mirarla con fascinación.

—Antes he visto que te reflejas en los espejos —comentó Lilith para romper el silencio incómodo—. Y tampoco tienes problemas con el sol... Parece que las leyendas no son ciertas.

—Lo de los espejos y los crucifijos es pura ficción, pero el sol sí puede matarnos. No obstante, podemos hacer trampa usando un amuleto especial.

Damon mostró el anillo que llevaba en el dedo corazón de su mano izquierda. Era de plata y tenía engastada una piedra ovalada de color azul marino. Encima de la gema destacaba una suerte de escudo. Parecía una reliquia familiar heredada generación tras generación.

—Está hechizado por una bruja y eso me libra de morir abrasado bajo el sol. Stefan tiene otro igual. Los llamamos anillos de día.

—¿Tenéis buena relación con las brujas? ¿Y con otras criaturas sobrenaturales? —Quiso saber Lilith tras beber otro sorbo.

—A veces cooperamos, si tenemos un interés común, o simplemente nos toleramos. Otras veces el resultado es más trágico... Las relaciones son complicadas y más entre diferentes especies.

La chica asintió. Damon vació su vaso de un trago y luego se dirigió al mueble bar para servirse un bourbon. El alcohol ayudaba a mantener a raya la sed y también templaba los nervios. Por otra parte, los vampiros lo toleraban mucho mejor que los humanos y era difícil que se vieran afectados por su consumo excesivo.

—Sírvete lo que quieras, no te cortes —La invitó Damon alzando su bebida. Luego se dejó caer en el sofá con aspecto taciturno.

Lilith terminó su bebida y dejó el vaso sobre una mesita. Declinó la invitación del vampiro porque no estaba acostumbrada a las bebidas alcohólicas, aunque sí se acercó y fue a sentarse en el otro extremo del sofá.

—Creo que te he agobiado con tanto interrogatorio... Es que no puedo evitar preguntarme muchas cosas.

—Tienes suerte de haberme pillado en uno de mis días menos malos —dijo Damon haciendo rodar los ojos—. No, no me agobian tus preguntas. Venga, dispara si tienes más.

—Bueno..., hay algo que quería pedirte, pero es personal —confesó ella mirándole de soslayo—. Es solo que, como conociste a mi madre, me gustaría que me hablaras de ella.

El vampiro tragó el licor que quedaba en el vaso y se incorporó para ir a sentarse junto a Lilith. Tomó la mano derecha de la chica entre las suyas y sintió que se estremecía bajo su contacto, pero no se apartó. Entonces pudo conectar mentalmente con ella y todo lo que les rodeaba desapareció.

Lilith se encontraba de repente en el pasillo de un centro escolar. Todo estaba silencioso y tranquilo hasta que se abrió la puerta de una clase y los estudiantes empezaron a salir. Uno de ellos fue directo hacia ella y atravesó su cuerpo sin inmutarse. Lilith contempló sus propias manos y advirtió que eran translúcidas. Por lo visto, nadie podía advertir su presencia. Estaba intentando asimilar lo que ocurría cuando vio a Damon esperando junto a la puerta de la clase. Entonces salió una chica pelirroja y se le cayeron los libros al suelo.

El corazón se le aceleró al comprender que aquella chica era Erin, su madre. Se emocionó hasta las lágrimas al contemplar sus hermosos ojos verdes, que en aquel momento dedicaban una mirada coqueta al vampiro, pero más aún al oír su voz, puesto que nunca había tenido la oportunidad de escucharla. Su voz era cálida y risueña, contagiosa, al igual que su sonrisa. Empezaron a hablar sobre una fiesta y Damon la besó en la mejilla. Luego rodeó su cintura y se alejaron por el pasillo.

La visión mental se desdibujó y Lilith volvió a ser consciente de que estaba en la mansión Salvatore. Sintió que unas lágrimas rodaban por su cara. Damon liberó la mano de la chica y barrió sus lágrimas con las yemas de los dedos, acariciando su piel pecosa con delicadeza. Aunque el vampiro solía ocultar sus sentimientos, las emociones compartidas a través de la conexión mental habían conseguido conmoverle.

—Era un recuerdo, ¿verdad? —preguntó ella con un hilo de voz.

Damon asintió mientras la miraba con ternura.

—Gracias por compartirlo conmigo.



(Continuará...)


Nota: Ahora mismo he empezado a ver la octava y última temporada de la serie. Yo estoy usando los personajes a mi manera, incluso voy a cambiar algunas relaciones entre ellos. Y hay personajes que no los voy a mencionar para nada. Por algo soy la autora del fanfic :cunao:
De tus decisiones dependerá tu destino.


Instagram creativo: Los colores de Yolanda
Avatar de Usuario
lucia
Cruela de vil
Mensajes: 81031
Registrado: 26 Dic 2003 18:50

Re: Deseos oscuros (fanfic sobre "Crónicas vampíricas")

Mensaje por lucia »

Es que si no, no sería fanfic :cunao:
Nuestra editorial: www.osapolar.es

Si cedes una libertad por egoísmo, acabarás perdiéndolas todas.

Imagen Mis diseños
Avatar de Usuario
Megan
Beatlemaníaca
Mensajes: 18676
Registrado: 30 Mar 2008 04:52
Ubicación: Uruguay

Re: Deseos oscuros (Fanfic sobre "Crónicas vampíricas")

Mensaje por Megan »

En cuanto pueda comienzo la lectura, Kass, que de los líos que tengo, estoy sacándome uno por vez, :D .
Imagen


Lee, escribe y comenta en Los Foreros Escriben

🌷🌷🌷Give Peace a Chance, John Lennon🌷🌷🌷
Avatar de Usuario
kassiopea
Vivo aquí
Mensajes: 12114
Registrado: 07 Dic 2008 19:18
Ubicación: Aovillada en la Luna...

Re: Deseos oscuros (Fanfic sobre "Crónicas vampíricas")

Mensaje por kassiopea »

Megan escribió: 02 Oct 2022 18:22 En cuanto pueda comienzo la lectura, Kass, que de los líos que tengo, estoy sacándome uno por vez, :D .
Sé que andas muy liada, no te preocupes :beso:

Además, esta historia va de vampiros modernos y no sé si te agradará la temática. Muchas gracias de todas formas por pasarte por aquí, querida Megan :60: :60:
De tus decisiones dependerá tu destino.


Instagram creativo: Los colores de Yolanda
Responder